Durante varias temporadas, el danés Daniel Baekkegard fue una figura estable del triatlón profesional de media y larga distancia. Podios, victorias y una presencia constante en carreras de primer nivel le dieron un estatus que iba más allá de los resultados puntuales.
Era un nombre reconocible, que llegó a ganar un Campeonato de Europa de IRONMAN 70.3, hacerse con sitio propio en el ecosistema T100 y en el circuito IRONMAN. También una voz que no rehuía la polémica cuando se trataba de opinar.
Ese contexto hace que su situación actual resulte especialmente llamativa. A finales de 2025, Baekkegard se ha quedado sin dos de sus principales patrocinadores, Red Bull y Canyon, tras una temporada marcada por la irregularidad, las retiradas y una sensación general de desconexión entre lo que fue y lo que hoy es.
El rastro deportivo de un año que no despega
El contraste con su versión de 2023 es evidente. Aquel año ganó IRONMAN Western Australia, se impuso en Challenge Canberra y fue reconocido como PTO Athlete of the Month tras encadenar actuaciones sólidas en pruebas de máximo nivel. Entonces hablaba de confianza, aprendizaje y control del proceso.
«Fue una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido. Estaba bien preparado, pero no sobreentrenado», explicaba tras su victoria en Australia.

Dos temporadas después, el relato es otro. En 2025 apenas ha competido y cuando lo ha hecho, el resultado ha sido irregular o directamente inexistente. DNFs en Frankfurt y en el Mundial IRONMAN de Niza, un séptimo puesto en Roth y la sensación permanente de no estar donde se suponía que debía estar. «Ha sido devastador», reconocía al hablar de su abandono en Niza, una carrera que le obligó a parar tras la bicicleta.
El propio Baekkegard admite que la temporada ha sido mentalmente pesada. «No lo llamaría fatiga, pero ha sido mucho. Todo el año pensando si iba a poder volver a competir», explica, refiriéndose a los problemas de espalda que arrastra y que han condicionado su entrenamiento y su vida diaria. «Ha habido momentos en los que no podía estar sentado en el coche más de 30 minutos».
Ese desgaste se ha traducido también en una desconexión con el entrenamiento y con el propio sentido de su carrera deportiva. «Siento una especie de vacío. Durante meses no he tenido claro qué estaba haciendo ni hacia dónde iba», reconoce, alejándose mucho del discurso del atleta asentado que fue hace apenas dos años.
Crítica, consecuencias y una reconstrucción forzada
Más allá del rendimiento, Baekkegard siempre se ha caracterizado por no medir demasiado sus palabras. En los últimos años fue especialmente duro con los triatletas españoles, a los que acusó públicamente de «solo saber hacer drafting» en media y larga distancia, un comentario que generó bastante ruido y que no pasó desapercibido en el pelotón profesional.
Ese tipo de declaraciones reforzaron su imagen de corredor sin filtro, pero también añadieron una capa de tensión a su figura pública.

Hoy, ese carácter no amortigua el golpe de verse fuera de marcas que habían sido parte central de su identidad profesional.
«Recibir la noticia de que Canyon y Red Bull querían dejar de trabajar conmigo fue muy duro», admite. «Es básicamente como que te despidan de tu trabajo, y creo que a nadie le gusta eso».
La comparación con otros atletas del circuito es inevitable y él mismo la asume. «No soy ciego. Estoy compitiendo contra gente como Hayden o Sam Laidlow, y sé que ahora mismo no tengo el mismo impacto para una marca», reconoce, alejándose del discurso defensivo y situando la decisión en un plano estrictamente profesional.
Durante los días posteriores, incluso pensó en retirarse. «Estaba en un agujero negro», confiesa, antes de explicar que fueron su familia y su entorno quienes le ayudaron a reenfocar la situación. «A veces necesitas una patada en la cara para replantearte cómo quieres estructurar tu vida y tu negocio».
El detalle de que cuentas satíricas como 140.6memes hayan convertido su situación en material de broma es casi anecdótico, pero también revelador. El triatleta que en 2023 representaba estabilidad y crecimiento es ahora un símbolo de caída abrupta dentro del alto nivel.
Baekkegard habla ahora de reconstrucción, de elegir muy bien las pocas carreras en las que quiere rendir y de volver a disfrutar del proceso. «Quiero sentarme, pensar en las pocas pruebas en las que realmente quiero estar al cien por cien y disfrutar del camino hasta allí», explica.
El problema es que ese camino ya no parte desde la fortaleza del podio, sino desde un terreno mucho más frágil, donde queda poco del atleta que se ganó su sitio a base de resultados.
