Sara Pérez regresa al circuito IRONMAN 70.3 este domingo en Niza. No lo hace en las condiciones más favorables, ni desde el punto de vista del entrenamiento ni del contexto competitivo, pero sí con la motivación de probarse en un terreno, con un fuerte desnivel, poco habitual para ella.
La catalana ha elegido Niza como vía para intentar la clasificación al Campeonato de IRONMAN 70.3 de Marbella del próximo mes de noviembre. Reconoce que la decisión fue rápida y algo impulsiva: «Era eso o correr la semana pasada en Países Bajos. En un calentón de los míos, decidí intentarlo en Niza y salir un poco de mi zona de confort».
La prueba, que comienza a las 6:20 de la mañana, contará con triatletas de primer nivel como Jessica Learmonth, que llega tras subir al podio en Vancouver, y la estonia Kaidi Kivioja, con experiencia en la franquicia IRONMAN y varias participaciones en el circuito T100.
Las locales Julie Lemmolo y Léa Riccoboni también buscarán hacerse notar en una carrera sin favoritas claras más allá de la británica.

Entrenamientos irregulares, calendario limitado y una decisión arriesgada
Después de competir en Samorín a mediados de mayo en The Championship, donde se vio forzada a abandonar tras una caída, Sara Pérez aprovechó una semana de descanso en Oropesa. A partir de ahí, comenzó a entrenar sin un plan específico tras la noticia de que Jaime Menéndez de Luarca dejaba de ser su entrenador.
A partir de ahí, han pasado cuatro semanas en las que ha aprovechado, ya por fin, a retomar la rutina bajo las órdenes de Pablo Dapena. No han sido semanas fáciles.
Durante dos de esas cuatro semanas ha estado viajando y compitiendo junto a Susana Rodríguez Gacio, lo que ha condicionado su carga de trabajo. Lo reconoce sin rodeos: no ha entrenado todo lo que habría querido.
Aun así, asegura que a IRONMAN 70.3 Niza no llega mal. «Todavía hay cosas que no me salen. El otro día, por ejemplo, en una transición complicada tuve que pararme a mitad de la carrera a pie porque no podía más», explica la de 226ers. Sabe que necesita tiempo para asentarse en esta nueva dinámica, pero ha optado por no esperar más.

El perfil de Niza, la climatología y el objetivo de clasificación
El recorrido ciclista de Niza es, sobre todo, exigente: algo más de 1.200 metros de desnivel que se acumulan prácticamente en los primeros cuarenta kilómetros.
Tras un tramo de aproximación de nueve kilómetro llega un puerto tendido que se combina con un falso llano, una bajada larga en la que hay que seguir pedaleando y otro repecho antes del descenso final. Un circuito técnico en el que Gustav Iden, ahora hace seis años, se hacía con su primer título de Campeón del Mundo de IRONMAN 70.3.
A esto se suma el calor y la humedad que están marcando los días previos. La catalana es clara: no es una carrera para salir a lo loco. La gestión será clave, tanto en la aproximación al puerto como en el retorno. «Hay que guardar balas en la bici para tener fuerzas después, porque incluso la bajada exige», afirma.
La media maratón tampoco da tregua. No hay sombra, el calor será protagonista y la humedad complica aún más la situación. «Va a ser importante hidratarse bien y saber medir, porque no es un tipo de circuito que yo haya preparado de forma específica», admite.
El objetivo es claro: necesita ser primera o segunda para asegurar el billete a Marbella. No hay margen para errores. Tampoco para especulaciones.
«Esta carrera se ha convertido más en un reto personal que en una búsqueda de rendimiento como tal», subraya Sara. No hay presión, pero sí intención. No hay promesas, pero sí un compromiso con lo que representa volver a competir al más alto nivel.
