¿Cómo afecta el sexo a nuestro rendimiento deportivo? ¿Y el deporte a nuestra vida sexual?

El sexo fue tradicionalmente un tema tabú en la sociedad pese a que forma parte de la vida de todo el mundo. Poco a poco se han ido eliminando prejuicios y, aunque todavía sigue siendo un tema algo “escabroso”, actualmente se habla y escribe  de él sin tabúes.

Este hecho también se plasma en el mundo del deporte. Hasta hace unos años,  existía la arraigada creencia que tener sexo los días previos a una competición era perjudicial porque debilitaba, reducía el rendimiento y era una fuente de distracción para el deportista.  Actualmente sabemos que esta prohibición se originaba más en aspectos morales que en una realidad biológica. Numerosos estudios científicos han demostrado que el  sexo pre-competición no sólo no es perjudicial sino que es incluso beneficioso.  Pero del sexo pre-competitivo ya hablamos largo y tendido en esta revista hace más de un año. En el artículo de hoy hablaremos de todo lo que se sabe y “se habla” acerca de la relación sexo-deporte para que luego cada uno haga lo que le plazca y nunca mejor dicho.

El binomio sexo-deporte, se puede abordar desde varios puntos de vista. En primer lugar, ambas son actividades físicas que tienen aspectos en común de los cuales hablaremos. En segundo lugar,  analizaremos los efectos e impacto que el sexo tiene en la vida del deportista y viceversa, es decir, cómo afecta el deporte en la vida sexual de cualquier persona.

Aspectos en común entre el sexo y el deporte

Ambos son dos de los grandes placeres mundanos. Durante ambos, se libera una serie de sustancias, neurotransmisores y hormonas que conducen a sensación de placer y bienestar. Uno de ellos que se eleva tanto cuando practicamos deporte como sexo es la dopamina, que es responsable, entre otros efectos de la motivación, la regulación del sueño y del apetito, el buen humor, la concentración, el aprendizaje, la actividad motora, etc. Una vida activa, tanto deportiva como sexual, conduce a que tengamos niveles de dopamina más altos de forma persistente y ello contribuye a nuestra salud y bienestar mental y además, dado que esta sustancia se relaciona también con la motivación, cuando se eleva a consecuencia del deporte o del sexo, aumenta las ganas de volver a practicar una u otra actividad (o ambas dos). Digamos que ambas actividades se retroalimentan mutuamente de forma positiva.

Aunque es bien cierto que el sexo y el deporte tienen mucho en común y que el sexo puede considerarse una actividad física, hay que desterrar el falso mito que “el sexo es como hacer deporte”. Todos hemos oído o incluso creído y dicho que el sexo quema calorías y es una “actividad cardiovascular” lo que significa que puedes quemar grasas de igual manera que si practicas ejercicio. Si pero NO. Cierto es que, practicando sexo, uno se mueve, suda, el ritmo cardiaco se acelera y quema calorías, más o menos según cómo y con quién se practique pero cuidado. De media, las relaciones sexuales duran entre 10 y 22 minutos,  incomparable a cualquier sesión de entrenamiento y además, desde un punto de vista de esfuerzo físico y energético, el sexo no es más que una actividad física muy ligera, tanto es así que equivale a un paseo ligero o a subir unos 20 escalones. Esto es francamente poco para considerarlo una actividad deportiva en sí mismo.

Así que el sexo, si bien es una actividad física,  no es un sustitutivo del deporte para nadie. Pero sí que es un buenísimo complemento de la sesión de entrenamiento diaria, algo así como un bonus extra, tanto físico como mental.

El sexo, complemento perfecto para el deportista

Son varias las razones que convierten al sexo en un buen aliado del deportista. Parte de un entrenamiento físico adecuado, es también un sueño reparador que nos permita descansar bien por las noches y así poder asimilar el esfuerzo físico del día y favorecer la recuperación de nuestros músculos. En este aspecto, el sexo es un buen aliado dado que es un potente inductor del sueño. En cada orgasmo, nuestro organismo favorece la producción de prolactina y oxitocina, dos hormonas esenciales para un sueño de calidad.

Por otro lado, el orgasmo, entre sus muchos beneficios, también actúa como analgésico natural, ya que, durante su manifestación, intervienen neuronas espino-talámicas, relacionadas con la sensación de excitación y relajación que, además de ser muy agradables, mitigan el dolor, especialmente el muscular, como las “agujetas” y los calambres musculares. Algunas investigaciones afirman que este efecto puede permanecer en nuestro cuerpo durante dos o tres días, contribuyendo así a ser un buen aliado para después de un entrenamiento o competición, si a uno le quedan fuerzas para ello.

Efectos del deporte en la vida sexual

Un estilo de vida saludable- y el deporte casi siempre va acompañado de un estilo de vida saludable- es básico e imprescindible para una vida sexual satisfactoria, por lo que practicar deporte junto con unos hábitos alimenticios saludables ayuda a mantener una vida sexual activa y satisfactoria.

En este punto conviene puntualizar ya que, el deportista, por su condición de deportista, en determinados momentos y circunstancias puede no estar por la “labor”. Cuando uno es joven,  no importa lo duro que haya sido el entrenamiento del día,  después rendirá igualmente en otros menesteres extradeportivos. De la misma manera, cuando uno es un chaval, puede pasarse una noche sin dormir y después rendir igual en la sesión de entrenamiento.

Pero a partir de la cuarta o quinta décadas, ya no somos lo que éramos… Uno ya no se recupera tan rápido, ni de los entrenamientos y competiciones ni de las noches locas así que puede ser tarea difícil compaginar ambas cosas sin fracasar en el intento. Creo que todos los que hemos sobrepasado las cuarenta primaveras hemos llegado alguna vez (o muchas) a casa después de un entrenamiento o competición molidos e incapaces de hacer algo que no sea tirarse en la cama para hacer nada. Evidentemente esto puede pasar y pasa de forma puntual pero no debería ser a diario ni la norma.

El deporte no debería mermar nuestra energía hasta el punto de no poder llevar una vida afectiva y/o sexual más o menos normal, entendiendo que la normalidad en este aspecto es relativa y depende de cada persona. A partir de cierta edad, si queremos mantener una vida sexual activa lo mejor es realizar actividades físicas moderadas que nos permita “rendir” tanto en el deporte cómo en otras esferas de la vida.

Disfunción erectil

Otro beneficio del deporte en el terreno sexual es que puede prevenir la disfunción eréctil. Uno de los fenómenos fisiológicos más importantes que se producen durante la función sexual es la dilatación de los vasos sanguíneos de la zona genital, tanto masculina como femenina, aportando un flujo importante de sangre. Éste fenómeno es el responsable de la respuesta eréctil por lo que es fácil pensar que el deporte nos ayudará a prevenir la aparición de problemas asociados a la  disfunción eréctil en los varones y a mejorar la experiencia sexual en el caso de las mujeres. A esto hay que añadirle que el deporte combate la mayoría de factores de riesgo cardiovascular y patologías derivadas y éstos, sobretodo la diabetes, son responsables de trastornos sexuales asociados mayoritariamente a la  disfunción eréctil en hombres o problemas de lubricación en mujeres.

Otra ventaja que tienen los deportistas en el terreno sexual es su buena forma física. Salvando aquellas noches en las que estamos exhaustos por entrenamientos o competiciones y no servimos para nada, la buena forma física se hace notar en otras “actividades extradeportivas”. Hablando claro, una buena condición física aumenta la resistencia en el terreno sexual. Además la flexibilidad y agilidad, importantes en el terreno sexual,  también suelen ir a la par con el entrenamiento deportivo.

Por otro lado, el deporte evita el sobrepeso y, en cierta medida,  ayuda a mantenernos y a sentirnos más guapos y atractivos, aumentando así la autoestima, la sensación de deseo y de sentirnos deseados, cosas básicas para la actividad sexual.

Y por último nombrar a las ya tan conocidas endorfinas que corren por nuestras venas cuando practicamos deporte. La liberación de endorfinas que conlleva el ejercicio físico, ayuda a que estemos más contentos, de mejor humor y con más ganas de “todo”. Además de los conocidos efectos analgésicos, euforizantes y antidepressivos, las endorfinas aumentan la líbido o apetito sexual.

Cómo ya hemos dicho en otros artículos… ¡Sexo, deporte y rock’n’roll!

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