«He hecho el mejor IRONMAN de mi vida… y solo he sido 14º»

Una semana después del Mundial de IRONMAN en Niza, Sam Long ha vuelto a casa. Tras más de dos meses en Europa, ha recuperado su cama en Arizona, su rutina de entrenamiento y también la calma necesaria para analizar en frío lo que ha pasado.

En su último vídeo, lo explica sin rodeos: ha hecho el mejor IRONMAN de su carrera. Y aun así, no ha sido suficiente.

El estadounidense, que aspiraba a terminar entre los diez mejores, cruzó la meta en 14ª posición. No hubo errores graves, ni explosiones, ni desfallecimientos. Tampoco sorpresas en lo físico. Simplemente, se encontró con que sus mejores números hasta la fecha no le acercaban a los primeros, sino que le dejaban más lejos que nunca.

El mejor Sam, sin premio

Long no duda al repasar su planificación. Tenía objetivos claros y los cumplió: nadar por debajo de 53 minutos, rodar en torno a 330 vatios normalizados y correr en menos de 2h35. Terminó con 51:26 en la natación, 332 NP en la bici y un maratón de 2h39. «Cumplí todo lo que me había propuesto», asegura.

Desde el agua, ya se sintió cómodo. Tuvo que cerrar un corte en el tramo de ida, pero después aguantó con el grupo. Reconoció a Cameron Wurf y Leon Chevalier por los gorros de colores. A pesar de dos picaduras de medusa —en la pierna y la mano—, salió fresco y en buena posición para afrontar el segmento ciclista.

La bici fue, probablemente, el punto más sólido de su rendimiento. Subió el puerto largo a 383 vatios, por encima de lo previsto. En los tramos llanos se mostró ofensivo, liderando relevos y cazando a rivales que caían del grupo delantero. Su ingesta calórica también fue notable: 820 gramos de carbohidratos en 4h42 de esfuerzo, lo que supone unos 175 gramos a la hora.

sam long
Foto: Getty Images for IRONMAN // Alex Slitz

Pero el descenso marcó una diferencia clave. En un punto concreto del trazado, donde el firme había sido asfaltado poco antes de la prueba, perdió la cadena. «Tuve que bajarme, recolocarla y apretar para volver a entrar», cuenta. Fue justo antes del último avituallamiento de la bici, donde no pudo coger botella. «Me faltaron esos líquidos al final», admite.

La contradicción del rendimiento

El maratón arrancó con malas sensaciones, pero sin crisis. Compartió ritmo con Chevalier durante la primera vuelta, alternando relevos en los tramos de viento. En el segundo bucle, Leon perdió contacto y Long continuó solo, tratando de alcanzar a Rudy von Berg y al grupo que le precedía. No lo consiguió, pero tampoco perdió fuelle.

Tuvo un único momento de flaqueza, en torno al kilómetro 25, donde caminó brevemente. «Fueron solo 15 segundos. Me dije: te queda una hora, solo tienes que seguir poniendo un pie delante del otro». Ese mantra le sirvió para mantener el ritmo hasta meta. «Sabía que estaba firmando el mejor IRONMAN de mi vida», asegura.

Y lo fue. Los datos así lo confirman. Pero no el resultado. «Pensaba que esos números me daban para ser top10. Quizá incluso top5», reconoce. En cambio, se encontró a más de 25 minutos del podio. «Es lo más duro de aceptar: que lo mejor que he hecho hasta ahora ya no basta para estar delante».

Long mira al futuro con una mezcla de frustración y ambición. Celebra su evolución como atleta, pero no se conforma con su puesto. «He sido segundo en un Mundial 70.3. He estado número uno del ranking PTO. Sé lo que es estar arriba. Y quiero volver a estarlo». Su objetivo ahora es volver a un Campeonato del Mundo de IRONMAN cuanto antes.

«Kona es perfecto para mí: calor, llanura, sin bajadas técnicas. Y encima tengo todo lo que necesito en Tucson para prepararlo».

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