En el alto rendimiento, los detalles lo son todo. Y en un entorno donde cada segundo cuenta, los suplementos nutricionales se han convertido en una herramienta habitual para quienes exprimen su cuerpo al máximo.
Pedro Valenzuela, investigador en la Unidad de Fisiología de la Universidad de Alcalá y en la Unidad de Control de Rendimiento en el Centro de Medicina del Deporte (AEPSAD, CAR de Madrid), lleva años estudiando esta relación entre nutrición, ciencia y rendimiento. Pero advierte: el peligro no siempre está en lo que falta, sino en lo que no debería estar.
«Los deportistas profesionales están sometidos a una gran carga física. Sus requerimientos nutricionales son por ello mayores que los de la población general, tanto a nivel de macronutrientes como de micronutrientes (vitaminas y minerales), lo que hace que muchas veces sea necesaria la suplementación si no son capaces de alcanzarlos con la dieta».
Hasta ahí, nada que nos sorprenda. Creatina, cafeína, multivitamínicos… forman parte del día a día de muchos triatletas, incluso en grupos de edad. Pero hay una cara menos conocida de este mercado, y no tiene nada que ver con la legalidad o el dopaje voluntario. «Con el fin de maximizar su rendimiento muchos deportistas acuden a otros suplementos nutricionales, algunos con una gran evidencia científica que respalda su eficacia, pero otras veces acudiendo a suplementos sin validez contrastada».
Un riesgo más habitual de lo que parece
La variedad de marcas y productos que encontramos hoy en el mercado ha crecido tanto como nuestra confianza en ellos. Pero también ha crecido algo más preocupante: la contaminación de esos productos con sustancias prohibidas. «El crecimiento descontrolado de este mercado ha conducido también a un mayor riesgo de lo que la Agencia Mundial Antidopaje denomina “dopaje inintencionado”».
Valenzuela se refiere a la presencia de sustancias que no aparecen declaradas en la etiqueta y que pueden provocar un positivo en un control antidopaje. «Nos referimos a la presencia de sustancias no declaradas por el fabricante, y que pueden tener consecuencias dramáticas para el deportista, ya sea por dar positivo por dopaje, o incluso por ser peligrosas para su salud».
Aunque pueda parecer algo improbable, la estadística dice lo contrario. «El dopaje inintencionado está mucho más presente en el mundo del deporte de lo que podemos pensar. Es lo que sugiere una revisión que estimó que entre un 6 y un 9% de los casos de dopaje se deben al consumo de suplementos nutricionales que contienen sustancias dopantes».

Y los datos más recientes no hacen sino agravar la alarma: «Un estudio más reciente sugiere que hasta un 14% de los casos de dopaje que se dieron entre 2003 y 2020 se debería al uso de suplementos nutricionales».
La casuística es variada. Un ejemplo claro lo encontramos en Dinamarca, donde se analizaron 66 productos de 21 marcas diferentes. ¿El resultado? Un 38 % contenía alguna sustancia no declarada que podía provocar un positivo. «Entre los cuáles había productos para perder grasa, ganar masa muscular, u otros que prometían aportar energía», aclara el investigador. ¿Lo más grave? «Cerca del 5% de los productos podría considerarse que era incluso perjudicial para la salud».
Este tipo de resultados no son una excepción. Una revisión internacional que recopiló 23 estudios distintos encontró contaminación en un porcentaje que oscilaba entre el 12 y el 58 % de los suplementos analizados. «Incluían complementos como proteínas en polvo, creatina, multivitamínicos o bebidas energéticas, y mostraban un alarmante ratio de contaminación».
Las sustancias detectadas no eran precisamente inocuas. «Es habitual encontrar pequeñas cantidades de estimulantes (por ejemplo, efedrina) o sustancias anabólicas (por ejemplo, testosterona, androsterona o nandrolona) prohibidas por la Agencia Mundial Antidopaje y con un alto riesgo para la salud».
La explicación puede estar tanto en el descuido como en la intención. «Ya sea por un deficiente control de calidad, como una contaminación durante la fabricación o procesamiento, o incluso por adulteración intencional».
Cómo protegerse: información y garantías
Ante este panorama, la única defensa del deportista es la información. Y, sobre todo, el asesoramiento profesional. «Es primordial formar a los deportistas sobre la importancia de controlar qué suplementos toman; y especialmente, de que éstos sean prescritos y controlados por profesionales de la nutrición».
Pero incluso cuando el suplemento ha sido recomendado por un especialista, no basta con mirar la etiqueta. «Más allá de revisar las etiquetas nutricionales, debemos asegurarnos de que los suplementos que se ingieren pasan por todos los filtros de calidad necesarios».
Y aquí entra en juego algo que a menudo se pasa por alto: las certificaciones independientes. Porque no todos los sellos tienen el mismo valor. «A la hora de elegir qué suplementos nutricionales tomar es recomendable que hayan sido certificados por una empresa independiente y no por la propia empresa».
Uno de los certificados más fiables es el de Informed Sport, ampliamente reconocido en el mundo del alto rendimiento. «Es un programa de evaluación de complementos alimenticios que certifica la ausencia de contaminaciones por sustancias prohibidas en el deporte, garantizando la seguridad de que el complemento consumido por el deportista forma parte de un lote analizado y certificado como “libre de sustancias dopantes”».
En un entorno donde el margen de error es mínimo, asegurar que lo que tomas no contiene sustancias prohibidas no es una precaución: es una obligación. Tanto si compites a nivel élite como si corres en grupos de edad, el riesgo de un positivo por un suplemento mal elegido es real. Y puede costarte mucho más que una sanción.
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