Hace apenas unos días subió los 86 pisos del Empire State en una carrera vertical, y no mucho antes se le vio en Yorkshire, disfrazado de Donald Trump, cargando una paca de paja y bebiendo pintas en seis pubs.
Está claro que, desde que anunció su retirada, Alistair Brownlee ha decidido hacer lo que le da la gana. Y siempre implica esfuerzo.
Ahora, el doble campeón olímpico se lanza a una nueva aventura: el Patagonman, uno de los triatlones más extremos del planeta. Será el 7 de diciembre, en la Patagonia chilena: natación en aguas gélidas, bici por la Carretera Austral y un maratón entre ríos y montañas. No busca ganar. Busca sentir.
De la élite al extremo
Desde que se retiró oficialmente en noviembre de 2024, Brownlee ha pasado por todo tipo de pruebas. Trail, gravel, escaleras, pintas y disfraces. Lo suyo con el esfuerzo no se ha acabado. Solo ha cambiado de forma. Ya no compite por títulos, sino por placer.
«Sigo entrenando dos o tres horas al día, simplemente por el placer de hacerlo», confesó meses atrás. Y ahora, tras completar el Empire State Building Run-Up y colarse en el top-20 del nacional de gravel, se lanza a uno de los triatlones más duros del mundo: el Patagonman. «No sé si la palabra es competir, pero sí, voy a participar», dijo en el vídeo donde anunció su presencia.

Brownlee, que en su momento revolucionó el triatlón olímpico con su estilo agresivo y sin reservas, no ha querido perder la oportunidad de medirse a un formato completamente distinto.
«Es algo que llevaba tiempo en mi lista. Me encantan la aventura, los retos de resistencia, la naturaleza y explorar nuevos lugares. Patagonman lo tiene todo», afirmó.
Un triatlón al fin del mundo
La cita será en la Patagonia chilena, una de las zonas más remotas y salvajes del planeta. El Patagonman arranca a las cinco de la mañana con un salto desde un ferri al fiordo de Aysén, seguido de 3,8 kilómetros a nado hasta el puerto de Chacabuco. A partir de ahí, 180 km de bici por la escénica y cambiante Carretera Austral, hasta Villa Cerro Castillo.
La carrera a pie son 42 kilómetros de pistas de tierra, siguiendo el cauce del río Ibáñez entre bosques y cascadas, con final en el lago General Carrera.

Un recorrido de postal, acompañado de fauna salvaje y un clima impredecible. Al llegar a meta, quien completa el reto no recibe una medalla, sino una “boina” patagónica y el privilegio de hacer sonar la campana.
La organización lo presenta como «uno de los más duros del mundo». Y no exagera. Tim Don, ganador en 2019, reconoció que fue «el triatlón más duro que he hecho, ¡pero lo disfruté muchísimo!». También Saleta Castro logró podio en 2022. Ahora será Brownlee quien ponga a prueba cuerpo y cabeza en ese entorno salvaje.
