La carrera más sucia de la historia

Se la recuerda como la carrera más sucia de la historia. Fue la final de los 100 metros llanos en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, un 24 de septiembre.

En aquella competencia, el canadiense Ben Johnson se impuso logrando un nuevo récord mundial, al registrar una marca de 9.79. El año anterior, en el Campeonato Mundial de Roma, el corredor de origen jamaiquino había conseguido 9.83.

Esta era su revancha, luego del bronce logrado  en Los Ángeles 1984.

Pero tres días más tarde se conoció sobre el dopaje del atleta, quedando la medalla de oro en manos de su escolta, Carl Lewis, que tuvo un registro de 9.92.

Al conocerse los resultados del control antidoping, Johnson gritó su inocencia y acusó al norteamericano de había adulterado su muestra.

Años más tarde, el canadiense reconoció su falta, aunque incluyó a varios corredores: “Todo el mundo me señaló como un tramposo, pero no fui el único que hizo trampa”.

De hecho, intentó volver tras estar tres años suspendido y en 1992 estuvo en los Juegos de Barcelona 1992, pero no consiguió clasificar a la final de dicha prueba.

Y en 1993, al reincidir con un control que arrojó un nuevo consumo de sustancias prohibidas, fue suspendido por la Federación Internacional de por vida.

Más suspendidos

Lo cierto fue que a la carrera se la llama “la más sucia de la historia” porque de los ocho finalistas, seis fueron sancionados por doping positivo.

Robson Da Silva, Raymond Stewart, Lindford Christie, Desai Williams y Dennis Mitchell fueron los otros sancionados.

¿Los únicos atletas “limpios”? Carl Lewis y Calvin Smith.

Las marcas

Esta fue la clasificación de la serie final, con los tiempos de cada uno de los competidores y sus respectivas nacionalidades.

Ben Johnson (Can) 9.79
Carl Lewis (Usa) 9.92
Linford Christie (GBr) 9.97
Calvin Smith (Usa) 9.99
Dennis Mitchell (Usa) 10.04
Robson da Silva (Bra) 10.11
Desai Williams (Can) 10.11
Raymond Stewart (Jam) 12.26

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