Eva Szekely, que sobrevivió al Holocausto gracias a la natación muere a los 92 años

La húngara Eva Szekely, medalla de oro olímpica en 1952 en los 200 metros braza, murió este sábado a los 92 años. Un fenómeno muy extraño de aquella época, Szekely ganó su primera medalla de oro olímpica a los 25 años, y cuatro años más tarde ganó la plata en la misma prueba de 200 metros braza a los 29 años. A Eva le tocó nadar en la época en que la braza se parecía más a una mariposa moderna. Szekely decidió que quería ser nadadora en 1936, mientras escuchaba la cobertura de las Olimpiadas de Berlín. Escuchó a Ferenc Csik ganar los 100 metros libres y en ese momento supo que quería ser olímpica. Se unió a su club deportivo local, y poco después formó parte del equipo que ganó el título nacional de aguas abiertas. Dos meses después fue expulsada por ser “una indeseable”. Tenía 14 años pero ya estaba acostumbrada al antisemitismo.

Szekely fue una destacada nadadora judía antes, durante y después del Holocausto, en el que fueron asesinados entre 5 y 6 millones de judíos en Europa, incluyendo aproximadamente el 70 por ciento de la población judía en Hungría. En 1941, fue expulsada del equipo nacional húngaro por ser judía. Se le prohibió competir. Aún así, se obsesionó más con su sueño de la infancia. Se convirtió en su razón de vivir. Cuando llegaron los alemanes “decidieron que debíamos ser exterminados, yo decidí que debía ganar las Olimpiadas”.

Más tarde, en 1944, cuando los miembros del partido de la Cruz Flechada de Hungría vinieron a acorralar a los judíos de su comunidad, su padre le salvó diciendo que estaba enferma. Los fascistas fueron a por Eva Szekely en el invierno de 1944, cuando tenía 17 años. “Me dijo mi padre que me acostara y fingiera que estaba enferma”, recordaba Eva. “‘¡Vamos! ¡Vamos!”, le gritó el hombre que fue a por ella. “Entonces mi padre le dijo: ‘Está enferma, no lo ves, ¡no puede caminar!’ y él le respondió: ‘No tiene que caminar mucho.'” Solo hasta la orilla cerca del Danubio, donde estaban haciendo la matanza.

“Algún día serás feliz por haberle salvado la vida”

“Y entonces, por alguna intervención celestial, mi padre dijo: ‘No te la lleves, es la campeona de natación de Hungría, y algún día serás feliz por haberle salvado la vida. Dile tu nombre’. Y él me miró, y yo le miré a él, tenía un ojo gris y otro marrón, y le dije mi nombre. Así es como salve mi vida, porque mi padre le dijo que era un campeona de natación y que algún día me recordaría.”

Szekely rompió seis récords mundiales, ganó 44 títulos nacionales, un oro en los 200 metros braza en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952 y una plata en el mismo evento en Melbourne en 1956. “A pesar de mis éxitos, siempre me he sentido derrotada en una cosa”, escribió más tarde. “Ninguna comunidad me acogió nunca plenamente, aunque sentí en mi corazón y en mi alma que formaba parte de mi comunidad, siempre se me hizo saber que era una extraña”.

Szekely se casaría con Deszo Gyarmati, quien fue 5 veces medallista olímpico en waterpolo (incluyendo 3 medallas de oro) y es uno de los jugadores más condecorados en la historia del deporte.

Eva Szekely y su hija Andrea Gyarmati

En 1957, la pareja visitó Viena y luego desertó a los Estados Unidos. Regresaron en 1958 a Hungría para cuidar a los padres de Szekely, momento en el que se retiró. Szekely se convertiría en una destacada entrenadora de natación en Hungría (y su marido en un destacado entrenador de waterpolo), incluyendo el entrenamiento de su hija Andrea Gyarmati, que llegaría a ser medalla de plata olímpica en los 100 metros espalda en Munich 1972 y bronce en los 200 metros espalda en los Mundiales de Natación de 1973 celebrados en Belgrado.

Después de retirarse de la natación, Szekely trabajó como farmacéutica y publicó varias obras literarias, entre ellas un cuento corto titulado “El verdadero y gran amor de mi vida en el agua”. También escribió un libro llamado “Sólo los ganadores pueden llorar”.

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