el oro parapanamericano que a veces no puede comer

Cruzó la línea de meta en un grito de alegría y emoción, con los brazos extendidos. Un puñetazo al aire y, siete pasos más tarde, Jorge Madril se desplomó en el piso para luego persignarse y llorar. Ese desahogo, desencadenado por el triunfo en los 1500 metros categoría T20 de los Juegos Parapanamericanos, significa mucho más que una medalla de oro.

“La vida se nos da vacía. Tenemos que inventar la parte feliz”, dice Richard Ford en su libro Canadá. Y Jorge Madril tuvo que inventar mucho para conseguir grageas de felicidad en medio de una realidad llena de reveses.

Carrera de obstáculos

Aunque su primera experiencia en el atletismo fue lanzando bala, y luego se volcó a diferentes distancias en pista, la carrera vital de Jorge parece una prueba de obstáculos permanente.

Antes de ir a Lima logró uno de sus grandes anhelos como atleta: ser entrenado por Leo Malgor y Daniel Díaz, quienes llevaron a Juegos Olímpicos a Marita Peralta, Mariano Mastromarino y Belén Casetta.

“Venite a Mar del Plata dos veces por semana”, le dijo Díaz al aceptarlo como pupilo. Desde Lobería, donde nació y vive Jorge, hay 170 kilómetros de distancia, que sortea como puede: un amigo que realiza el trayecto por trabajo lo lleva muy temprano y lo deja a tres kilómetros del punto de encuentro con el grupo de entrenamiento. Jorge aprovecha ese tramo para entrar en calor. A la vuelta, para ahorrarse el pasaje, hace dedo.

Jorge Madril, recibido como héroe en Lobería
Jorge Madril, recibido como héroe en Lobería

Padre de tres, Jorge divide su tiempo entre los entrenamientos y su trabajo como preparador físico del equipo de fútbol de Independiente de Lobería. Fin de mes es una línea de meta difícil de alcanzar, y resigna aspectos clave de su preparación atlética para afrontar la economía familiar.

Jorge Madril a veces no come

No gano mucho en el club, y tengo que llevar plata a casa para los chicos. A veces yo no como para que coman ellos. Para estar en el alto rendimiento tenés que comer bien, tener un descanso, la dieta, vitaminas y todo lo que se requiera. Todo eso no lo tengo, y es algo que se necesita. Pero mi objetivo siempre es llegar como sea.

– ¿A veces no comés?

– Sí, a veces no como. Depende de si hay o no. No le como la comida a los nenes. Me voy a dormir con hambre, o me tomo unos mates como para llenarme.

– ¿Qué pensás en esos momentos?

– Y… me da nostalgia, porque creo que uno comiendo o haciendo las cosas como corresponde, podría rendir más en los entrenamientos. Tres semanas antes de ir a Lima tuve un entrenamiento muy fuerte y me descompuse. Estaba mal alimentado, deshidratado. Estuve internado en el hospital dos días, y después tuve que esperar una semana más para ver qué me salía en los estudios. Por suerte pude volver a entrenar enseguida.

El cambio necesario

Los primeros recuerdos de Jorge no son felices: un padre alcohólico y golpeador teñía de negro los días, hasta que su mamá se decidió a alejar a los chicos de ese infierno.

Jorge, su mamá y sus tres hermanos comenzaron a vivir con los 150 pesos que ella ganaba en changas de albañilería. Haciendo malabares, en casa nunca faltó comida, pero no sobró para mucho más.

– Ella hacía todo lo posible para que nosotros no nos diéramos cuenta. Pero a medida que vas creciendo, te ponés a pensar y nosotros vivíamos a sopa. Estábamos contentos con un plato de sopa.

El enojo, la impotencia, la frustración, fueron trasladados por Jorge a donde fuera. Era un chico conflictivo, rebelde, que se iba a las piñas rápidamente.

Una bomba de tiempo que un profesor, Hugo Rodríguez (luego tres veces intendente de Lobería, asesinado en funciones por un ex empleado) logró desactivar. “Fue como un padre para mí”, lo recuerda Jorge.

Jorge Madril y el agradecimiento al cielo
Jorge Madril y el agradecimiento al cielo

Rodríguez lo acercó al atletismo. Fue la mano firme y cariñosa que el niño reclamaba a su manera. También fue quien descubrió sus particularidades, y lo instó a que se realizara los análisis que concluyeron que tenía una leve discapacidad intelectual: nada incapacitante, pero sí un lastre que le dificulta algunos procesos mentales y le ralentiza el aprendizaje.

– Al principio, cuando me lo dijeron, me sentí incómodo. Cada vez que iba a mi escuela, me escondía, digamos. Al comienzo sentía como una discriminación. Pero bueno, la realidad es esta. Me terminé dando cuenta de que tengo esta realidad, y que por algo pasan las cosas. Fui incorporándolo y la verdad que creo que somos todos iguales.

– Encontraste un terreno donde esa discapacidad no influye: mientras corras más rápido que los demás, les vas a ganar, sin importar el test…

– Tal cual, es como lo decís. Le corro a cualquiera en las mismas condiciones. Somos todos iguales, es así en la vida. Yo fui campeón provincial entre atletas convencionales.

– Ganaste el oro Parapanamericano, ¿creés que podrías haber ganado en el Panamericano convencional?

– Si hubiese estado con las personas correctas de chico, no sé. Creo que sí. Yo de chico iba a la pista de Mar del Plata, porque siempre mi sueño fue entrenar con Malgor. Yo calculo que sí habría podido, pero durante algunos años no tuve ayuda para nada. Eso fue más limitante que mi discapacidad.

– ¿Creés que podrías haber manejado tu enojo, tu rebeldía, sin el atletismo?

– Es una pregunta muy compleja, no sé si te la puedo contestar. Sí sé que veía a los demás pibes, había compañeros que hacían las cosas mal, y yo no quería ser como ellos. Por eso me focalicé en el deporte, donde podía llegar a algo. Creo que esto me rescató.

La medalla de oro de los Parapanamericanos, junto al peluche de Milco, la mascota del evento, descansan cada noche en la cama de Mía, su hija mayor. La mira de Jorge ahora está puesta en los Paralímpicos de Tokio del año que viene, el gran objetivo que todo atleta persigue.

“Andar puede ser escapar o perseguir, según si detrás hay un dolor, o adelante un sueño”, sostiene Pablo Perantuono en su novela Teoría del derrape. Jorge escapa y persigue. El dolor, afortunadamente, quedó atrás. Y los sueños siguen adelante.

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