Cómo deben reaccionar los runners ante una señal de dolor

Una de las cosas que los runners deben saber es que el dolor es la forma que tiene el cuerpo de avisarnos que algo no marcha bien.

Cuando aparece, siempre indica que debemos parar de correr y prestar atención a esa molestia o posible lesión. Y, de acuerdo a cuál sea el inconveniente, sabremos cuándo podremos volver a la actividad. Pero en ese sentido hay varias cuestiones a tener en cuenta.

Lo primero es que, como decíamos al comienzo, podemos estar frente a una lesión. Pero, justamente, eso no siempre es así, y por eso se habla en condicional. Como suelen explicar los fisioterapeutas, el dolor es una señal o una necesidad (como el hambre o la sed) que exige reaccionar para protegerse.

¿Por qué entonces a veces nos duele, por ejemplo, la cadera y no otra parte del cuerpo? Lo que ocurre es que el cerebro hace una primera evaluación y, si ve que puede haber algún problema en ese lugar, activa su “sistema de protección”. Pero la amenaza puede ser un entrenamiento excesivo o una reducción de la fuerza, y no una lesión.
Se han realizado numerosos estudios que apoyan la idea de que el dolor es un constructor del cerebro. El denominado síndrome del miembro fantasma, que se presenta tras algunas amputaciones, no existiría si el dolor se debiera únicamente al daño físico.

Sin embargo, es  importante enfatizar que si bien el dolor se “construye” en el cerebro y no en el cuerpo, eso no significa que no pueda existir realmente un daño muscular. La lesión puede ser real, claro, pero es complicado establecer la relación con el dolor.

También hay que tener en cuenta que para la mayoría de los runners el salir a correr es mucho más que hacer ejercicio: se trata de una vía de escape, de una forma de disfrute. Por eso, el no poder hacerlo se convierte en un gran problema y aumenta los niveles de ansiedad, lo que a su vez puede agravar el malestar. Esto está basado en muchos estudios que han demostrado que los estados de ánimo positivos (alegría, satisfacción, calma) aumentan la tolerancia al dolor.

Otro tema muy importante es que hay que entrenar al cerebro contra el dolor. ¿En qué consiste esto? Tomemos como ejemplo el caso de un atleta que sufrió una fascitis plantar.

Seguramente el día que quiera volver a correr, ni bien se ponga las zapatillas, su cerebro se preguntará si el cuerpo no sufrirá nuevo. Entonces, si pisa una piedra lo más probable es que sienta un dolor desproporcionado, porque el cerebro le está dando respuesta a una situación que teme que vuelva a generarse.

Por eso, si bien la rehabilitación de una lesión es un proceso de readaptación física, cuanto más tiempo se haya padecido el problema más probable será que exista un origen neurológico. Para solucionar eso hay que ir de a poco: primero comprobar que se puede apoyar la pierna sin sentir dolor.

Luego dar unos pasos. Y, más adelante, empezar a correr sólo un minuto, incrementando el tiempo lenta y progresivamente. Así, a medida que vayamos sabiendo que lo podemos hacer sin sentir molestias, el cerebro irá retrasando cada vez el momento en que pone en marcha la señal de alarma

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