La historia de Alistair Brownlee, el dos veces oro olímpico, es un relato de aspiraciones y evolución, una narrativa que encuentra sus raíces en los pasillos de su escuela. A punto de comenzar una nueva temporada en la que buscará volver a estar entre los mejores, él mismo ha contado en su cuenta de instagram una historia que nos debería hacer reflexionar a todos.
Cuando Alistair Brownlee era solo un adolescente, un comentario casual en los pasillos de su escuela inició una trayectoria que cambiaría su vida. “Brownlee, ¿has visto que Londres ha ganado la candidatura? ¿No sería fantástico para esta escuela si estuvieras allí?”, le preguntó un profesor. Estas palabras despertaron algo en el de York.
Como él mismo lo recuerda, “Sí, en efecto sería fantástico. Pero, la posibilidad de que yo lo lograra se sentía tan lejana que la candidatura ganadora era irrelevante. No tenía ninguna posibilidad de ser un atleta olímpico”.

«Era corredor durante la mayor parte del invierno y triatleta en verano, compitiendo regularmente por mi país y viajando a eventos por todo el mundo”, recuerda.
Sin embargo, en esos primeros años, la idea de ser deportista olímpico parecía más una ilusión lejana que una meta concreta. Era un joven lleno de talento, pero aún sin una dirección clara hacia la cúspide olímpica.
La clave: creer y entrenar
Pero todo cambió cuando conoció a Malcolm, su futuro entrenador. “Eso fue antes de que Londres ‘ganara la candidatura’. Recuerdo que Malcolm me puso un brazo alrededor después de una sesión en particular. En aquellos días, era un poco irregular en las noches de los martes. Algunos días estaba tan agotado que apenas podía correr una vuelta, y menos sprintar alrededor de diez de ellas”, relata el mayor de los Brownlee.
Fue Malcolm quien le inculcó la importancia de la creencia y el entrenamiento duro: “Tienes que creer que puedes ganar en Londres, pero… solo por un paso”.
Estas palabras se convirtieron en un mantra para el de BMC. La creencia en la posibilidad de una victoria olímpica, aunque lejana, comenzó a arraigarse en su mente. «El mensaje era claro; cree que puedes ganar una medalla olímpica de oro, pero vas a tener que entrenar muy duro durante los próximos siete años para tener incluso una oportunidad«, explica Brownlee.
Este consejo fue uno de los más significativos en su carrera, marcando un punto de inflexión. Alistair comenzó a enfocarse en mejorar su velocidad, tanto al inicio como al final de las carreras, consciente de que cada pequeño detalle contaría en su camino hacia la cima.

El triunfo olímpico y más allá
Los años de preparación no fueron fáciles. Alistair se enfrentó a innumerables retos, días de agotamiento extremo y la presión constante de alcanzar su máximo potencial. «Probablemente no sea exagerado decir que pensé en esa carrera en Londres todos los días durante esos siete años de alguna forma u otra”, reflexiona.
Finalmente, el día de la prueba, Alistair estaba listo. Su rendimiento no solo le valió la medalla de oro por delante de nuestro Javi Gómez Noya, sino que también cumplió con la promesa hecha a sí mismo y a su entrenador tantos años atrás. Su victoria fue la materialización de su creencia y su trabajo duro, una inspiración para atletas en todo el mundo.
“Creer es importante, pero no tener demasiado también fue aún más importante para mí. Llevo esa creencia a 2024, pero no demasiado”, concluye.
