“El atletismo me fortaleció como persona”

A Valeria Barón siempre le gustó correr, incluso antes de saber que existía el atletismo. Desde muy chica, le gustaba jugarles carreras a los varones. Y ganarles. A los nueve años, su papá la llevó a una carrera cuya distancia no recuerda, pero cuya medalla atesora. Fue recién a los 13 cuando se decidió a entrenar en serio, motivada por un vínculo frenemy (esa mezcla de amistad y rivalidad que se da en algunas relaciones):

– Una amiga, con la que tenía una relación de amor-odio (y con la que hoy ya no somos amigas), entrenaba. Yo le quería ganar en algo, era lo que más me atraía en ese momento. Al final no pasó, porque no corríamos las mismas pruebas, así que no nos pudimos enfrentar. Hoy le debería decir gracias: si no hubiera sido por ella, yo no habría hecho atletismo.

Diez años después de aquel impulso adolescente que la llevó a encontrar un modo de vida, Valeria fue parte del equipo argentino que ganó la medalla de bronce en la posta 4 x 400 metros con vallas del último Campeonato Sudamericano de Atletismo. Con récord nacional incluido: junto a Fiorella Chiappe, María Ayelén Diogo y Noelia Martinez, obtuvieron un registro de 3m36s76.

De Eldorado al CeNARD, sin escalas

Sus primeros dos años en el atletismo los vivió en Eldorado, la ciudad misionera donde se crió. El talento muy superior a sus rivales locales inmediatamente llamó la atención a nivel nacional y, luego de participar en los Juegos Evita, le propusieron mudarse al CeNARD, donde vive desde hace ocho años.

En el balcón de la pieza que comparte con la rugbier Yamila Otero, con vista al estacionamiento y a 800 metros de la pista donde entrena cada día, transcurre la charla con atletas.info.

– Me vine a los 16, y no lo pensé demasiado. Los cambios grandes en mi vida nunca los pensé demasiado, porque creo que, si pensás mucho, después no hacés. No soy de las que puede asimilar demasiado las cosas: tengo que ir y hacerlas, nomás. Me vine a vivir de un día para otro. Dije “Mamá, me quiero ir”, aunque no tenía mucha idea ni siquiera de lo que era el CeNARD.

Solamente sabía que quería venir a correr porque estaba entrenando mucho y allá iba a tener ciertos límites para poder seguir mejorando. No lo pensé demasiado. Creí que iba a ser algo temporal, de un año; no creí que iba a seguir hasta el día de hoy en Buenos Aires. El choque de venir de una provincia a Capital fue fuerte, porque los hábitos, las rutinas, son completamente diferentes. Pero me acostumbré al ritmo de acá y me terminó gustando.

– ¿Cómo fue el primer día?

– Me acuerdo de las sensaciones: miedo, ansiedad, nervios. Era todo nuevo. Pasé de dormir en una habitación con mi hermana a estar con una desconocida que pasaba la misma situación que yo, viniendo de una provincia del interior a seguir un sueño. Vi que estábamos todos pasando una misma situación y eso está buenísimo, porque te acompaña mucho el saber que otros están igual que vos. No sos la única que está sola ahí sin su familia.

Valeria Barón, siempre preparada
Valeria Barón, siempre preparada

– Llegaste sin saber demasiado sobre el lugar en el que estabas ni el atletismo en general, ¿te sorprendió encontrarte con que tenías un nivel tan bueno a nivel nacional?

– Sí y no. En ese momento, al ser más chica, las cosas no me sorprendían. Hoy trabajo por las marcas, para clasificar a ciertos torneos. En ese momento, yo creía que iban a salir solas. Y salían solas. Era así, medio inconsciente para correr. Cuando sos chica, no asimilás demasiado las cosas. Vas, corrés y listo. Creo que está buenísimo, porque no pensaba demasiado en qué tenía que hacer; iba y lo hacía.

– ¿Se pone más difícil cuando se piensa mucho? ¿Hay más presión?

– Hay veces en las que sale muy bien: mis mejores marcas fueron hechas bajo presión. Pero el gasto de energía que hacés para correr bajo presión es totalmente distinto al que tenés cuando no hay presión. Presionada, en realidad, te vas a sentir siempre, porque nosotras hacemos un deporte que es por marca individual: no importa contra quién corras, siempre tenés la posibilidad de mejorar tu propia versión. Pero obvio que no es lo mismo competir en un torneo donde no haya demasiado nivel que hacerlo en un Juego Panamericano, donde hay chicas de Estados Unidos, que son las más rápidas del mundo.

El balance de Valeria Barón

– En el Sudamericano ganaste el bronce en la posta, pero tuviste una actuación por debajo de lo que esperabas en la prueba individual, ¿cómo volvés en un caso así? ¿Qué te pega más?

– Me planteo cada situación como una carrera totalmente distinta. Soy la misma atleta, pero una persona distinta en cada disciplina. La posta es la única prueba en conjunto que hay, y la dinámica es diferente: no te podés dar el lujo de hacerlo mal, porque hay otras tres chicas que dependen de vos. En la prueba individual estaba para correr mucho mejor. Salí muy bien, pasé las primeras dos vallas muy bien, pero tuve un error muy fuerte en la tercera y me salí de la carrera, me desenfoqué totalmente. No pude volver a concentrarme. Quería enfocarme, pero me quedé afuera.

– Si te pregunto cómo te fue en Lima, entonces, ¿qué decís?

– Bien, obvio. Si a cualquier tipo de error que tengas no le ves el lado bueno o positivo, teniendo en cuenta que entrenamos todo el año por una carrera, te tenés que tirar de un décimo piso. Siempre trato, por más mala que haya sido la carrera, de verle el lado bueno, la enseñanza, para seguir aprendiendo. Es un deporte como cualquier otro, que te da revancha siempre, y la oportunidad de resurgir de donde sea. Te puede ir pésimo en esta carrera y dentro de tres semanas estar excelente. Un atleta no es un resultado malo o un resultado bueno, hay toda una historia atrás de eso.

– ¿Es fácil resetearse así?

– No, porque entrenás mucho para algo y después no sale, entonces te enojás con vos misma. Es mucho más fácil, cuando te va bien, continuar con ese envión. Pero, aunque te vaya mal, te reseteás, porque tenés la oportunidad de volver a correr y hacerlo bien.

– ¿Sentís que el atletismo te fortaleció? ¿O que ya eras así de antes?

– El atletismo me fortaleció, sin dudas. El deporte, así como te da 75 mil golpes, te da un montón de cosas buenas. Te forja un carácter que no lo tenés de ninguna otra forma. Hoy no te puedo dar mi perspectiva humana sin pensar en que soy deportista. Llevás a todos lados el ser deportista. El carácter que tenés que tener para ponerte en un estadio a correr y saber que te están viendo te hace una persona más fuerte, con más actitud. A mí el deporte me dio muchísima fortaleza: sé que no me hago problemas por cosas malas, porque sé que hay otras mucho más importantes.

Hay personas que no tienen un objetivo tan claro como el que tenemos nosotros, por ejemplo, y se toman las cosas distinto. Yo tengo la facultad (N. de la R.: estudia kinesiología), a mi novio, a mi familia, y sé qué grado de importancia tiene cada cosa. Creo que los deportistas somos más eficientes, por decirlo de alguna manera. Después de pararme en un estadio lleno de gente en un mundial, con 19 años, un parcial no me pone nerviosa.

Me pasó con unas compañeras, antes de un parcial: estaban todas nerviosas y yo venía de correr en Chile contra unas corredoras de la hostia, así que el examen no me ponía nerviosa. Al lado de la experiencia y la sensación de correr no puedo comparar nada. Sentarme con una hoja es mucho más fácil, para mí, que salir a correr en una pista.

– ¿Hay un cierto egoísmo al elegir siempre primero al deporte?

– Sí, totalmente. El deporte te convierte en una persona un poco egoísta, pero para bien. Forjás un carácter y una forma distinta de decidir las cosas, porque tenés que priorizar eso por lo que estás trabajando todos los días de tu vida. Trabajás feriados, trabajás domingos, y todos los días que sean, y tenés menos vacaciones que una persona normal. Trabajás con tu cuerpo, así que, si no sos egoísta con eso, no sé con qué podrías serlo. Es imposible que no seas un poquito egoísta cuando tenés una prioridad así.

– ¿Cuánto se sufre y cuánto se disfruta todo ese esfuerzo?

– Creo que se disfruta un setenta por ciento y se sufre un treinta. Los entrenamientos duelen, los fracasos duelen, el estar lejos duele. Pero después está toda la satisfacción: las marcas no tienen comparación con nada. Que salga un resultado que estabas buscando es incomparable con cualquier cosa. La satisfacción, inclusive, de haber tenido un buen entrenamiento, aunque digas “Me duele todo, no me puedo parar”. No te importa nada si sabés que te fue bien. La satisfacción es mucho más grande que el dolor, por más que te duela muchísimo.

– ¿Por qué elegiste esta distancia?

– Por un montón de cosas: porque sé que me va bien, porque me gusta, y porque admiro mucho a las corredoras de 400 con vallas. Saber que yo lo hago me pone contenta. Cuando las veo de afuera, digo “¡Wow, qué mujeres!”. Cuando me pongo a pensar en que soy una de esas, me siento orgullosa. Es una prueba increíble, hay que ser muy fuerte, muy resistente, muy decidida. Los niveles de dolor que tiene la prueba de 400 metros no los tiene ninguna otra prueba del atletismo. Tenés que salir fuerte, seguir fuerte y llegar fuerte.

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