Estudio: los tatuajes dificultan la sudoración, y podrían aumentar el riesgo de lesiones por calor

Los tatuajes no son solo cosa de Sergio Ramos o el resto de futbolistas. Hoy por hoy es habitual, en toda la población, que se tenga alguno a lo largo de nuestra piel. De hecho, en nuestro deporte, los tatuajes de triatlón son una herramienta más para lucir cuánto nos importa nuestra aficción.

Sin embargo, un nuevo estudio, publicado en el Journal of Applied Physiology, habría descubierto que marcar nuestra piel puede incidir negativamente en nuestro rendimiento.

Afección de las glándulas ecrinas

Lo que habría descubierto el estudio es que la piel tatuada no transpira tanto como las zonas no tatuadas del cuerpo, lo que tendría implicaciones sobre la capacidad de éste para enfriarse en deportistas con gran número de ellos.

Todo vendría por las glándulas sudoríparas ecrinas, que se encuentran en todo el cuerpo y son las responsables de generar el sudor, basado en agua, con el que enfriamos el cuerpo.

El daño a las glándulas ecrinas puede perjudicar la respuesta de sudoración, lo que a su vez puede aumentar el riesgo de sobrecalentamiento.

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En estudios anteriores ya se había comprobado que la piel tatuada tenía una mayor concentración de sodio en el sudor, lo que sugiere una reducción de la función de los conductos sudoríparos ecrinos.

Hay que tener en cuenta que el proceso de aplicación de un tatuaje requiere hasta 3.000 pinchazos en la piel por minuto, lo que podría provocar daños en las glándulas sudoríparas.

¿Cómo se realizó el estudio?

Los investigadores estudiaron a voluntarios con tatuajes en la parte superior o inferior de sus brazos que medían por lo menos 5,6 centímetros cuadrados y zonas adyacentes de piel no tatuada.

Para promover una respuesta de sudoración de todo el cuerpo, los voluntarios usaron un traje de perfusión que hacía circular agua caliente a más de 48 grados centígrados durante más de media hora.

El equipo de investigación midió la temperatura corporal interna y la tasa de sudoración de los participantes, así como la temperatura de la piel en las zonas de piel tatuadas y no tatuadas del mismo brazo.

Los investigadores también utilizaron técnicas de láser para medir el flujo sanguíneo en la piel. Sin embargo, las medidas del flujo sanguíneo no eran fiables, probablemente debido a las propiedades reflectantes o absorbentes de las tintas utilizadas en los tatuajes de los participantes.

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Foto: Envato Elements

El equipo de investigación halló que las zonas tatuadas y no tatuadas comenzaron a sudar más o menos al mismo tiempo en respuesta al calor, lo que sugiere que las señales nerviosas a las glándulas sudoríparas funcionan normalmente en la piel tatuada.

Sin embargo, la reducción del sudor producido puede indicar que el daño glandular se produjo durante la perforación repetitiva de la piel cuando se aplica un tatuaje.

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Aunque es menos probable que los tatuajes pequeños interfieran con la regulación general de la temperatura corporal, la disminución de la sudoración en la piel tatuada «podría tener un impacto en la disipación del calor, sobre todo cuando el tatuaje cubre un porcentaje mayor de la superficie corporal«, indicaron los investigadores.

«El principal hallazgo nuevo del estudio actual es que la piel periférica (que contiene folículos pilosos) del brazo que contiene tatuajes tiene tasas de sudoración reducidas«, se puede leer en el estudio.

Esto, por tanto, supone una capacidad potencial de pérdida de calor durante el calentamiento de todo el cuerpo en comparación con la piel adyacente sin tatuajes.

«Estos datos indican que los efectos colaterales del proceso de tatuaje afectan negativamente la función de la glándula sudorípara ecrina y podrían considerarse una posible complicación o efecto secundario a largo plazo de este procedimiento cosmético», añadieron.

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