Hayden Wilde se estrenó en el T100 World Tour con una victoria arrolladora en Singapur, bajo un calor asfixiante y una humedad que exprimió al máximo a los triatletas. El de Orca se impuso con autoridad en meta tras una gestión impecable de la carrera, que el mismo contaba en línea de meta en una entrevista disponible en Youtube.
En el agua, lejos de obsesionarse con la cabeza, optó por la inteligencia. «La natación fue muy dura desde el principio. Estaba en el primer grupo alrededor del primer pontón, pero iban demasiado rápido y sabía que si intentaba seguirles me iba a reventar, así que decidí aflojar un poco».
«Me dejé llevar a pies y me sentí bastante cómodo» continúa. «Ya en el segundo kilómetro empecé a hacer mis propios movimientos para colocarme mejor, así que quedé bastante satisfecho».
A partir de ahí llegó, tanto para él como para el resto de participantes, la verdadera prueba de fuego: un segmento ciclista duro, con desnivel corto pero intenso, a altísimas temperaturas y sin una sola nube. Pero Hayden sabía qué tenía que hacer, apretar al principio, tras salir de la T1 y después gestionar: «Solo tardé unos kilómetros en llegar al grupo delantero. Rico Bogen salió fortísimo las tres primeras vueltas, fue impresionante», señala.
En vez de dejarse llevar por el ritmo del grupo, impuso su propio control: «Tardamos unos 40 minutos en estabilizarnos. Yo decidí hacer lo mío, que era centrarme en mover los vatios que quería mover».
Una carrera medida al milímetro en condiciones límite
El triatleta, que cuenta con Javier Sola en su equipo de trabajo, explicó cómo lidió con el esfuerzo en bici sin salirse del guion. «La frecuencia cardíaca iba altísima, creo que a todos nos pasó lo mismo. El calor, el sol, sin sombra… fue muy duro».
En cada ascensión, tuvo que vigilar sus límites. «Subías y te ibas a 165 ppm, algo que no suelo ver en bici. En las bajadas intentabas no pedalear, pero tenías que hacerlo, y eso hacía que apenas pudiera bajar de 150. Me moví entre 150-160 casi todo el rato».
También compartió sus datos de potencia: «En las subidas promediaba 380 vatios, y en llanos y bajadas entre 280 y 300. Había que ser muy conservador y evitar pasarse. Sabía que si superaba los 400 vatios en los puertos me podía meter en problemas».
En la carrera a pie, donde marcó un impresionante parcial de 1:01:46, volvió a apostar por el control. «Era cuestión de estar en control, corriendo a un ritmo que me permitiese mantenerme por debajo de un umbral de pulsaciones. Sabía que así acabaría los 18 kilómetros en buen estado».
Esa gestión inteligente marcó la diferencia en un día en que muchos otros, como Frederic Funk, no lograron adaptarse. El alemán, subcampeón del Mundo de IRONMAN en 2023, reconoció tras cruzar la meta que había peleado más consigo mismo que contra el cronómetro: «Los músculos se me agarrotaron desde el agua. Ya en los días previos me notaba tenso en cuanto aceleraba. Aun así, decidí acabar».
