La vuelta de Hayden Wilde, más cerca

Pocos atletas se han ganado el cariño de la comunidad como Hayden Wilde. El neozelandés, plata en los Juegos Olímpicos de París tras una batalla épica con Alex Yee, volvía a brillar en 2025 con una victoria en Abu Dhabi cuando todo se truncó en cuestión de segundos.

Fue en Japón, a principios de mayo, mientras entrenaba, cuando un camión lo arrolló. El parte médico hablaba por sí solo: cuatro costillas rotas, escápula destrozada y pulmón dañado. La gravedad de las lesiones le obligó a permanecer ingresado varias semanas en Tokio sin posibilidad de viajar. Las imágenes de aquel anuncio, publicadas por él mismo en redes sociales, dejaban claro que su temporada —y quizá su carrera— quedaba en el aire.

Hayden Wilde
Foto: Hayden WIlde // Canyon

Ahora, más de dos meses después, Wilde vuelve a enseñar los dientes. Lo ha hecho con un vídeo grabado en los Pirineos andorranos, donde reside gran parte del año, y donde ha completado su primera salida en bici al aire libre tras el accidente.

También ha vuelto al agua. Y lo ha hecho, según su propia pareja, la triatleta belga Hanne De Vet, con una técnica mejor que la de antes del accidente. La recuperación avanza. Y Wilde lo tiene claro: aún no es el momento de plantar patatas.

Primeros golpes de pedal, primeras brazadas

«Este va a ser mi primer entrenamiento en exterior desde hace meses. Va a ser divertido, vamos a ver qué tal responde el cuerpo». Así arrancaba el último vlog del medallista olímpico, grabado mientras subía el Coll d’Ordino.

Sin equipo de grabación —su cámara habitual, Brody, estaba en Melbourne con Red Bull—, el neozelandés se las apañó para montar su propio vídeo y mostrar a sus seguidores cómo es pedalear de nuevo con el hombro reparado. «La ventaja de estar en las montañas es que las carreteras son bastante suaves y hay poca vibración en el hombro. Como casi todo es subida, no hay mucha presión, y eso ayuda».

Su discurso suena animado. Cuenta que el dolor ha desaparecido, que la estabilidad en las costillas ha mejorado y que incluso el músculo parece recordar lo que tiene que hacer. «Es como preguntarle algo al cuerpo… y esperar que responda», dice, parafraseando a su fisioterapeuta.

hayden wilde orca apex 30
Foto: Orca

Pero esa respuesta no llega sola. Tras pasar parte de la recuperación en el Red Bull Performance Center de Fuschl am See, Wilde ha vuelto a su rutina habitual entre entrenamientos, visitas al fisio y sesiones en cinta. «Hice un test progresivo de 13 kilómetros, bajando de ritmo poco a poco hasta correr a 2:59. Quizá fue demasiado, pero no hubo dolor. Eso ya es una victoria».

En paralelo, ha vuelto a nadar con ambos brazos. Un detalle que puede parecer menor, pero que marca un antes y un después en una lesión de escápula. «Su brazada parece mejor que antes», comenta Hanne De Vet. «Debería haberse operado antes de París, le habría cambiado la vida».

Más allá de lo técnico, hay algo que resulta todavía más alentador: «Ya no puedo seguirle ni en bici ni corriendo», confiesa su pareja. «Eso significa que su forma física está subiendo, que se está acercando a competir otra vez. Y él lo está disfrutando, porque por fin ve que los números crecen, en lugar de caer».

Agricultura, recuperación y alguna que otra zanahoria

Mientras reconstruye su cuerpo, Hayden Wilde imagina futuros alternativos. Y lo hace con la misma energía con la que compite. El último, inspirado por la serie Clarkson’s Farm, pasa por cultivar su propia tierra en los valles andorranos. «Quiero hablar con los locales y pedirles que me dejen cuidar su campo. Ellos lo siguen teniendo, pero yo lo trabajo. Patatas, zanahorias… lo que sea. Llueve por la noche, hace sol por la mañana: las plantas crecerían rapidísimo».

Suena a broma, pero no lo es tanto. Al menos, no mientras no tenga fecha oficial para su regreso.

Porque aunque no hay competición a la vista —ni en la agenda IRONMAN ni en el calendario WTCS aparece su nombre de momento—, la posibilidad de verle de nuevo en una línea de salida este mismo año ya no parece tan lejana. En menos de diez semanas ha pasado de estar hospitalizado a correr a ritmos por debajo de 3:00, nadar con normalidad y completar puertos de montaña sin molestias. Faltan ajustes, volumen y confianza, pero no motivación.

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