“Puedo correr un maratón en menos de 2h14m”

Sevilla, 17 de febrero de 2019:

– El primer tramo de cinco mil fue el más rápido y el que más me costó. Ahí pensaba “Si quiero hacer 2:15:00, tengo que seguir a este ritmo, no le puedo decir a la liebre que afloje”. Había que aprovechar. En el segundo tramo, me encontré muy bien, y en el tercero también.

Llegué al kilómetro veinte y se me pasó rápido, me repetía “¡qué bien!”. Poniéndote detrás de una persona que te marca el ritmo, no hacés vos cambios de ritmo y no te desgastás de más. Te centrás.

Llegué al treinta cansado, pero no me quedaba otra que seguir apretando. En los últimos cinco kilómetros, sentía dureza y cansancio en los cuádriceps. Dolor. Empezaron a molestar las rodillas pero, por suerte, no sufrí en los sóleos ni en los gemelos, que me suelen tirar mucho. Tampoco me molestaron los isquiotibiales, donde tuve problemas en los últimos maratones. Sólo me dolían los cuádriceps, y había que sufrir, no quedaba otra. En un maratón, tarde o temprano, vas a sufrir.

En el treinta me dejó la liebre y, aunque venía con dolores, vi que estaba como para hacer la marca. Me concentré en dos pasadas de cinco mil: pasé en 16:11 del treinta al treinta y cinco, con sensación de cansancio, pero también de que iba bien. “Tengo que mantenerme en 16:30 como mucho para seguir con opciones”, pensaba. No apuntaba a mi marca personal, sino a hacer 2:16:00.

Cansado, veía que iba rápido, y me lo confirmaban mis amigos y mi novia, que me seguían en bicicleta y me gritaban. “Eso es bueno”, me repetía a mí mismo. No quería mirar el reloj, porque si veía que iba rápido, en una de esas aflojaba; o, si veía que iba lento, me venía abajo… En el cuarenta miré el parcial, que fue de 15:46 y vi que podía bajar mi marca. “Me la juego”, me dije.

Empecé a apretar y apretar, notaba que iba rápido, pero no quería mirar el parcial. En el cuarenta y dos, miré el reloj y esprinté. Cuando pasé la línea, me bajó una sensación de alivio. Fue una alegría doble haber hecho mi marca personal después de tanto tiempo y la mala suerte que había tenido en los maratones anteriores. Es increíble.

El mejor maratón de Miguel Barzola

Miguel Barzola repasa lo que vivió en el mejor maratón de su vida, a los treinta y seis años. Hace ocho, corrió la distancia en 2:15:00, y en todo este tiempo no pudo acercarse a esa marca ni obtener nuevamente un registro que lo clasificara a torneos grandes (Panamericanos, Mundiales, Juegos Olímpicos).

Miguel Barzola, junto a Mastromarino y Méndez, en Sevilla
Miguel Barzola, junto a Mastromarino y Méndez, en Sevilla

Cuando muchos pensaban que lo mejor ya había quedado atrás, el bragadense demostró que está vigente: en Sevilla batió su PB, con un registro de 2:14:52, consiguió la mínima clasificatoria para los Juegos Panamericanos de Lima, Perú; y para el mundial de atletismo de Doha, Catar (y habrá que ver si también le sirve para los JJOO de Tokio); y se mantiene como el cuarto mejor argentino en la historia en esta distancia.

– Mirando mis parciales más tranquilo, creo que podría haber aprovechado un poquito mejor la liebre y correr más rápido. A lo mejor, podría haber exprimido algunos segundos más.

– A pesar de que es la mejor marca de tu vida, ¿creés que podés bajarla más?

– Sí, una vez que terminás, sacás conclusiones. El tema es que después hay que ver cómo llegás y cómo es el día, si hay viento, si llueve, si está fresco o con calor. Creo que la próxima vez, si me encuentro con un día así y una liebre, puedo hacer 2:14:00 o menos. Mi entrenador dice que puedo llegar hasta 2:12:00. Yo creo que puedo hasta 2:13:30, por ahí. Sé que me queda poco, pero creo que algún día puedo hacer un maratón así.

– En estos ocho años en los que las marcas no salían, ¿llegaste a dudar, o siempre estuviste convencido de que podías correr de esta manera?

– Siempre estuve entrenando muy bien. He hecho entrenamientos muy fuertes para los anteriores maratones, pero tuve mucha mala suerte: en Valencia 2015, la organización no nos puso la liebre que nos prometió, yo venía de una lesión, me morí en los últimos kilómetros y me faltaron treinta segundos para lograr la mínima para Río 2016; en Rotterdam, me lesioné cuatro días antes; en Hamburgo nevó y me terminé de resentir de la lesión; en Buenos Aires hubo mucho viento… Contra eso no podés hacer nada. Llegué en buen estado de forma y no pude plasmarlo por el clima o por lesiones.

– ¿Qué pensabas ante la repetición de estas situaciones?

– Y, por todo eso estuve un tiempo sin hacer maratones. No quería correr la distancia hasta que no pasaran dos o tres años. Pensaba volver a correr recién en abril de este año, pero el año pasado me avisaron que tenía que estar en Buenos Aires sí o sí para poder formar parte del equipo de los Panamericanos.

No preparé Buenos Aires. Fui con diez semanas de entrenamiento, pero sin series ni pasadas, sólo sumando kilómetros. El resultado fue buenísimo y eso me volvió a dar confianza. Después de tanta mala suerte, fui perdiendo confianza, pero te sale bien una carrera y eso vuelve y te ayuda para seguir entrenando fuerte.

Barzola entrenándose duro, como siempre
Barzola entrenándose duro, como siempre

– ¿Es la distancia más difícil de todas las que corriste?

– Sí. En cinco mil, por ejemplo, tenés muchas más oportunidades: si este fin de semana te llueve, corrés la semana siguiente o la otra y mantenés la forma.

En dos meses, podés correr cuatro carreras de cinco mil, y en una te va a tocar un día bueno. En maratón, no: si el día no es bueno, perdiste tres o cuatro meses de entrenamiento. Si no te salió el día, no te salió y no tenés otra oportunidad.

No es que si te retirás en el treinta, podés correr la semana siguiente. Si corrés treinta kilómetros, quedás igual de roto que si hubieras corrido el maratón completo. Si paraste en el veinte, ni empezaste el maratón…

– Decías que te queda poco, y una vez contaste que pensabas correr hasta 2020, ¿esa sigue siendo la idea?

– Sí, en teoría es llegar a Tokio y ya. Depende, quiero hacer un maratón bien, contratar una liebre que me tire especialmente a mí. Pero eso me tiene que agarrar con plata, porque una liebre tiene una tarifa bastante alta.

Tengo que elegir bien el maratón, no sé dónde ni cuándo será. Puede ser en 2020 o 2021, porque este año quedan los Panamericanos y el mundial de Doha, y el año que viene tengo que ver si me sirve la marca para los Juegos o si tengo que correr algo más para buscar la marca. Recién después voy a poder correr un maratón más tranquilo.

Miguel en los JJOO de Londres, en 2012

La elección por el atletismo

– ¿Por qué te gusta el atletismo?

– Es el deporte más sacrificado que hay. Yo lo hago porque ando bien y me gusta ser campeón o ganar medallas. Si hubiera jugado bien al tenis, estaría haciendo tenis, no atletismo. Y ganaría más plata… Más de uno quisiera hacer fútbol, básquet o algún otro deporte y no lo puede hacer porque no tiene las condiciones.

– Vos jugabas al fútbol

– Sí, pero estando en un pueblo es muy difícil progresar. A mí me gustaba más el fútbol, estaba diez horas jugando a la pelota. Era delantero por derecha, y después jugué de diez, porque me gustaba más estar corriendo en el medio. Corría mucho. Mi sueño era jugar en Boca y la Selección.

Hasta los catorce, quince años, no corría. Mis amigos hacían atletismo, yo iba a correr y andaba bien, pero no competía. Hasta que mi papá me obligó una vez a participar en una carrera donde iban todos mis amigos: “O corrés o no viajás”, me dijo.

– El atletismo te eligió a vos, no al revés…

– Claro. Cuando me quise acordar, a los seis meses fuimos a un torneo provincial, donde salí segundo, en Mar del Plata. Clasifiqué a un nacional y después a un sudamericano. Cuando pude viajar a Brasil, esto me terminó de gustar, porque me hacía conocer lugares. También me gustó representar al país. Si hacés algún deporte, lo que más querés es vestir la celeste y blanca. Es lo más.

Los Juegos Olímpicos en los demás deportes son lo más grande para un atleta. Cuando comencé a correr, ahí mi sueño fue llegar a los Juegos. De chico, soñás con una medalla, hasta que aprendés de marcas y de las condiciones de cada atleta. Los medallistas olímpicos son unos elegidos. Aunque, para llegar, también sos un elegido; sino, iría todo el mundo.

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