Demostrado, los ciclistas estamos emocionalmente apegados a nuestras bicis

Cariño, ¿la bici o yo? A lo mejor soy un poco radical, pero a todos nos han hecho esta pregunta alguna vez de una u otra forma cuando pasas horas con ella los fines de semana y siempre que tienes un hueco. Hasta ahora podríamos considerarnos unos incomprendidos, pero desde que una investigadora de la Universidad de Alberta, en Edmonton (Canadá) descubriera en 2015 que la personalidad de cada ciclista está unida a la de su bicicleta. Es decir, que entre nuestra bici y nosotros existen fuertes lazos emocionales. Una conclusión que creo que a pocos lectores de esta revista les sorprendan ya que pasamos mucho tiempo sobre las dos ruedas y se llegan a establecer hasta conversaciones con las bicis. Algunas de ellas tienen hasta nombre propio, y cuesta desprenderse de ellas cuando te pasas a una nueva… ¿o no?

La investigadora de este estudio en la Universidad canadiense ha sido Karly Coleman, que ha entrevistado a un total de 28 apasionados del ciclismo para comprender cómo era la relación que se establecía entre su identidad como persona y sus bicicletas. Coleman confirmó que cada ciclista establecía fuertes lazos emocionales con su bici, y en muchos casos estaban muy apegados a ellas. La libertad de movimiento que ofrece la bici y la manera de poder moverse en el mundo gracias a ella es uno de los aspectos mejor valorados de los participantes del estudio. Además, era una manera de poder conocer mejor las ciudades donde vivían, saliendo cada vez por rutas diferentes.

“Conoces tu barrio hasta el último detalle, te sabes todas las señales de tráfico, lo que hacen tus vecinos, el perro que ladra cuando tú sales pronto… Hace que conozcas los sitios de una manera muy peculiar”, dice Coleman.

Las relaciones que se establecen en bici, únicas

Una de los principales consecuencias positivas de andar en bicicleta son las amistades que se hacen y las experiencias únicas que solemos tener todos con nuestras grupetas. Momentos y situaciones, sin duda, únicas. “Esto crea el deseo de salir en bici con más frecuencia”, dice Coleman. “Experimentas muy buenos recuerdos cuando sales con tus amigos. Por eso la gente vive los robos de bicis de forma dramática, por lo que significa perder tu bici.”

Un coche, por el contrario, no te permite conectar tan íntimamente con el entorno como hace una bici. Cuando vas en coche y te encuentras a un amigo es muy raro que pares y bajes la ventanilla para saludarle. Son conversaciones diferentes, que nada tienen que ver con los lazos que se establecen cuando vamos al aire libre y estamos encantados de saludarnos y hablar de nuestras próximas pruebas.

 

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