Este pasado fin de semana, ICAN Gandía celebró su duodécima edición con récord de participación y un desenlace vibrante en la larga distancia: Nacho Villarruel logró su tercera victoria en la prueba tras imponerse a Roger Manyà por apenas quince segundos, en una jornada marcada por el viento y la exigencia mental.
Tres días después, el triatleta de DESAM repasa lo vivido con la claridad de quien ha cruzado la meta al límite. «Creo que ha sido la carrera más dura que he hecho», admite. «No por lo físico, sino por lo mental. Tantas vueltas, el mismo circuito, el viento… todo se hace largo y pesado. Fue una prueba de cabeza más que de piernas».
Villarruel desmenuza así una jornada en la que todo tuvo que ver con la gestión: del esfuerzo y de un duelo sostenido con Manyà que puso a prueba su paciencia y su estrategia.
El viento cambió la carrera
Desde la natación, Villarruel marcó el ritmo y salió en primera posición. En bici, la dinámica se complicó. «Sabía que Roger iba a atacar, y que tenía que intentar seguirlo para mantener opciones», explica. No en vano, el catalán había pronosticado hacía semanas bajar de ocho horas, algo que, dada la climatología, pronto se tornó inviable: «El viento empezó a soplar con fuerza y se me voló un bidón en la última vuelta. Me quedé sin hidratación y lo noté enseguida. Pasé de mover 240 vatios con soltura a no poder sostener 200».
Aun así, Nacho logró limitar daños y mantener la diferencia. «Tenía claro que si llegaba a la carrera a pie con margen razonable, podía correr de forma controlada y alcanzarlo. Mi plan era mantenerme a 3:55 por kilómetro, sin hipotecar las piernas».

Un duelo mental hasta la meta
El punto de inflexión llegó en torno al kilómetro 18, cuando Villarruel dio caza a Manyà. Lo que esperaba que fuera un adelantamiento rápido se convirtió en una batalla prolongada. «Pensaba que cuando le llegase se quedaría atrás, pero no fue así. Estuvimos muchos kilómetros corriendo juntos, y eso fue lo más duro a nivel psicológico. Cada metro era una guerra silenciosa».
El madrileño esperó su momento. «En una vuelta decidí apretar sostenido, a ver si había suerte. Vi que empezaba a ceder y ahí me vine arriba. El público se volcó y eso ayudó muchísimo».
El desenlace, un triunfo por quince segundos, le dio su tercera victoria en tierras valencianas y el récord de la prueba. «Ya no había piernas, solo cabeza. Es una carrera que me gusta mucho, y esta vez lo ha sido aún más».
