Después de meses de incertidumbre, de entrenamientos frustrantes y sensaciones que no encajaban con el rendimiento esperado, Fenella Langridge empieza por fin a respirar tranquila.
La triatleta británica, que a finales del año pasado levantaba los brazos en pruebas como Challenge London o IRONMAN Western Australia, se ha pasado buena parte de 2024 lidiando con un diagnóstico que amenazó con poner en jaque su carrera: endofibrosis de la arteria ilíaca externa. Una afección poco conocida pero cada vez más frecuente en deportistas de resistencia, que obligó a Fenella a pasar por el quirófano.
En Planeta Triatlón ya contamos entonces su historia: las carreras que se le escapaban sin explicación, la impotencia al no poder seguir a rivales que antes estaban a su alcance, el dolor constante en la pierna izquierda y esa sensación de no estar en su cuerpo.

Ella misma lo explicó con crudeza: «Había momentos en los que realmente dudaba de mí misma». La cirugía en Bristol, en manos del profesor Robert Hinchcliff, fue el primer paso para salir del túnel. Ahora, meses después, su último vídeo en YouTube muestra que empieza a ver la luz al final del túnel.
Un camino lento, pero hacia adelante
El regreso no ha sido inmediato ni milagroso. Como ella misma reconoce, «es un proceso lento y constante». Pero también ilusionante. En este segundo capítulo de su serie Road to Recovery, Fenella ha documentado los progresos desde que recibió el alta médica para retomar los entrenamientos.
Lo ha hecho con su estilo habitual, cercano, didáctico y sin perder el sentido del humor, acompañada por su pareja y entrenador Billy y rodeada de un equipo técnico que ha acompañado cada paso con mimo.
El primer gran bloque se centró en evaluar el estado físico tras la operación. Para ello, Fenella viajó a Cardiff Met, el lugar donde dio sus primeros pasos en el triatlón hace más de una década. Allí, bajo la supervisión del fisio Dan Martin, realizó una batería completa de tests de fuerza: isometrías con placas de fuerza, trabajo de glúteos, gemelos, rotadores de cadera, curl femoral…

Todo con el objetivo de medir desequilibrios y detectar posibles limitaciones. «No estaba tan desequilibrada entre pierna derecha e izquierda como pensábamos», cuenta, aunque sí detectaron áreas a reforzar.
En paralelo, visitó a Jake, biomecánico de Precise Performance con formación en fisioterapia, para ajustar su posición sobre la cabra. «Hicimos cambios para abrir un poco más las caderas y facilitar el flujo de sangre. Gané mucha confianza después de esa sesión», explica.
Esa mejora se trasladó enseguida al entrenamiento: las primeras sesiones en el rodillo, aún suaves, empezaron a dejar atrás la pesadez en la pierna izquierda. Aunque persistía cierta fatiga, «el pedaleo ya era más fluido» y los esfuerzos progresaban con normalidad. «Cada sesión iba mejor que la anterior».
La motivación vuelve, y la competición se acerca
El siguiente paso fue volver a correr. Y lo hizo con inteligencia: pista, distancias cortas, control del ritmo y del pulso. «Queríamos trabajar la biomecánica y poder controlar todas las variables», explicaba Billy mientras grababan el entrenamiento en Bath.
A Fenella le costaba contener las ganas: «Mis piernas quieren ir más rápido, pero tenemos que ser pacientes». La elección del calzado —unas zapatillas rápidas— no fue casual. «Es un chute de moral. Me hace sentir que ya puedo volver a hacerlo», bromeaba entre risas.
Con la base asentada y sin contratiempos, el siguiente escenario fue Lanzarote. Desde la isla, la triatleta ha compartido que está entrenando «más de una vez al día» y ha recuperado la intensidad en los tres segmentos. «Estoy tan feliz y emocionada con cómo va todo», afirma. Y aunque reconoce que su pierna izquierda sigue algo más débil, los indicadores fisiológicos y las sensaciones subjetivas confirman que va por buen camino.
Más allá de los números, lo que llama la atención es el cambio de tono. De la preocupación de los últimos meses ha pasado a una actitud positiva, optimista y centrada. «La motivación está alta. Estoy haciendo ahora todos estos pequeños pasos para que, cuando vuelva a competir, la transición sea lo más suave posible».
Y lanza un mensaje claro: «Hay una línea de salida con mi nombre. Está cerca. No sé cuándo será, pero llegará pronto».
Después de todo lo que ha vivido, nadie duda de que cuando ese día llegue, Fenella Langridge cruzará la alfombra con una sonrisa diferente. La de quien ha estado a punto de perderlo todo… y ha conseguido volver.
