El pasado domingo, tras abandonar en el kilómetro diez del maratón de IRONMAN Vitoria-Gasteiz, Anne Haug se quedó en una situación tan incómoda como delicada: a menos de dos meses para el Campeonato del Mundo, todavía no tiene asegurada su presencia en Kona. No porque no tenga nivel —eso nunca ha estado en duda—, sino porque aún no ha cruzado la meta en ninguna prueba IRONMAN desde que comenzó la temporada.
Lo que entonces parecía un caso aislado es, en realidad, un síntoma compartido. Porque Chelsea Sodaro, campeona del mundo en 2022, está en el mismo punto. Y como Haug, tiene una sola opción para validar su clasificación: terminar IRONMAN Kalmar el próximo 16 de agosto.
Un calendario norteamericano sin larga distancia
Chelsea Sodaro empezó 2025 con las ideas claras. En enero anunciaba que su temporada giraría en torno a las IRONMAN Pro Series y, sobre todo, al gran objetivo del año: regresar a Kona. Su plan pasaba por competir más cerca de casa, evitar el desgaste de los viajes internacionales y centrarse en pruebas en Estados Unidos y Canadá. Era, según sus propias palabras, el año de Norteamérica.
Lo cierto es que el arranque fue prometedor: segundo puesto en IRONMAN 70.3 Eagleman con un parcial de carrera a pie en 1:17:26, otro segundo puesto en Pennsylvania y una presencia destacada en el calendario norteamericano. Pero ninguna de esas pruebas era de larga distancia. Y su único intento de correr una en lo que llevamos de temporada —IRONMAN St. George, en mayo— terminó con abandono.

Desde su victoria en IRONMAN Nueva Zelanda, en marzo de 2024, Sodaro no ha vuelto a completar un IRONMAN. Y eso la deja, como a Anne Haug, en una situación límite: solo le queda Kalmar.
La estadounidense no figura en la start list de IRONMAN Lake Placid, ni hay más pruebas posibles dentro del periodo de clasificación. Y aunque su condición de campeona del mundo le da derecho a la plaza directa, la normativa es taxativa: para que esa plaza se active, hay que cruzar la meta en al menos un IRONMAN oficial dentro del ciclo de clasificación.
Sodaro tiene talento, experiencia y un pasado reciente que la respalda. Pero sin ese simple gesto —llegar a meta en Kalmar—, Kona será este año territorio vedado.
Dos campeonas, un mismo dilema
Kalmar será la última oportunidad para ambas. Y aunque el objetivo parece sencillo —cruzar la meta—, ninguna de las dos lo ha logrado en toda la temporada. Ni siquiera han tenido muchas oportunidades: entre problemas físicos, renuncias y abandonos, tanto Haug como Sodaro han acumulado meses de incertidumbre.

Y sin embargo, su presencia en Kona parece imprescindible para entender el relato del triatlón actual. Hablamos de dos campeonas del mundo, dos figuras centrales de los últimos cinco años, dos atletas con experiencia, instinto y talento de sobra para disputar cualquier carrera.
Pero el deporte no vive de los nombres. Vive de resultados. Y si el 16 de agosto no cruzan la meta en Kalmar, ninguna de las dos estará en Kona. Así de simple.
Mientras tanto, las nuevas aspirantes ya están en marcha: Julie Derron ha dado el golpe en Vitoria, Marjolaine Pierre sigue creciendo, Kat Matthews acumula actuaciones sólidas, y Laura Philipp mantiene una regularidad difícil de igualar.
Puede que las medallas estén en Hawái. Pero la historia, este año, empieza en Suecia.
