De mis 8, a mis 42. Esfuerzo, recompensa, felicidad. :)

Hoy me pongo a pensar en las limitaciones que a veces nos ponemos por miedo a “no poder” y nos sumergimos en la comodidad de no intentarlo.

Hace menos de 2 años empece con esta hermosa locura de entrenar y correr maratones. Era Noviembre, y me seducía la idea de una competencia nocturna. Y asi fue, como llego mi primer prueba fuerte, iban a ser 8 km corriendo. Fui con muchos nervios y mucha expectativa. Nunca había corrido tanto. Me acuerdo que lo vivi con mucho esfuerzo, pero el cruce de la meta, con toda la adrenalina que tenia, se convertía en mi nueva adicción.

Asi fue como segui entrenando, investigando, y creándome una rutina, pero sobre todo un compromiso conmigo mismo y con mi bienestar. Ya nada era igual que antes. Cada vez que corria, volaba,  tenia la sensación de limpiarme desde adentro, y quedar como nuevo al terminar cada entrenamiento. Ni hablar de cuando corria un maraton. Todo eso, sumado a la alegría inexplicable de llegar a la meta.

Empezaron las competencias de 10 k, muchas veces acompañados por amigos, otras solo. Pero inundado de buena energía, que es lo que abunda en esos eventos.

No entraba en mi cabeza la idea de correr 21 k, me parecía inalcanzable. Algo que yo no iba a poder hacer. Y sostuve esa teoría, hasta que en un almuerzo con amigos, uno de ellos empezó a hacerme ver que yo podía llegar a ese objetivo. La motivación empezó a hacer su efecto. Desde un rincón de alguna parte de mi cuerpo crecían las ganas de ir por mas. Y asi fue, gracias a la ayuda y al aliento de este amigo, me puse a entrenar con mas compromiso. Pero también con esa adrenalina y esas ganas que me demostraban dia a dia, que mi esfuerzo valia.

Que no hay secretos, ni formulas mágicas. Eramos, mi alimentación, mis ganas, mi compromiso, mi esfuerzo y yo. Todos nosotros con el objetivo bien claro. Los 21k.

Y llegamos, con lagrimas en los ojos. Con ganas de abrazar al mundo. En 2:03:00. Agradecido, feliz, eufórico. Realizado.

Sabia que eso no terminaba aca. Tenia otro imposible. Otro inalcanzable. Y ya sabia que, si me lo proponía le podía borrar esas dos primeras letritas pesadas a ambas palabras. Queria hacer mis 42.

En diciembre de 2012 Viaje a Buenos Aires a correr mi primer maratón fuera de la ciudad, 10 km. Eso me cambio para siempre. Fue asi,  que conociendo gente, viendo su dedicación, sus ganas,  y que su esfuerzo los llevaba lejos, me di cuenta y confirme que quería mas.

Un dia, como cualquier otro, de frente a la compu fantaseaba con la idea de que podía irme a Nueva York a correr por sus calles.  Averigue, y la próxima competencia era en Noviembre. Horas de ver información, fotos, y todo lo relacionado con un evento de tal magnitud. Entre tantos links, apareció uno que llamo mi atención mas de lo normal  e hizo latir mi corazón mucho mas fuerte. Vi solo 3 palabras, “abril, Paris, Marathon”.

Mis vacaciones no estaban decididas, y hablando con una amiga me cuenta que se va a Europa para esa fecha. Y justo coincidia su estadia en Paris para el dia de la competencia. El 7.

Ya el cuerpo no podía estar quieto. Nervios, ansiedad, intriga. Tenia la sensación de que todo eso se iba a pasar de una sola forma. Decidiendo ir a correr.  Me anote por las dudas, y después de mucho meditarlo y consultarlo con persona que se me cruzase, sabia que Paris me esperaba. Y no solo eso. Mi nuevo objetivo.

Todos quienes me preguntaban, recibían una similar respuesta. “Voy a participar, pero no voy a llegar a los 42, es mucho. Pero no me puedo perder semejante evento”.

Llego el dia, desayune en el depto después de haber descansado muy bien. Vacie la bolsa del kit que había buscado el dia anterior , y me prepare para ir.

Mi cámara, las llaves, y dos boletos de subte me acompañaban. La estación estaba repleta, todos vestidos deportivos, abrigados y se veian un monton de pecheras blancas con el logo del Marathon. Era muy emocionante ver todo eso. Ibamos todos para el mismo lado, compartíamos la misma ilusión y la misma pasión. Se veian caras de mucha expectativa. Y yo sentía que la mia reflejaba lo mismo. Sentia que la alegría me brotaba por todos lados.

Llegue, la largada estaba pasando el Arco del Triunfo por la Av. Champs Elysees. Busque mi sector. Y espere el disparo de largada. Muchisima gente aplaudía, sonreía. Te buscaban los ojos para que veas que estaban ahí. Orgullosos de tu participación.

Corri a un ritmo medio. Sabia que había mucho por delante. Cada 5 km, estaban los puestos de alimentación e hidratación. Todos recibieron mi visita. Mi objetivo no eran los 42 km, sino llegar a la torre Eiffel que estaba en el km 29. Ya con eso estaba mas que realizado. Kilometros previos ya se la veía, hermosa. Esperandome.

Al cruzarla, sentí una alegría enorme de tenerla ahí viéndome correr. Pero también tuve la sensación de que no era momento de parar. Habia mas por ver. Segui. A partir de cruzar los 30 km, mágicamente empece a sentirme mal. Enojado por estar ahí. Sientiendo que nunca mas iba a poder caminar después de eso. Igual, cada vez era mas la gente que estaba en los costados, y al grito de ALE ALE, te alentaban a seguir.  No fue suficiente. Necesitaba parar. Pero no me podía retirar de la competencia, había solo un camino. No tenia otra opción que seguir. Asi que opte por caminar. Tome un paso de caminata rápida, como para que no se me enfriaran los musculos. Segui. En cada puesto, ingeria lo que mas podía, con la esperanza milagrosa de arrancar con todo una vez mas. Pero yo quería una parada de subte, algo que me llevara a casa. La gente seguía alentando, en varios idiomas me decían que no podía parar ahora, que siguiera. Me aplaudían, me sonreían, me daban caramelos, nueces, y yo les  sonreía y decía “gracias, pero no puedo mas, que queres que haga?!”. Segui. Trotaba suave, caminaba, buscaba subtes y comia.

De repente llego la magia que esperaba. Levanto la vista y tenia un cartel enorme que decía  37 km. Mis ojos se llenaron de lagrimas, y mi corazón de orgullo. Ya estaba cerca.

Fue asi, que los próximos 5 km me vieron correr, llorar, reflexionar, pero sobre todo irradiar una alegría inmesa. No podía creer lo que estaba logrando. Y donde lo estaba haciendo.

Empece a ver el arco nuevamente. Era mi meta, ahí estaba. Lo había logrado. El corazon se queria salir. El cartel me decía 5:16. No podía parar de sonreir, de llorar, de agradecer y de pensar en toda esa gente que tanto quiero. Que estaban lejísimos, pero los sentía conmigo. Tenia ganas de gritarles que había llegado. Que era uno de los momentos mas felices de mi vida,. Busque mi remera de Finisher y mi pilotin.

Viene una señora a darme la medalla, la abrace. Le dije lo contento que estaba, y ella, que no me entendió, pero si vio mis lagrimas y mi cara de felicidad, me acaricio la cara, y me felicito.

Fue asi, que entendí que nosotros nos ponemos nuestras propias limitaciones. Que querer, es poder. Nadie dice que sea fácil, pero trabajando en nuestros obetivos y ocupándonos de lo que queremos, estamos mas cerca de lograrlos. Que tenemos momentos en los que vamos bien, a ritmo y otros hay que parar un poco, bajar el ritmo. Y eso no es parar, es avanzar mas lento. Pero avanzar.

Y como leia ayer en un post. “No cumpli el objetivo en el tiempo ideal, o en el que me hubiese gustado, pero lo intente”. Igual yo, no me quede sentado. Sali en busca de lo que quería. Genere endorfinas, y eso ya me hizo feliz. Y eso, se puede trasladar a todo.

Es altamente satisfactorio cruzar las metas, pero no solo en un maratón. En la vida.

 

Maximiliano Aurellio Jurado, 2 de Junio de 2013, Rosario, Argentina.

 

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