La temporada 2025 se ha convertido en un punto de inflexión para Lionel Sanders, o eso deja entrever en su último vídeo de Youtube. Después de más de una década persiguiendo un título mundial, Sanders ha alcanzado un punto de madurez en el que sus prioridades han cambiado. Ya no se trata solo de ganar, sino de rendir al máximo según sus propios estándares.
«No sé por qué lo llamamos un objetivo. Eso es un sueño. Ganar el Mundial es un sueño», explica, reconociendo que la frontera entre lo que desea y lo que puede controlar es más fina de lo que parece. Por eso ha decidido dividir su temporada en metas internas y externas. Las primeras, bajo su control. Las segundas, sujetas al caos de la competición.
«En los entrenamientos necesitas un objetivo externo. Si no, ¿para qué entrenas? Si solo quisiera hacer ejercicio, me bastaría con subirme a la bici una hora sin rumbo», reflexiona. Sin embargo, esa motivación extrínseca no puede convertirse en un ancla: «Si voy a una gran carrera y hago 370 vatios y no gano, al menos sé que he cumplido con lo que me propuse. Eso es suficiente para mí».

Ese número, 370, no es casual. Es el umbral que él considera imprescindible para optar a una victoria importante. «Si no sales en el grupo delantero del agua, necesitas sostener 370 vatios durante dos horas. Ese es el mínimo», dice sin dudar. Por eso estructura sus sesiones para trabajar en torno a esa potencia. Y si no llega, lo interpreta como una señal de que algo no está funcionando.
«Hoy, por ejemplo, haré series de 5 minutos. Si tengo que hacer series de un minuto, lo haré. Pero deben ser a 370. No se trata de sobrevivir a un entrenamiento, sino de trabajar en lo que me acerque al objetivo».
Un camino largo, lleno de ajustes
El de Canyon ha aprendido que no se puede reinventar por cada derrota. Después de quedarse a las puertas del título en Kona 2017, se dejó arrastrar por la idea de que solo necesitaba mejorar medio punto porcentual. Fue un error.
«Perdí por un 0,5 %. Lange fue un 0,5 % mejor que yo. Y pensé: “Eso lo puedo mejorar”», recuerda. Pero no fue tan simple. En 2018, tras ser superado por Jan Frodeno en todas las disciplinas en Oceanside, entró en pánico: «Literalmente tiré por la borda todo lo que sabía solo porque me batió nadando, en bici y corriendo. Eso no tiene sentido. No debería haberme afectado tanto».
Sanders reconoce que esa reacción fue fruto de la inseguridad. «Lo lógico habría sido llegar a casa y analizar por qué me superó en todo. Pero pensé que todo mi sistema no valía. Eso es inseguridad pura». Con los años ha entendido que no puede cuestionarse a cada paso, sino fortalecer su propio criterio: «Me ha costado 12 años como profesional llegar a este punto».

Ahora, su brújula es interna. Y eso le permite aceptar lo que no puede controlar. «Hay cien tíos que este año quieren ganar el Mundial. Pongamos que veinte tienen opciones reales. Solo uno lo conseguirá. ¿Somos los otros diecinueve unos fracasados? Pues sí, si solo cuentas el objetivo externo. Por eso necesitas uno interno también».
«Quiero terminar una carrera y pensar: “Ha sido excelente”. Que todo lo que hice en la preparación y en la ejecución haya sido excelente. Entonces podré pasar página. Ese día estaré satisfecho».
Ni siquiera ganar sería garantía de plenitud. De hecho, duda de que la victoria garantice una emoción auténtica si no ha habido un proceso profundo detrás. «No sé qué se siente cuando ya sabes que vas a ganar. Me parece que eso tiene que ser muy vacío», reconoce. «Yo no sé si puedo ganar. Si algún día lo logro, no será una sorpresa, pero sí algo que me habrá costado todo. Todo».
Por eso insiste en que un buen objetivo no es necesariamente aquel que sabes que puedes alcanzar, sino aquel que te obliga a transformarte: «Un objetivo de verdad es tan difícil que ni siquiera sabes si puedes lograrlo. Pero es eso lo que te empuja. Eso es lo que hace que te reinventes una y otra vez».
«Lo más satisfactorio que he hecho en mi vida, aparte de casarme con Erin y tener a Levi, ha sido marcarme objetivos y trabajar para alcanzarlos», afirma. Y en ese camino sigue, sin promesas, sin atajos, solo con la voluntad de hacerlo bien. De hacerlo como él cree que se tiene que hacer.
