IRONMAN Vitoria-Gasteiz fue este pasado domingo, aparte de la carrera que encumbró a Julie Derron, el escenario del Campeonato de Euskadi y Álava de Triatlón de Larga Distancia.
Hasta ahí, todo normal. El problema —y la controversia— llegó al comprobar que no había categoría élite masculina. Es decir, que el campeonato se celebró, pero sin que los hombres élite pudieran competir oficialmente. Esto es así porque IRONMAN Vitoria rota cada año las categorías WPRO y MPRO: este año solo había chicas, y en 2024 solo había chicos.
¿La razón? IRONMAN tiene varias pruebas así, que coincidiendo en calendario, alternan categorías. Ocurre, por ejemplo, con Kalmar -Suecia- y Copenhagen, que se celebran el mismo fin de semana.
La sorpresa derivó en malestar. Primero fue Pello Osoro, una de las voces más visibles del triatlón vasco, quien lo expresó en sus redes sociales: «Lo normal es que solo sea Campeonato de chicas. Pero en mi opinión no haces o haces solo chicas. Y mira que me da igual el campeonato, pero no tiene ni pies ni cabeza a mi modo de ver».
Le siguió Mikel Txopitea, también profesional: «Yo no tengo nivel para competir en PRO, pero no tiene sentido que sea Campeonato de Euskadi en categoría masculina. Tampoco tiene sentido que puntúe en chicos para el ranking FETRI». Y poco después se sumó Julen Díez con una historia en Instagram aún más directa: «Me uno a Pello y Mikel. ¿Qué sentido tiene Campeonato de Euskadi y Ranking FETRI si no hay carrera en PRO chicos?».
El desconcierto era general. ¿Cómo se puede celebrar un campeonato oficial sin categoría competitiva
Una llamada que cambió el calendario
La respuesta llegó desde la propia Federación Vasca de Triatlón. Consultado por esta redacción, su presidente, Richard Gómez, ofrecía una explicación clara: «Nosotros no teníamos intención de hacer el Campeonato de Euskadi», reconoce. «De hecho, ni lo contemplábamos ni lo habíamos tenido en cuenta. Pero recibí una llamada del director de IRONMAN y nos dijo: “¿Qué os parece si lo incluimos?”».
Gómez asegura que, ante esa propuesta, no vieron motivos para oponerse: «No íbamos a decir que no a nada. Y lo mismo pasó con el Campeonato de Álava. Fue una iniciativa de IRONMAN que no teníamos prevista y que, por cortesía institucional y por apoyar al triatlón, aceptamos».
La decisión, según explica, no se tomó por convicción sino por voluntad de colaboración: «No lo organizamos nosotros, no podemos cobrar canon ni hacer cronometraje, ni aportar oficiales. Para nosotros, IRONMAN es una prueba deficitaria, no nos aporta nada. Pero estamos en una dinámica proactiva y no queríamos rechazarlo».
De hecho, el propio presidente recuerda otro caso reciente en sentido opuesto: «Hemos organizado el Campeonato de Euskadi de triatlón de invierno en Cantabria, porque aquí no tenemos nieve. Allí sí. Y nos fuimos a Reynosa a entregarlo. Siempre buscamos oportunidades, incluso fuera».
Un título en manos de grupos de edad
Mientras tanto, la carrera se celebró, y con un nivel notable. El título masculino fue a parar a Aitor Arotzena -dos veces noveno en vi half gasteiz-, que firmó un debut brillante en la distancia con un tiempo de 8:33:36. «Bueno, pues ya me pueden decir lo de: AITOR, YOU ARE AN IRONMAN!», publicaba en su cuenta de X.
Ahora bien, el suyo no fue un título profesional. Como el resto de campeones autonómicos en liza, su trofeo llegó desde el segmento de grupos de edad.

Y esto, también es cierto reconocerlo no es tan raro. En muchas comunidades autónomas ya no quedan pruebas de larga distancia. Galicia, Asturias o Castilla y León directamente no tienen ninguna. Solo Cataluña, Comunidad Valenciana, Canarias y Euskadi podrían organizar un campeonato propio de 226 kilómetros. Y aun así, lo habitual es que estos títulos acaben en manos de triatletas de grupos de edad, no de élite.
El caso de Galicia es ilustrativo: la última campeona gallega de larga distancia fue María José Vázquez, categoría 40-44, con un tiempo de 12:04:01. Fue en una prueba no franquiciada, y tampoco hubo élite en línea de salida.
Una contradicción estructural
La polémica en torno a este Campeonato de Euskadi y Álava no es una cuestión de mala fe ni de errores flagrantes. Se trata, más bien, de los límites de un calendario cada vez más concentrado en franquicias, con menos pruebas independientes y menos margen de maniobra para las federaciones autonómicas.
El resultado: un título oficial sin carrera profesional masculina, pero con un trasfondo que muestra hasta qué punto la larga distancia —al menos fuera del circuito internacional— sigue en manos de los grupos de edad. Porque, aunque el campeonato exista, si no hay categoría élite, la pregunta sigue en el aire: ¿para quién es realmente ese título?
