Para muchos deportistas, las etiquetas nutricionales de los alimentos (y también de su nutrición deportiva) son importantes a la hora de tomar decisiones.
De hecho, en los últimos años se han puesto de moda aplicaciones como Yuka, que lee el código de barra de cualquier producto y te brinda una puntuación en función de sus diferentes ingredientes y composición.
En un estudio de 2013 sobre la importancia de las etiquetas nutricionales para los deportistas (Athlete use and opinion of point of choice nutrition labels at a major international competition), el 79% de los atletas encuestados declaró que la información nutricional de los alimentos era importante/muy importante, mientras que un 59% la consideró útil/muy útil y un 14% aseguró haber utilizado las etiquetas todo el tiempo.
Sin embargo, una publicación del Doctor Asker Jeukendrup, reconocido investigador del deporte de resistencia y la nutrición deportiva, asegura que «las etiquetas nutricionales pueden tener sentido desde el punto de vista de la salud, pero no tienen mucho sentido para un deportista».
Un deportista no consume lo mismo que una persona inactiva
Las etiquetas nutricionales cumplen con una serie de estrictas normas que pueden variar en función del país o territorio en el que nos encontramos. La inmensa mayoría exigen que se indiquen las cantidades de carbohidratos, grasas y proteínas, además de otros nutrientes claves, como el azúcar o la sal.
Estas cantidades se suelen expresar en relación a cada 100 gramos del producto, por ración y como porcentaje de la ingesta diaria recomendada. Sin embargo, lo que no se nos ha dicho, es que todas esas estimaciones están calculadas para una persona que gasta 2000kcal al día.
Si estás familiarizado con el gasto calórico sabrás que esa cantidad es ridícula, propia de una persona muy sedentaria. Por desgracia, por término medio vivimos en una sociedad bastante inactiva.
Un mayor gasto energético puede modificar nuestras necesidades
Como comentamos, los porcentajes recomendados en las etiquetas nutricionales pueden ser adecuados para una persona media de nuestra sociedad. Sin embargo, en el caso de un deportista, las necesidades varían.
Un entrenamiento en bici por sí solo ya puede suponer un gasto de 2.000 kcal y es casi imposible que una persona activa gaste únicamente esa cantidad de energía al día. Así que es inevitable que nuestras necesidades varíen.
Necesitamos más sal
Aunque el concepto que se te tiene de la sal es bastante negativo, se cree que puede aumentar la presión arterial y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, en el caso de los deportistas es un aliado.
Estos sudan más, pierden más sal y, por tanto, también necesitarán reponer más sal. Por eso no debemos seguir las indicaciones generales que vemos en los envases. Un deportista casi siempre tendrá necesidades de sal superiores.
La importancia del sodio
El sodio es el electrólito de mayor importancia, dado que es el encargado de facilitar la absorción agua. Por tanto, en el caso de los deportistas, interesa más este dato que el de sal en cuestión. Sin embargo, en muchos productos no se hace mención a este valor
El azúcar no siempre es malo
El Doctor Asker Jeukendrup apunta a que «la indicación del azúcar en los productos de nutrición deportiva también es cuestionable». Dado que la importancia realmente radica en conocer el comportamiento de un determinado carbohidrato.
¿Qué quiere decir con esto? Aunque la fructosa y la galactosa también son azúcares, ambos se comportan de manera muy diferente a la glucosa. La respuesta de la insulina es mucho más baja en estos azúcares y la energía que proporcionan es más lenta. Pero, a pesar de sus diferencias, los tres se engloban bajo el nutriente «azúcar».

Precisamente lo contrario ocurre con la maltodextrina y el almidón de amilopectina: no son azúcares, pero se comportan de forma idéntica a la glucosa. Ambos provocan una respuesta similar de la insulina y se utilizan rápidamente como energía.
Uno de los grandes problemas entorno al azúcar pasa por la extendida creencia de que siempre es «malo». Por desgracia, es mensaje es equivocado, ya que depende del contexto.
Un ciclista de una Gran Vuelta necesitará sólo una hora para superar la ingesta de azúcar recomendada. Imaginad en una etapa 200 kilómetros…Por eso Jeukendrup enfatiza la importancia del contexto y, asegura: «Generalizar puede ser peligroso».
No está toda la información que necesitamos
Más allá de la información global que aportan las etiquetas nutricionales a los deportistas, Jeukendrup señala que lo realmente útil sería «conocer las proporciones exactas de los diferentes carbohidratos».
¿Cuánta fructosa hay en un producto y cuánta maltodextrina? Esto determinará cómo funciona un alimento en nuestro rendimiento. «Las mezclas de glucosa y fructosa (en la proporción correcta) pueden ingerirse en cantidades elevadas sin problemas gastrointestinales y pueden aportar algunos beneficios«, explica el Doctor.
Sin embargo, no ocurre lo mismo si las proporciones son inadecuadas. «Pueden causar más problemas y no tener efectos, o incluso que sean negativos, en el rendimiento«.
Tienen pautas erróneas
Por otro lado, muchos productos de nutrición deportiva suelen incorporar en sus envases ciertos consejos o pautas respecto a la ingesta de los mismos. «Tome una pastilla cada 30 minutos» o «tome dos geles por cada hora». Pero esto se aleja mucho de la realidad, porque no tiene en cuenta el principio de individualización, fundamental en el deporte de resistencia.
No es lo mismo correr a 30º que hacerlo a 14º, como tampoco es lo mismos enfrentarse a un 10K como a un maratón. Las circunstancias y, por tanto, las necesidades son totalmente diferentes.
Conclusión
Es bueno conocer los diferentes valores nutricionales, pero no te dejes guiar por sus recomendaciones. El ejercicio físico, y más concretamente el entrenamiento exigente, modifica por completo las necesidades de macronutrientes, de sodio, de sal y probablemente de otros micronutrientes.
Además, existe información engañosa o irrelevante (como la cantidad de azúcar frente a la de otros hidratos de carbono) y se echa en falta otra información útil (proporciones de hidratos de carbono).
