El regreso de Gustav Iden, Campeón del Mundo de IRONMAN en 2023 a los puestos de honor llegó con un tercer puesto en IRONMAN 70.3 Oceanside, dentro de un guion que ni él mismo habría imaginado: «Antes de la prueba dije que ganar sería muy sorprendente, y que mi ambición era entrar en el top 8», ha contado en el podcast de su empresa de entrenamientos, Santara Technology.
En una competición marcada por los abandonos, pinchazos y fugas, el noruego fue el primero de los suyos en cruzar la meta. «¿Quién lo iba a decir? Que de los noruegos fuese yo el mejor colocado… no lo habría pensado».
La prueba fue exigente desde el inicio. El agua helada en la víspera encendió las alarmas, y se corroboró en competición. Otros rivales, como Patrick Lange o Ben Kanute, sufrieron de una temperatura del agua por debajo de quince grados.
Ya en carrera, Gustav supo manejar la situación: «La natación en sí no fue increíble, pero estuve en control. Salí justo detrás de Kristian, lo que me dio cierta tranquilidad». A pesar del sol de cara en la vuelta, logró mantenerse en un grupo con referencias claras.
En un recorrido sin reconocimiento previo y plagado de baches, Gustav fue encontrando su sitio en la bici, logrando hacerse con el tercer mejor dato de potencia de su carrera profesional para una hora. Según cuenta, le era relativamente sencillo sacar watios. No obstante, un buen segmento no va solo de los datos: «Mi sistema no está tan afinado como mis vatios. El motor está, pero no tengo aún el chasis para sostenerlo cuatro horas», comenta en la entrevista. Esa diferencia terminó pasándole factura en la carrera a pie.

Entre sensaciones encontradas y lecciones para el futuro
Ya en la carrera, tuvo un inicio optimista: «Salí con Sam Appleton y me dijo que quería hacer 1:12. Pensé: perfecto, corro con él. Pero me vine arriba y pasé a liderar. Los primeros 6 km fueron facilísimos». Aun así, reconoció que ese impulso inicial le pasó factura: «Cuando llegué a ponerme en cabeza me sentí fuerte… hasta que dejé de estarlo. Me fui apagando poco a poco».
Gustav, explica, intentó jugar sus cartas con cabeza: «Me puse delante del grupo para tirar, pero no quise comerme todo el viento. Probé a reservar para luego atacar, pero no tenía cartas ganadoras. Fue como jugar al póker con un tres y un cuatro sin palo».
La falta de nutrición adecuada también pesó: «Perdí un bidón y no quise abusar del avituallamiento. No sabía cuántos carbohidratos llevaba eso y no lo entreno. Tomé menos geles de los que debería».
Ya con Lionel pasando por delante, el podio parecía alejarse, pero supo aprovechar la caída de ritmo del estadounidense: «Nada me indicaba que Seth tuviera otra marcha, así que cuando se vino abajo pensé que podía volver al tercer puesto». Y lo consiguió, tras una media maratón de 1:13:34 que no le dejó del todo satisfecho. «No fue un mal crono, pero tampoco increíble. Con las condiciones que había, esperaba correr algo más rápido».
Sobre su estado general, el noruego fue claro: «Mi forma general es buena, pero mis músculos no están listos aún para correr 21 km a tope. Estoy muy, muy dolorido, sobre todo en los cuádriceps y los isquios».
Sin embargo, su conclusión no es de preocupación, sino de enfoque: «No me siento relajado, y eso es positivo. Ahora tengo que hacer que cada sesión cuente en estas tres semanas hasta Texas. No tengo tiempo que perder».
Sin móvil desde hace semanas por una caída durante un entrenamiento, su vida ha ganado en simplicidad: «La vida sin teléfono es increíble. Tiempo no tengo, pero tranquilidad sí». Un detalle más de alguien que parece estar reencontrando no solo su forma, sino también el equilibrio.
