Lucy Charles, la flamante Campeona del Mundo de IRONMAN de 2023 llegó a Singapur con la intención de empezar fuerte la temporada. Después de perderse la segunda mitad de 2024, había razones de peso para querer dejar huella.
«Mi preparación para esta carrera había ido realmente bien. Tuve un bloque de invierno sin interrupciones, con algunos de mis mejores números de entrenamiento en años y mucho impulso. Tenía muchas ganas de demostrarlo», ha reconocido la de Cube en su cuenta de Instagram.
Pero la semana de carrera trajo una bofetada de realidad. Un dolor de garganta fue solo el principio. «Entonces llegó la semana de la carrera, y síntomas clásicos de resfriado y gripe. Fue desesperante. Después de cómo acabó la temporada pasada, estaba desesperada por empezar con fuerza», lamenta.
En ese punto, muchas de las decisiones que los profesionales toman tienen poco que ver con la lógica médica. «He aprendido que no puedes simplemente «tirar adelante» con el cansancio que deja un virus. No funciona», afirma.

Con la experiencia de alguien que ha estado en lo más alto, Lucy reconoce que, en casi cualquier otra ocasión, no habría tomado la salida.
«Nueve de cada diez veces, no empezaría una carrera tan dura después de haber estado enferma. Esa sería la decisión inteligente», explica. Pero en este caso, el aspecto mental pesó más. «Esta fue la única vez en la que sentí que el impacto mental de un DNS habría sido peor que el impacto físico de competir. No fue valiente, ni listo, solo necesario para mi salud en general».
Un rendimiento mermado que deja una lección clara
El día de la prueba, los síntomas ya se habían disipado, pero el cuerpo no engaña. La falta de ritmo durante la semana previa pasó factura. «Para el día de la carrera, los síntomas casi habían desaparecido, pero me sentía sin fuerzas», explica la británica.
El dato no deja lugar a dudas: «Mi potencia en la bici fue la más baja que he registrado nunca, 35 vatios menos que en Singapur el año pasado».

Aun así, no todo fue negativo: mientras otras rivales se vieron forzadas a abandonar, ella se mantuvo y fue capaz de alzarse con la tercera posición. El trabajo de aclimatación al calor, que tanto esfuerzo requiere en estas pruebas, funcionó. «Mi tolerancia al calor aguantó, así que los protocolos claramente están funcionando», celebra.
La conclusión, como bien deja claro la de Cube, no va solo para los que están en la élite. «No estaba segura de si debía compartir esto, pero creo que es importante mostrar los dilemas a los que nos enfrentamos los atletas profesionales, porque a veces, las decisiones que tomamos a este nivel no deberían verse como un ejemplo a seguir».
Lo que funciona para alguien en el top mundial, no tiene por qué ser lo mejor para los demás. Y mucho menos cuando se trata de salud. «Moraleja: no copies todo lo que ves hacer a los profesionales. Prioriza tu salud y deja que seamos nosotros los que tomemos las decisiones imprudentes para que tú no tengas que hacerlo», zanja con franqueza.
