Así fue la dramática victoria de Emilio Aguayo en IRONMAN Wisconsin

El fin de semana pasado Emilio Aguayo daba la primera alegría de cara a la próxima temporada logrando la clasificación para el Campeonato del Mundo de IRONMAN 2020. El levantino se hacía con la victoria en IRONMAN Wisconsin y sellaba su pase de cara a la cita mundialista, lo que le permitirá asumir el año de manera mucho más tranquila y, a partir de abril, centrarse en el nacimiento de su primero hijo.

«A veces, hay que jugársela y asumir riesgos que en otra situación nunca asumiría, pero creo que valía la pena intentarlo«, ha escrito anoche en su blog, en el que ya se puede leer la crónica completa de cómo transcurrió la prueba. Pese a que en meta ganó con más de cuatro minutos sobre el segundo clasificado, las más de ocho horas que Emilio estuvo compitieron distaron mucho de ser un camino de rosas.

Dos paradas a cargar CO2 y un desvío inesperado en el circuito

El discípulo de Jaime Menéndez de Luarca partía como máximo favorito a la victoria, pero a lo largo de la carrera se tuvo que reponer de varios sucesos que llegaron a hacerle perder más de quince minutos. El primero de ellos, una rueda pinchada. «Os podéis imaginar mi cara cuando llego a la bici y me encuentro la rueda delantera completamente en el suelo«, le podemos leer en su extensa crónica. «Quedaban cuarenta minutos para la salida, decido hincharla y si no se deshinchaba, darlo por bueno e irme a la salida a calentar. La hincho a ocho kilos y me agacho para poder escuchar si perdía aire«.

A priori, según explica, todo solucionado: «No escucho nada. Me quedo más tranquilo y pienso que ha podido ser de estar casi veinte horas al sol en una terraza al aire libre. Además llevo recambio y dos bombas de CO2 por si tuviera que cambiar«.

El Bisonte salta al agua, y con un segmento de 52:30, logra salir a la T1 en segunda posición, a apenas cuatro segundos de Andrew Keily. Lamentablemente, las peores previsiones sobre la rueda delantera, se cumplen. «Está claro que voy pinchado, la rueda va perdiendo aire progresivamente, así que mi opción es ir con cuidado en las curvas y aguantar al máximo para usar una bomba de CO2 y que la rueda dure hinchada todo lo posible«. Pese a todo, logra mantenerse en cabeza hasta el kilómetro 25, cuando Markus Thomschke le supera.

Aún con la rueda sin presión, aguantaría hasta el kilómetro 50 para usar la primera de las dos bombas de CO2, momento que también aprovecha para orinar. «El día estaba siendo frío (entre 15 y 19ºC) y aunque no pasé frío, no lograba romper a sudar«. Sería la primera de las hasta tres ocasiones en que el de Avant Montcada tuviese que parar para evacuar.

Ya en la cuarta posición, tras ser adelantado por Reece Barclay -esposo de Lucy Charles– y Keily, Aguayo recupera ritmo y va avanzando kilómetros, pero en un momento dado se enfrenta al segundo imprevisto del día: «voy tan concentrado que no escucho a uno de los voluntarios y me salgo del circuito, parando a los diez segundos y teniendo que volver«.

Segunda piedra en el camino, que mina la moral de Emilio: «No fueron más que veinte segundos perdidos, pero con un pinchazo, esta salida del circuito, una referencia de un desconocido de que el alemán iba a ocho minutos y con la duda de si iba a tener que parar una segunda vez para volver a hinchar la rueda, mi mente empezaba a dudar de si iba a poder conseguir el objetivo por el cual había cruzado el charco, KONA 2020«.

A partir de ahí, la remontada

En el 130 el de Hoka para por segunda vez para usar la segunda bomba de CO2, orinar, y afrontar con garantías los últimos kilómetros del segmento ciclista. Y lo hace centrado pese a los infortunios. «Tenía en mente a mi futura familia«, escribe, «al hecho de que tenía que lograr esa plaza para poder aprovechar un principio de año tranquilo disfrutando de ellos al máximo, no quiero perderme absolutamente nada de esta nueva fase de mi vida«.

Los últimos kilómetros los hace junto a Adam Feigh -quinto finalmente en meta- y Karl-Johan Danielsson -sexto-. «Me vienen bien para, por primera vez en toda la carrera, ir acompañado de alguien y relevarme con ellos en nuestro intento de que el alemán no se bajara con una ventaja insalvable«. Pese a todo, el trío alcanza la segunda transición a más de once minutos de Thomschke, que en esos momentos aparentaba tener una distancia sólida.

Pero nada más lejos de la realidad. «Había que salir a por todas, era Kona o palco«, afirma rotundo Aguayo, que nada más calzarse las zapatillas se lanza en persecución del primer puesto, haciendo los primeros diez kilómetros en 37’40», y la media maratón en 1h20’30», por debajo de 3’45» el kilómetro. Poco a poco, la distancia con Thomschke se iba acortando, hasta que en el 31, con el alemán corriendo mucho más lento, logra darle alcance. «Conforme le cojo, le paso a la misma velocidad«.

A partir de ese punto, Emilio baja ritmo y aprovecha para coger algo de aire tras más de treinta kilómetros en los que ha ido a tumba abierta. Pero lejos de ser un alivio, supone un punto más de sufrimiento: «A falta de tres kilómetros para el final, comienza a llover, sigue haciendo frío, y mi cuerpo empieza a bloquearse. Me duelen los músculos de las piernas y parece que empiezo a tener amagos de calambres«. Pasa de correr a 3’50» a 4’15», aunque afortunadamente había margen suficiente con Thomschke, que iba mucho peor -entre la maratón de ambos hubo más de 16′ de diferencia.

En meta, con cuatro minutos de ventaja, solo quedaba saborear el momento: «Ahora únicamente me queda disfrutar de este logro con mi familia y amigos, disfrutar del nacimiento de mi hijo y de la mujer de mi vida«.

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