Entrenando a 40 grados y 40% de humedad para aclimatarse al infierno de Doha 2019

Del 27 de septiembre al 6 de octubre se celebrarán los primeros Mundiales en Oriente Medio en el Khalifa Stadium de Doha (Qatar), en pleno desierto árabe. También serán recordados por utilizar la mayor tecnología para albergar a 48.000 personas a una temperatura media de unos 25 grados. Para ello utilizarán más de 3.000 cañones de frío que bajarán la temperatura del estadio sin influir en el viento de las pruebas y consiguiendo un verdadero microclima para que los atletas puedan competir en condiciones normales.

Ahora bien, aunque la fecha de los Mundiales cambie de agosto a finales de septiembre, se plantea un problema muy serio con dos pruebas: maratón y marcha, que se disputarán a medianoche. Habrá temperaturas altísimas, unos 38 grados, a los que habrá que añadirle la humedad. Un entorno a priori en el que no tiene ningún sentido jugarse la vida porque alguien decida disputar unos Mundiales en pleno desierto. Juan Manuel Alonso, español y jefe del equipo médico del Comité Organizador decía: “Hemos hecho un análisis matemático y antes de que empiece la prueba veremos la situación, si es amarilla estará bien, roja tendrá alto riesgo y habrá medidas fuertes para calambres y golpes de calor, y si es negra se recomendará aplazamiento o suspensión a la IAAF”.

Entrenamiento en la cámara climática Thermotron

Pues bien, este entorno es el que están intentando emular nuestros marchadores para anticipar lo que se encontrarán el próximo mes de septiembre en Doha. Y para ello han tenido que recurrir al ejército (Centro de Instrucción de Medicina Aeroespacial) y la cámara climática Thermotron, un habitáculo en el que se recrean las condiciones de temperatura (40 grados) y humedad (40-50%) a las que se enfrentarán los atletas en los Campeonatos del Mundo de Doha. El objetivo es ver cómo responden los deportistas a entrenamientos intensos en un ambiente de 40 grados y 40% de humedad, es decir, una sensación térmica aproximada de 50 grados.

Lógicamente la vigilancia y control de todos los atletas que entran en la cámara es absoluta. Se les hace una analítica de sangre y orina para ver niveles de deshidratación, un examen antropométrico, en el que se analizan el peso, la grasa y la masa muscular antes y después del ejercicio en la cámara. También se mide su temperatura corporal interna gracias a una pastilla que ingieren y permite saber en tiempo real cuál es la temperatura.

Durante los entrenamientos, los deportistas también llevan adheridos en el brazo dos parches que empapan el sudor y que luego se analizan para ver qué minerales van perdiendo y adaptar así los avituallamientos.

Pero no todo es analizar datos objetivos y fisiológicos. La cabeza en una prueba extrema como es la marcha o el maratón siempre es clave, máxime si las condiciones son las que son. Saber lo que te vas a encontrar allí y haberlo entrenado sirve para eliminar un estrés adicional con el que van a tener que contar todos los atletas en Doha. La pregunta es, ¿tiene algún sentido someter al cuerpo a esta barbaridad bajo unas condiciones de temperatura y humedad como las de Qatar?

 

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