Inspirador testimonio de Tommy Rivers, corredor y triatleta, en el maratón de Boston

Es posible que el nombre de Tommy Rivers no os diga nada. No es un atleta famoso en nuestro país, pero sí un gran corredor y triatleta con un largo historial deportivo y muy querido en su país. Él y su hermano, Jacob Puzey, no son dos de los corredores norteamericanos más conocidos, seguramente porque no han salido a competir demasiado fuera de Estados Unidos. Pero si analizamos el curriculum de Tommy Rivers, nos damos cuenta que estamos ante alguien grande:  ha ganado muchas y variadas competiciones como la North Shore Marathon, The Hapalua (la media maratón de Hawaii), la maratón de Sedona, Mt. Hood 50 miler, y un largo etcétera. También obtuvo un tercer puesto en los Campeonatos del mundo de Xterra Trail Running y ostenta unas marcas en Ironman 70.3 de 04:39:05 y 09:38:18 en Ironman, donde participó en Kona en 2015.

Tommy Rivers se ha clasificado para el Maratón de Boston en varias ocasiones. Corrió por primera vez en 2017 y lo hizo en  dos horas, 18 minutos y 20 segundos. Desde entonces, se enamoró de la prueba que no pudo correr en 2017 por una caída que terminó en fractura en la parte baja de la columna y que le mantuvo retirado de la competición durante un tiempo.

Escuchar su testimonio este año tras terminar la maratón de Boston es, cuanto menos, inspirador para todos los que amamos el deporte. Poco más que añadir.

“Querido Boston, lo eres todo. Aún no me conoces bien, pero te quiero. Éste soy yo. Corrí mi primera carrera en 2017. Fue la prueba más conmovedora en la que he participado. Más que Kona. Incluso más que en Chamonix. Me llevaste a la mejor carrera de mi vida y me enamoré. Unos meses después, me caí y me fracturé la parte baja de la columna vertebral. Diez duros meses de recuperación. La parte más difícil fue no poder estar en la línea de salida en 2018. Ha pasado exactamente un año desde que pude volver a correr.

Esta mañana me he dado cuenta de que sigo siendo un niño. He soñado con la línea de salida de esta mañana durante cada entrenamiento de esta larga y lenta recuperación. Quería correr todavía más rápido. Eso es lo que hacemos como seres humanos. Nos esforzamos hasta que logramos el éxito, y luego nos esforzamos un poco más. Todo era perfecto.

Fui controlando y pasé por la media exactamente donde yo quería. Pero entonces, las cosas empezaron a fallar. A partir del kilómetro 22, mis piernas empezaron a agarrotarse. Primero fueron mis pantorrillas. Luego, mis cuádriceps. Me estaba muriendo. No por el dolor – aunque me dolía mucho y e iba empeorando a cada zancada – sino porque estaba volando, y aeróbicamente nunca me he sentido mejor. Fue el esfuerzo más fácil que he experimentado en mi vida, pero mis piernas seguían agarrotándose. Atrapado en mi cuerpo. Hablaba en voz alta a mis piernas: “No, no, por favor, no. Ahora no. Aquí no.” No podía hacer nada con mis piernas, pero aún así tenía opciones. ¿Lástima? Ni una oportunidad en el infierno. ¿Abandonar? No, no puedo abandonar. ¿Entonces? Decidí disfrutarlo. Paré mi reloj y no miré ni un parcial más.

Entonces puse todo mi alma en terminar, disfrutando cada momento mientras mis piernas se agarrotaban con más fuerza a cada paso. Demasiado respeto por Boston como para abandonar. La historia. Los corredores. Los espectadores, y los voluntarios, y las organizaciones, y los militares. Lo di todo, pero me has destrozado. No soy débil, pero me enseñaste a ser más fuerte, y te quiero por ello. Gracias por levantarme e inspirarme. A todos los admiradores, no puedo expresar la gratitud que siento. Lágrimas de felicidad y un corazón lleno. Volveré. Mientras esté vivo, volveré. Gracias por todo.

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