Sam Laidlow no necesita números para justificar por qué está entre los mejores. No le hace falta decir lo que ha ganado —ya lo sabemos— ni justificar su rendimiento.
Le basta con contar lo que ha sostenido todo: la fe en su objetivo. La fe en que algún día sería campeón del mundo. Y si ya lo ha sido, sigue queriendo más.
«Lo difícil no es tener cabeza el día de la carrera», dice en el último podcast que ha grabado con EKOI, uno de sus principales patrocinadores. «Lo difícil es mantenerla durante años, seguir creyendo en tu sueño cuando no llegan los resultados, cuando parece que todo se tuerce».
Habla desde la experiencia. En 2023 ganó el Campeonato del Mundo de IRONMAN en Niza tras una temporada desastrosa, sin apenas resultados y con más dudas que certezas. Pero nunca dejó que su ambición se debilitara.

«Nunca me he permitido pensar que ser top 5 era suficiente. Siempre he querido más. Y aunque eso a veces sea un poco malsano, creo que es lo que me ha llevado a tener éxito hasta ahora».
No tiene reparo en reconocer que el entrenamiento no ha sido siempre la clave. Ni el volumen, ni los datos, ni los vatios. «Hay miles de personas que saben rellenar un libro de entrenamiento. Lo que marca la diferencia es todo lo que no se ve: la capacidad de mantener la motivación, el apoyo que tienes, la vida que construyes alrededor del deporte».
Y ahí, Sam no se esconde. «Yo entreno lo justo. Lo importante es que cada sesión tenga un propósito. O entrenas de verdad, o descansas. No vale quedarse en medio».
Obsesión con Hawái
Su historia con Kona no ha terminado. Al contrario. Tiene un plan. Y lo cuenta sin esconderse: «Quiero romper el récord en Hawái en cada una de las tres disciplinas».
Ya lo logró en bicicleta, cuando voló en 2022 con un 3h57 histórico. «Ahora quiero el récord en la maratón. Luego el de natación. Y entonces sí, tendré los tres».
No es solo por ambición, ni por ego, ni por marcas. Es una promesa personal. Un símbolo de todo lo que ha soñado desde niño. «Desde que tenía seis o siete años, sabía por qué me levantaba cada mañana: para ser campeón del mundo de IRONMAN. Y aún quiero más».
En 2022, cuando terminó segundo en Kona, sintió que su vida cambiaba. Pero no como esperaba. «Fue un momento increíble, sí. Pero luego vinieron dos o tres meses muy difíciles. Me había pasado la vida soñando con eso. Y de repente, ya lo tenía. ¿Y ahora qué?».
Aquella experiencia le hizo replantearse muchas cosas. Aprendió que no basta con ganar. Que hay que saber disfrutarlo. «No puedes vivir solo para un objetivo. Tienes que encontrar un equilibrio, disfrutar del proceso, cuidar de ti. Y eso lo aprendí tarde».
Nunca sin los suyos
Sam siempre ha querido compartir sus victorias. Y, en especial, una imagen que aún no ha conseguido. «Desde pequeño tengo muy clara una foto en mi cabeza: yo, entrando en meta, con mi familia sujetando la pancarta de campeón del mundo. Gané en Niza… pero esa foto no la tenemos».
Por eso quiere volver a hacerlo. Ganar otra vez. Quizá en Kona. Pero esta vez, con su padre, su madre y su hermano esperándole al final. «No quiero ganar con cualquier entrenador. Quiero ganar con mi padre».
