Hay pruebas que trascienden el calendario deportivo. Carreras que no solo mueven a los atletas, sino a ciudades enteras. Challenge Roth es, desde hace décadas, una de ellas. Más que una carrera, es una celebración. Un homenaje al triatlón de larga distancia que se vive como un ritual en la región de Franconia, donde nació hace ya más de cuarenta años.
El próximo domingo, más de 3.000 triatletas individuales y cientos de relevistas volverán a recorrer sus caminos. Volverán las gradas llenas en Solar Hill, los ánimos en cada pueblo del recorrido, las horas bajo el sol junto al canal. Y sobre todo, volverá el espectáculo.
Historia, mística y récords
Todo empezó en 1984, cuando Detlef Kühnel organizó el Triatlón de Franconia con apenas 80 participantes. Tres años después, Roth ya era Campeonato de Europa y en 1988 se convirtió en sede del IRONMAN Europa, siendo una de las primeras pruebas clasificatorias para Kona fuera de Estados Unidos.
La historia cambió en 2002, cuando Kühnel rompió con la WTC y fundó Challenge Roth, manteniendo el espíritu original de la carrera y sumando nuevos ingredientes como los relevos.
Desde entonces, Roth no ha dejado de crecer. Cada edición agota dorsales en minutos —en ocasiones, en segundos— y cuenta con cifras imposibles de igualar: más de 260.000 espectadores a pie de calle, 6.000 voluntarios, cobertura televisiva internacional y una atmósfera que, como dijo el Frankfurter Allgemeine Zeitung, convierte a Roth en el Wimbledon del triatlón.
Pero si algo la ha consagrado, son sus marcas. Aquí se han batido los récords del mundo de larga distancia. Jan Frodeno paró el crono en 7:35:39 en 2016. En 2024, Magnus Ditlev pulverizó esa cifra con un estratosférico 7:23:24, y Anne Haug firmó el mejor tiempo femenino con 8:02:38. Nombres como Chrissie Wellington, Luc Van Lierde, Daniela Ryf o Chris McCormack también forman parte del glorioso palmarés de la prueba.

Roth ha sido siempre territorio de grandes gestas, pero también de historias personales, como la que vivirán este año Vincent Luis y Frederik Funk, que debutarán en larga distancia. En el caso del francés, haciendo honor a su padre, a quien acompañó siendo niño como espectador.
Un recorrido mítico y una edición llena de incógnitas
Challenge Roth 2025 promete emociones fuertes. Como decimos, la atención mediática se centrará en el debut en larga distancia de Fred Funk. El alemán, subcampeón del mundo IRONMAN 70.3 en 2023, conoce bien estas carreteras: compitió por primera vez en Roth con solo cinco años, en la prueba infantil.
Dos décadas después, vuelve como aspirante, pero también como novato. «No me preocupa nadar ni ir en bici. Pero correr un maratón después de eso… puede salir bien o irse todo al traste», ha confesado esta semana.
Funk ha preparado la carrera junto a su entrenador Dan Lorang sin grandes cambios respecto a su entrenamiento habitual. El foco de la temporada sigue siendo la media distancia y el circuito T100, por lo que Roth será un salto al vacío para él. «Es raro sentirse principiante otra vez, pero es emocionante», afirma.

No lo tendrá fácil. El cartel masculino es potente: Sam Laidlow, campeón del mundo IRONMAN 2023, será el dorsal número uno, con la incógnita de no haber competido aún en 2025. Le siguen nombres como Tom Bishop, segundo el año pasado, el olímpico Henri Schoeman, el estadounidense Matthew Hanson y los alemanes Jan Stratmann y Andreas Dreitz. También destaca la presencia de Vincent Luis, bronce olímpico en Tokio, que continúa su transición hacia la larga distancia.
En cuanto al recorrido, Roth mantiene su trazado tradicional con ligeras variaciones. El segmento de natación transcurre en el canal Main-Donau, una línea recta de 3,8 kilómetros con dos giros, ideal para tiempos rápidos gracias al efecto de arrastre del grupo.
El sector ciclista, con dos vueltas y 1.500 metros de desnivel acumulado, combina tramos rápidos con zonas técnicas. La subida a Solar Hill, repleta de público hasta dejar un estrecho pasillo a los atletas, es uno de los momentos icónicos de cada edición. Más exigente resulta el Kalvarienberg, con un 10 % de pendiente que se sube en los kilómetros 36 y 122.
La maratón es una prueba de gestión mental. Desde Roth, los atletas corren cinco kilómetros hasta el canal y luego afrontan veinte kilómetros llanos, rectos y abrasados por el sol. Es el tramo donde más abandona la cabeza. Superado ese bloque, se regresa al pueblo para encarar los últimos diez kilómetros, que incluyen la subida a Büchenbach. Desde allí, una bajada larga y agónica lleva de nuevo a la meta, donde aguarda la explosión de emociones.
Este año, eso sí, faltará un nombre importante: Magnus Ditlev, vigente campeón y triple ganador en Roth, estará ausente tras haber competido -con polémica- el fin de semana pasado en el IRONMAN Frankfurt.
