Durante años, Joe Skipper ha sido uno de los nombres imprescindibles del triatlón de larga distancia. El británico, tan reconocible por su estilo directo como por su capacidad sobre la bici, llegó a estar entre los siete mejores del mundo en 2021, peleó con Kristian Blummenfelt en el ambicioso proyecto SUB7 y era uno de los principales favoritos a ganar en Kona.
Pero su actuación este pasado domingo en Challenge Roth —una sólida 14ª plaza con un tiempo de 7:55:28— ha dejado un mensaje claro: los tiempos han cambiado, y el nivel ahora es brutal.
Cuando bajar de ocho horas ya no impresiona a nadie
Lo ha dejado escrito él mismo en Instagram, sin excusas ni vueltas: «En 2016 fui el primer británico en bajar de ocho horas. Hoy, eso me ha servido para ser 14º».
Su publicación, entre agradecimientos y cierto asombro, resume la sensación que muchos vivieron en Roth este año. La misma marca que hace nueve años le dio un segundo puesto en Challenge Roth, ahora apenas le permite entrar en el top-15.
El dato es todavía más gráfico si se mira su historial en la prueba: en 2023 fue quinto con 7:44:10; en 2017, segundo con 8:03. En 2025, ha sido más rápido que entonces… pero ha terminado mucho más atrás.
Skipper, lejos de resignarse, ha sabido encontrar lo positivo. «Estoy realmente contento con esta carrera», explicaba tras cruzar la meta. «La natación sin neopreno ya sabía que me complicaría el día, pero ha sido mi mejor potencia sobre la bici en una distancia full».
Y no exageraba: su rendimiento en el segmento ciclista superó en 15 vatios al de IRONMAN Nueva Zelanda —donde fue segundo en marzo— y en 50 al de IRONMAN Austria —donde abandonó el mes pasado—.
El maratón posterior, aunque lejos de los estratosféricos 2:28 de Matt Hanson o el 2:37 de Sam Laidlow, fue coherente con ese esfuerzo previo: 2:45:23 para cerrar el día.
De estar al borde del retiro a volver a sentirse competitivo
El resultado en Roth supone mucho más que un crono. Es la prueba de que Skipper ha vuelto a competir con confianza tras una racha de lesiones, abandonos y frustraciones que le hicieron plantearse seriamente dejarlo todo.
«Me he preguntado muchas veces si volvería a ganar, si aún tenía lo necesario», confesaba antes de la prueba. 2024 fue un año en blanco para él: ni una sola victoria, ni siquiera un podio. El único triunfo reciente lo firmó en Lake Placid, hace dos años, en julio de 2023, pero después llegaron dudas, problemas físicos y hasta una temporada sin nadar durante el invierno.
Por eso, pese a no luchar por la victoria, su lectura del rendimiento en Roth fue positiva. Sentirse de nuevo competitivo, después de tantas incertidumbres, era lo que buscaba: «Un buen resultado para mí era sentirme bien el día de la carrera y ejecutar lo que sé que soy capaz de hacer».
Lejos queda aquel joven que tuvo que irse a competir a IRONMAN Barcelona en 2012 porque había perdido el pasaporte y ya no le quedaban más oportunidades. O aquel que salvó su carrera con un segundo puesto en IRONMAN Texas 2015, justo antes de quedarse sin dinero para seguir intentándolo.
Pero aunque los años hayan pasado —cumple 38 este año— y el top mundial parezca cada vez más lejos, Skipper sigue siendo uno de los nombres propios del triatlón profesional. Uno de esos atletas que han crecido con el deporte y lo han hecho crecer también. Alguien que no se esconde, que entrena duro, que da espectáculo… y que reconoce, sin dramas pero con honestidad, que el listón ahora está mucho más alto.
