Hayden Wilde ganó la T100 French Riviera con unas zapatillas que aún no estaban aprobadas por World Athletics para su uso en competición.
El neozelandés, que lidera el circuito tras imponerse también en Londres y San Francisco, ha reconocido el error públicamente y ha asegurado que se trató de «un malentendido» con su patrocinador técnico. La infracción, aunque sin consecuencias disciplinarias, reabre el debate sobre los controles de material en pruebas profesionales y el margen que deja el reglamento ante situaciones como esta.
Prototipos no autorizados y una confusión que no exime
Wilde compitió el pasado sábado en Fréjus con las nuevas ASICS Metaspeed RAY, un modelo prototipo cuya aprobación oficial por parte de World Athletics no entra en vigor hasta el 11 de septiembre de 2025. Así figura en el listado actualizado de la federación internacional, que regula qué modelos pueden usarse en competición.
Las zapatillas que utilizó, aunque cumplen con las especificaciones técnicas exigidas, aún no están incluidas en el listado autorizado.

La marca japonesa envió el pasado 1 de agosto un correo electrónico a sus atletas advirtiendo que debían competir exclusivamente con los modelos Metaspeed Sky/Edge Tokyo, los únicos registrados oficialmente.
En ese mismo mensaje se advertía que el uso de otros prototipos podía derivar en descalificaciones. Sin embargo, no hubo ningún tipo de sanción para Wilde en Francia. Ni la PTO, como organizadora, ni World Triathlon han hecho comentarios al respecto.
Tampoco ha habido protestas por parte de otros atletas ni se detectó la irregularidad durante la carrera. La evidencia llegó después, a través de un clip donde se observa con claridad el modelo que calzaba el neozelandés. La situación deja al descubierto un vacío operativo: sin controles sistemáticos de calzado antes o después de la prueba, las infracciones pueden pasar inadvertidas salvo que haya una reclamación formal o una denuncia pública.
Wilde: «Fue un error honesto y me hago responsable»
El propio Wilde ha publicado un comunicado en Instagram en el que explica lo ocurrido. Según su versión, durante toda la temporada ha estado usando un modelo prototipo autorizado, y pensó que el par que eligió para Fréjus era el mismo. «Fue un error honesto que no detecté hasta después de la carrera», escribió. «Mi patrocinador me envió la información con tiempo, pero entendí mal el mensaje y no me di cuenta de que también aplicaba al modelo que usé».
«Como atleta profesional, es mi responsabilidad asegurarme de que el material que utilizo cumple la normativa. Y asumo toda la culpa por no haberlo verificado dos veces», añadió.
El triatleta neozelandés también quiso dejar claro que tanto el modelo aprobado como el que usó en Fréjus comparten exactamente las mismas especificaciones técnicas y cumplen con los requisitos de World Athletics. «Estoy agradecido a mi equipo por su apoyo y con ganas de volver a competir en T100 Valencia. Y sí, a partir de ahora voy a leer mis correos con más atención».
Aunque la posibilidad de una sanción retroactiva parece inviable sin una protesta formal o una revisión reglamentaria, la situación plantea preguntas incómodas. ¿Debería World Triathlon reforzar los controles previos? ¿Tiene sentido mantener una normativa que no puede hacerse cumplir si nadie reclama?
Por el momento, todo queda en un error admitido, una victoria que se mantiene… y unas zapatillas que aún no eran legales.
