Olav Aleksandr Bu, el que fuera entrenador de Kristian Blummenfelt y Gustav Iden, si por algo era conocido es por dar una vuelta de tuerca para buscar el máximo rendimiento. Las investigaciones académicas sostenían que un atleta no podría superar 2,5 veces su tasa metabólica basal (TMB) de manera sostenible sin colapsar, pero lo que el preparador noruego observó en la práctica desafiaba estos límites.
Blummenfelt, junto con su compatriota Gustav Iden, no solo desmentía estas conclusiones, sino que las superaba de manera asombrosa bajo la tutela precisa del entrenador. Su capacidad para mantener niveles de gasto energético que oscilaban entre 7.000 y 8.500 calorías diarias reescribía las reglas del rendimiento humano y ponía en tela de juicio muchos paradigmas establecidos.
La importancia de las calorías en el triatlón
Para Bu, las calorías no son solo alimento, sino una unidad de energía fundamental para el rendimiento: «no hay velocidad sin potencia, y no hay potencia sin calorías«, es una frase que Blummenfelt suele repetir. La base del éxito está en garantizar que el cuerpo reciba la energía suficiente para soportar entrenamientos extremos.
El equipo noruego perfeccionó la medición del gasto metabólico utilizando tecnologías avanzadas como sensores de temperatura interna. Estas herramientas les han permitido cuantificar el calor generado durante el ejercicio y, por ende, el gasto energético real.
En un estudio reciente, se confirmó que Blummenfelt superaba ampliamente el límite considerado sostenible de 5.000 calorías diarias, logrando rendimientos consistentes en niveles considerados imposibles.

¿Qué papel tiene la ciencia?
El estudio, titulado “Training volume and total energy expenditure of an Olympic and Ironman world champion: approaching the upper limits of human capabilities” y publicado en el Journal of Applied Physiology, es un testimonio del compromiso del equipo noruego con la investigación científica.
El equipo analizó tres años de datos de entrenamiento de Blummenfelt (2020-2022), incluyendo dos ‘training camp’ en altitud, para medir con precisión su gasto energético utilizando agua doblemente etiquetada (DLW), considerada el estándar de oro en este tipo de estudios.
Los resultados mostraron un gasto energético diario que oscilaba entre 7.019 y 8.506 calorías, superando el límite percibido como sostenible. Sin embargo, también se observó que la ingesta calórica de Blummenfelt (entre 4.899 y 6.360 calorías diarias) no alcanzaba estos niveles, lo que plantea preguntas importantes sobre el equilibrio entre gasto e ingesta.
Las lecciones que dejó el análisis
Uno de los hallazgos clave del estudio es que no se trata solo de consumir calorías, sino de asegurarse de que el cuerpo las absorba adecuadamente. Aquí entra en juego el microbioma intestinal, que juega un papel crucial en la eficiencia del procesamiento de alimentos. Para Bu, los atletas que pueden ganar peso más fácilmente podrían tener una ventaja competitiva debido a un microbioma más eficiente.
Este enfoque también desafía la cultura obsesiva del «vatios por kilogramo», común en deportes de resistencia, que puede llevar a restricciones calóricas perjudiciales: «la clave no está en limitar las calorías, sino en encontrar un equilibrio que permita al cuerpo adaptarse y desarrollarse«, señala Bu en declaraciones que recoge el medio ‘Triathlete’.
El entrenador también ha analizado muestras fecales de Blummenfelt para entender mejor cómo su microbioma afecta la absorción de nutrientes. Este nivel de detalle es un ejemplo de cómo la ciencia puede complementar la experiencia práctica para maximizar el rendimiento.
El ‘método noruego’: comer más y mejor
El enfoque noruego no consiste en consumir alimentos de alta densidad calórica sin más, sino en buscar un balance saludable. En los días de entrenamiento más intensos, Blummenfelt puede ingerir hasta 5.000 calorías en geles y mezclas energéticas, pero siempre combinadas con alimentos integrales. Según Bu, una dieta que incluya fibra y nutrientes esenciales favorece la adaptación a largo plazo del cuerpo.
Curiosamente, el estudio también resalta la importancia de adaptar la dieta a las costumbres culturales y genéticas: «comer como los japoneses no necesariamente te hará vivir más, a menos que tu microbioma esté adaptado a esa dieta«, explica. La clave está en consumir alimentos integrales propios de la cultura de cada individuo.
Otro aspecto esencial es educar a los atletas jóvenes en la importancia de una alimentación adecuada desde el principio: «hay una regla general que dice que no debemos aumentar el volumen de entrenamiento en más del 20% de un año a otro, pero hemos visto casos de jóvenes que han duplicado su volumen de entrenamiento y han tenido una respuesta perfecta gracias a una correcta adaptación alimenticia», afirma Bu.

Innovación y el futuro de la nutrición deportiva
La visión de Bu también se centra en el desarrollo de tecnologías que permitan medir con precisión la ingesta calórica. Actualmente, aunque existen aplicaciones para el seguimiento de calorías, la mayoría son imprecisas o complicadas de usar: «un día tendremos un medidor de potencia para los alimentos«, dice el entrenador. «Ese sería el sueño: un dispositivo que pueda calcular automáticamente el contenido calórico de un plato con precisión«.
El legado de Bu y el equipo noruego no solo se mide en los diferentes éxitos que han conseguido en los últimos años, sino también en cómo están transformando nuestra comprensión del rendimiento humano.
Con una mezcla de ciencia, tecnología y un enfoque holístico hacia la nutrición, han demostrado que los límites son mucho más altos de lo que imaginábamos. El trabajo que ha hecho el especialista con Blummenfelt e Iden nos recuerda que, con la combinación adecuada de conocimiento y esfuerzo, el potencial humano es verdaderamente extraordinario.
