Scott DeRue confirma el cambio de rumbo

A solo dos días de que se dispute el Campeonato del Mundo IRONMAN femenino en Kona, Scott DeRue ha vuelto a sentarse con Bob Babbitt. Lo hizo también en 2024, en su primer año como CEO, y repite ahora con un discurso aún más firme, más articulado y más conectado con lo que pide la comunidad.

El entorno es el mismo —el set de Breakfast with Bob en Huggo’s on the Rocks—, pero el contexto es diferente. Las piezas del nuevo IRONMAN ya no son promesas: son decisiones ejecutadas, acuerdos firmados y señales públicas que refuerzan la idea de un giro estratégico.

Como contábamos hace unas semanas, algo está cambiando para bien en IRONMAN. La entrevista completa, de casi veinte minutos, refuerza esa impresión. Hay entusiasmo, hay rumbo, y por primera vez en años, hay escucha.

Una comunidad más abierta, un deporte más global

«La primera vez puedes leerlo, pueden contártelo, pero no lo sientes hasta que estás aquí». Así resume Scott DeRue su experiencia personal en Kona, donde estuvo por primera vez en 2024.

Un año después, repite presencia y destaca el ambiente del desfile de las naciones como reflejo de lo que representa la prueba: «La comunidad, los atletas, los amigos… Es tremendo. Todo el mundo habla ya de lo que viene el año que viene».

Ese 2026 marcará el regreso del formato unificado en Kona, con hombres y mujeres compitiendo el mismo fin de semana. «Estamos muy centrados en esta semana, que será mágica, pero también ilusionados con reunir a toda la comunidad global de nuevo en Kona. La respuesta ha sido abrumadoramente positiva», asegura.

El movimiento no es solo simbólico. Forma parte de una estrategia más amplia que busca abrir IRONMAN a nuevos territorios y públicos. Hace solo unas semanas se anunció el mayor acuerdo comercial en la historia de la marca: una alianza a largo plazo con Omán. «Es también la mayor inversión deportiva que ha hecho Omán en su historia», explica. El vínculo será con el Ministerio de Turismo y Patrimonio, y contempla la celebración del Mundial 70.3 en 2029.

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Foto: Getty Images for IRONMAN // Graeme Murray

DeRue detalla cómo surgió todo: «La conversación comenzó en Niza, hace poco más de un año. Querían que Omán se convirtiera en el epicentro del deporte de resistencia en Oriente Medio, y confiaron en IRONMAN y en nuestra comunidad para lograrlo».

La expansión tiene también un foco claro en Norteamérica, donde se buscan fórmulas para revitalizar el mercado. «IRONMAN Jacksonville es solo un ejemplo. Vendrán más eventos en los próximos dos o tres años, tanto en Estados Unidos como en Canadá», adelanta. IRONMAN Ottawa ha sido el primer síntoma: «1.700 canadienses regresaron al triatlón gracias a esa prueba».

Además, DeRue recuerda el impacto económico que generan las pruebas. «En Nueva Zelanda tuvimos casi 6.000 atletas. Pero lo relevante es que vinieron acompañados, se quedaron más de dos semanas y convirtieron el evento en uno de los mayores impactos turísticos del país en 2024».

La narrativa, el atleta y la emoción como ejes del cambio

Uno de los focos más evidentes del nuevo IRONMAN es la comunicación. Durante años, el tradicional documental de NBC marcó la narrativa de la marca. Hoy, los canales son otros. «Aquel programa llegaba a unas 500.000 personas. Ahora alcanzamos a millones a través de nuestras propias plataformas y acuerdos con medios como ESPN en Sudamérica», señala.

El objetivo no ha cambiado: contar historias. Pero la estrategia sí. «Queremos saber dónde están nuestros atletas, cómo consumen contenido y qué canales usan. No se trata de dónde emitimos, sino de cómo llegamos a ellos. Y eso ha cambiado mucho en los últimos cinco años».

DeRue es claro: «Yo siempre he sido ‘el deportista es lo primero’. Y para ponerle por delante, tienes que estar dentro. Tocar, sentir y vivir lo que ellos viven».

Ese enfoque se refleja también en casos concretos. Durante la entrevista, Babbitt menciona la historia de Liv Stone, campeona mundial de surf adaptado que completó su primera media maratón en Jones Beach. DeRue no tardó en contactar con ella: «Después de la carrera me escribió y me dijo: he hecho 1h59. Yo le dije: ¿y si haces un 70.3 el año que viene? Y ya está entrenando para ello».

El caso sirve para ilustrar cómo IRONMAN busca integrar nuevos públicos. «Nada va a frenar a Liv Stone. Es un ejemplo del espíritu IRONMAN. Y millones de personas en todo el mundo se ven reflejadas en historias como la suya».

También en lo interno se trabaja esa integración. En la misma prueba de Jones Beach, el propio CEO formó parte de un relevo junto a un empleado del grupo Advance, empresa propietaria de IRONMAN. «Nunca había hecho más de 40 kilómetros en bici. Tuvo dos pinchazos. Y cuando bajó de la bici, estaba eufórico. Habíamos creado un fan para toda la vida».

DeRue insiste: «No puedes entender lo que significa esto hasta que lo vives. Puedes leerlo, verlo en YouTube… pero hasta que no corres, no lo sientes».

Esa voluntad de diversificar también se traslada a los formatos. IRONMAN comienza a introducir pruebas de AquaBike (natación y ciclismo), pensadas para quienes no pueden correr por lesiones. «Queremos experimentar. El triatlón completo es el núcleo, sí, pero hay muchas formas de entrar en este deporte. Y hay que abrir la puerta».

El otro gran dato que destaca es el rejuvenecimiento del deporte. «Nuestro grupo de edad con mayor crecimiento está por debajo de los 30 años. Hemos crecido más del 30 % respecto al año pasado en ese segmento. Es el triatlón más joven que hemos tenido nunca».

Por último, DeRue recuerda que IRONMAN no es solo triatlón. «Somos una empresa de deporte de resistencia. UTMB es el mayor circuito de trail del mundo. Tenemos pruebas ciclistas como Cape Epic, carreras urbanas como City2Surf en Sídney, y un ecosistema global donde el corazón sigue siendo el atleta y la comunidad».

Scott DeRue no ha llegado al cargo solo para gestionar. Ha llegado para tocar la base, correr con ella y entenderla. Con ese gesto —y muchos más— está dejando claro que hay otra forma de liderar IRONMAN. Y que esa forma empieza, por fin, a parecerse a lo que siempre debió ser.

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