6 cosas que sólo entenderás si entrenas por la mañana

Hay que reconocerlo, hay días en los que «lo último que te apetece es entrenar«. Sobre todo si el reloj suena a la cinco o las seis de la mañana. Y es que, como apuntaba Javier Gómez Noya, a veces, «te levantas por la mañana y caminas que te parece que el cuerpo todavía no ha engrasado, y te duele todo».

Incluso si eres amigo de los madrugones, conseguir que el cuerpo funcione a primera hora puede ser todo un desafío. Sin embargo, si eres capaz de superar el mal trago de las primeras horas, el resto del día puede convertirse en una experiencia muy agradable. De hecho, la gran mayoría de triatletas que logra adaptarse, no cambia sus entrenamientos matutinos por nada del mundo.

Aunque no lo creas, hacer deporte por la mañana tiene grandes ventajas. Si eres de los que lo ha intentado sin éxito, aquí hay algunos consejos que te ayudarán a entrenar a primera hora. Si, por el contrario, no necesitamos convencerte porque ya estás en nuestro equipo, es posible que estas situaciones te resulten familiares.

Adiós a las alarmas

Al principio son un suplicio, pero llega el momento en el que no las necesitas. Muchas personas sólo se levantarían a las seis de la mañana para ir al baño -incluso tratarían de evitarlo-. Para algunos triatletas esa se ha convertido en la hora en la que su cuerpo despierta de forma natural.

La hora de dormir es innegociable (y que puede que la siesta también)

Seguro que tienes un amigo que se queja de que le es imposible irse a dormir temprano. Y si no lo tienes, es porque ese amigo eres tú. Cuando te unes al club de los que entrenan por la mañana, trasnochar deja de ser un problema en tu vida.

Tu vida comienza a tener unas costumbres más europeas: se cena antes, se duerme antes. Cuando sabes que a las siete de la mañana tienes que estar haciendo series de VO2Max en la piscina, lo de perder el tiempo haciendo zapping en la TV no es una opción. Tampoco lo de quedar un miércoles para cenar si eso implica llegar tarde a casa.

Además, si el horario y las obligaciones lo permiten, una siesta cortita siempre es bien recibida. Sobre todo cuando queremos doblar con otra sesión por la tarde.

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Foto: Unsplash // Tânia Mousinho

¡Qué duro es calentar!

¿Alguna vez pensaste que el calentamiento podría ser más duro que el bloque principal? Si la respuesta es no, es porque no has salido a correr a las seis de la mañana. A esas horas, comenzar a mover el cuerpo es todo un reto y no hay café que haga los primeros minutos más llevaderos. Por suerte, una vez que has engrasado la máquina, no hay sesión que se resiste porque tus baterías están a tope y no tienes que arrastrar el cansancio de todo el día.

El café es tu mejor amigo

Da igual la motivación que inunde tu cuerpo o las ocho maravillosas horas que hayas podido dormir, existe una ley no escrita que confirma que a las seis de la mañana no se puede ser personal (al menos normal) sin la correspondiente dosis de cafeína. Y si eres de los que no les gusta el café, bueno, quizá hayas optado por la estrategia de Gustav Iden.

La tranquilidad de la mañana no tiene precio

Si alguna vez has ido a entrenar a la piscina a las siete de la tarde, sabes de qué estamos hablando. Quizá fue aquel el día en el que decidiste empezar a madrugar y ahora sabes que a las siete de la mañana, con suerte, la calle será sólo para ti y que no tendrás que esperar en el gimnasio para hacer ese ejercicio que te toca porque la maquina está ocupada.

Por las mañanas la vida tiene otro color y también otra banda sonora. Nada como un rodaje a pie mientras amanece y escuchas los cantos de los pájaros a primera hora del día.

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Foto: Daniela Ryf // Instagram

Es duro coger el ritmo, pero ahora te alegras

Lo más probable es que no hayas pasado toda tu vida despertando a las cinco o las seis de la mañana. Simplemente un día el deporte llegó a tu vida y decidiste cambiar algunas cosas. Fue duro y sufrido, puede que hasta tú mismo te planteases si merecía realmente la pena todo ese sacrificio. Pero ahora sabes que hiciste lo correcto.

Nada como llegar al trabajo con los deberes hechos y las endorfinas por las nubes. Y nada como salir de él con la tranquilidad de que sólo toca descansar o con la felicidad de poder encajar una segunda sesión en tu día.

Por no hablar de cómo se pueden aprovechar los largos días del verano, donde además puedes huir del calor insoportable de otras horas.

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