Antes de ayer hablábamos del caso de Mikel Arrasate: un joven que progresa fuera del circuito oficial, sin mono de selección ni centros de tecnificación, pero con actuaciones que le sitúan en la élite.
Hoy toca mirar en la misma dirección. Kerman Alonso, asturiano de 22 años, es otro ejemplo de que hay vida más allá de las estructuras federativas. El próximo 17 de agosto será el único español en la salida profesional de IRONMAN 70.3 Louisville, tercera prueba que disputa en Estados Unidos como PRO tras debutar esta temporada en Boulder y Boise.
No busca puntos. Busca recorrido. Entrena en Boulder bajo la tutela de Trevor Foley, se financia con ayuda familiar y se mueve por motivaciones que no caben en una convocatoria. Quiere intentarlo, vivir del triatlón.
Y sobre todo, no quedarse con la duda de hasta dónde habría podido llegar… o hasta dónde podía llegar aquel adolescente que, en 2016, al albur de los circuitos TriWhite y Sertri, descubrió el triatlón casi por casualidad de la mano de sus padres.

De Gandía a Colorado, con escala en las lesiones
El debut en la media distancia llegó en octubre de 2023, con un podio en el ICAN Gandía que supo a puerta entreabierta. Fue tercero con un tiempo de 3:54:45 y, aunque aún competía como amateur, algo cambió. «Vi que en la corta no iba a tener la trayectoria que yo buscaba. En la media, quién sabe. Igual sí puedo vivir de esto», reconoce.
Desde entonces, ha apostado por una transición clara hacia la media distancia. Se desvinculó del equipo de la Universidad de Alicante, contactó directamente con Trevor —al que conocía por los vídeos de Lionel Sanders y Sam Long— y organizó su primer viaje a Boulder, Colorado. «Desde pequeño quería venirme a Estados Unidos, pero no a una ciudad. A un sitio como este. A un pueblo rodeado de naturaleza, donde se respira deporte».
Allí entrenó tres meses en verano de 2023 y repitió experiencia esta temporada. En junio de 2025 volvió a hacer las maletas y cruzó el Atlántico para asentarse de nuevo en Colorado. Entre medio, carreras con luces y sombras: un abandono en IRONMAN 70.3 Cozumel, problemas gástricos en Challenge Peguera Mallorca, una actuación correcta en Challenge Barcelona y una pretemporada marcada por una lesión de rodilla que le dejó diez semanas sin correr.
La progresión, sin embargo, ha sido constante. «Dudé mucho de si seguir en la media o no, pero sabía que si insistía, iba a acabar saliendo».

Esa insistencia le ha llevado a una agenda 2025 exigente, con su debut como PRO en IRONMAN 70.3 Boulder (34º) y una sólida actuación en Boise (35º), con parciales muy consistentes: 4:11:44 en total, mejorando casi doce minutos respecto a la prueba anterior.
«En Boise por fin tuve buenas sensaciones corriendo. Fue una 1h27, muy lejos de lo que quiero, pero sin molestias. Y eso ya es mucho», explica. A nivel de datos, el progreso también se nota: mejores vatios en bici, control del ritmo de carrera, errores cada vez más afinados. «Este año he ido a que me den palos. Salgo sabiendo que voy a sufrir, pero salgo para aprender lo máximo posible».
Un triatlón sin focos, pero con propósito
Kerman ha encontrado en Boulder algo más que altitud y buenos entrenamientos. Ha encontrado una comunidad. «Aquí la gente es más abierta que en la corta. Puedes entrenar con cualquiera, nadie te juzga por el nivel. Yo soy muy friki de esto, me gusta ver vídeos, aprender de todo el mundo».
Esa apertura también le ha llevado a plantearse un futuro como entrenador. Tiene la titulación necesaria y su idea, en los próximos dos años, es establecerse de forma permanente en Estados Unidos y montar su propio grupo de entrenamiento.
Su semana tipo habla de una dedicación absoluta: entre 25 y 27 horas semanales, gimnasio dos días, trabajo de movilidad diario, y sesiones específicas que combinan volumen, calidad y progresión. Los lunes son suaves, los martes se centran en el umbral, los jueves toca pista y los sábados transición larga tras cuatro horas de bici. El domingo, la clásica tirada larga a pie, que ya ha logrado estabilizar entre 20 y 24 kilómetros sin dolor.
«Mi objetivo ahora mismo es tener continuidad corriendo. Sin eso, no se puede construir nada». A largo plazo, aspira a debutar en IRONMAN el año que viene y, por qué no, clasificarse algún día para un Mundial: «Me gustaría correr en Kona, como a todos. Pero primero hay que poder acabar uno».
Mientras tanto, sigue sumando experiencias. «IRONMAN 70.3 Boulder lo hice por ilusión. Competía mi entrenador, era en altitud y sabía que no llegaba bien, pero quería estrenarme como PRO allí». Para Louisville, las expectativas son similares: «No se trata de ganar, sino de seguir aprendiendo, corregir errores y consolidar lo que ya está funcionando».
No hay promesas de resultados ni titulares fáciles. Hay convicción y ganas de intentarlo para no quedarse con la duda. Y hay una historia que, aunque no pase por los focos, merece ser contada.
