Corre de punta a punta el continente para promover la lengua de señas

Unir Ushuaia con Alaska suena raro, algo casi loco… pero Juan Pablo Savonitti lo quiere hacer realidad y ya suma más de tres mil kilómetros hechos.

La idea nació en marzo de 2017, cuando Juan Pablo quiso unir sus dos pasiones: correr y viajar.

Ahí fue cuando decidió sumarle a este proyecto la promoción de la lengua de señas en el mundo.

¿A qué se debió esa idea? Sus padres son sordos y de pequeño, creció en un ambiente en el que hablar con las manos es algo de todos los días.

“En lo personal, el lenguaje de señas es un hecho cotidiano, por eso en cada ciudad que visito, doy charlas en escuelas, para que esto sea cada vez más masivo”, expresa.

Amante de las ultradistancias, llegó a vivir en varios países, buscando trabajo tras la crisis argentina del 2001.

El corredor ya pasó por Mendoza y en su recorrido figura transitar por Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Estados Unidos y Canadá, hasta llegar a Alaska y unir el continente de punta a punta.

A la hora de reflexionar sobre este emprendimiento, el ultramaratonista le cuenta a Más Aire: “Esto no es una carrera, está lejos de serlo. Es más bien

una aventura, una travesía…una experiencia de vida. Acá no hay competencia, por eso a cada paso, me encanta hacer tramos con corredores o ciclistas de cada pueblo, es una de las partes más valiosas de esto”.

LLEGAR ANTES DE SUS 40, UNA META

Con 37 años, su idea es llegar a Alaska antes de sus 40, pero si debe demorarse, no tiene urgencia.

“Hay días en los que cuesta levantarse y estar motivado. Reconozco que no todos los días estoy de la misma manera, con pilas para arrancar, pero una vez que empezaste e hiciste los dos o tres primeros kilómetros, ya estás de nuevo en carrera y la pasión resurge”, remarca.

Savonitti no tiene apoyo de empresas ni un equipo que lo acompañe, así que el emprendimiento es a pulmón. Por eso, de las donaciones que recibe mediante su web, el 60% lo destina a la travesía, y el 40% restante lo dona a la Fundación Mundial de Sordos.

Respecto a sus jornadas, suele correr alrededor de 50 kilómetros por día rumbo al norte por la ruta 40. El ritmo es de seis minutos el kilómetro (10 kilómetros por hora) y sigue la rutina durante cinco o seis días a la semana, para luego parar y descansar tres.

Muchas veces concluye “en el medio de la nada”, lo que lo obliga a hacer dedo hasta llegar a algún pueblo y al día siguiente, otra vez suele pedir que alguien lo acerque para retomar con el trayecto.

“La gente es muy solidaria, te invitan a sus casas, te ofrecen comida, un mate, agua o fruta. Si bien corro sólo, no me siento de esa manera”, remarca.

En Neuquén y Mendoza se dio un hecho particular. La policía local se ofreció a transportar sus pertenencias como también colaborar con sus traslados, para intentar simplificar la organización.

La hoja de ruta marca 35 mil kilómetros. Ya lleva el 10% hecho, y está cerca de San Juan. Sus pies y su corazón serán el motor para lograrlo.

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