Rudy von Berg: «Ha sido una carrera plana, sin chispa»

Una semana después de cruzar la meta en 13ª posición en el Campeonato del Mundo de IRONMAN 2025, Rudy von Berg ha querido contar su versión.

Lo ha hecho en un vídeo de casi media hora, grabado tras haber digerido ya la decepción y con un tono tan tranquilo como honesto: no ha sido una mala carrera, pero sí una carrera que no era la que esperaba.

El triatleta francoamericano, que venía de ser tercero en Kona 2024 y cuarto el año anterior, se sincera desde el principio. Habla de sensaciones apagadas, de una actuación sin errores, pero también sin momentos destacados. «No hubo chispa. Fue una carrera que podía haber hecho cualquier día de entrenamiento», resume. Y eso, para él, es lo más frustrante.

Una carrera sin chispa, sin explicación clara

Von Berg no se hundió, no petó, no abandonó. Pero tampoco brilló en ningún momento. Desde los primeros compases, sus sensaciones eran más grises de lo habitual. «Tenía dolor de cabeza antes de empezar, tal vez por estar mucho al móvil, preparando todo, haciendo botellas… No era lo ideal», reconoce.

En la natación arrancó bien, buscando la mejor posición en un grupo que incluía a los grandes nombres. Salió del agua en unos sólidos 46 minutos, tras un segmento en el que se mantuvo cerca de la cabeza, pero sin terminar de engancharse al grupo puntero tras la ruptura en una de las boyas.

Ya en la bici, lideró su grupo en los primeros 15 kilómetros llanos, con Blummenfelt a rueda. El ritmo era competitivo, sin grandes diferencias con cabeza de carrera. «No fue como en Frankfurt, donde ya íbamos perdiendo tiempo desde el inicio», comenta. En ese sentido, su planteamiento era correcto.

Pero cuando llegó el puerto largo —en torno al kilómetro 45— las cosas empezaron a torcerse. «Iba a 360 vatios, pero me costaba. Pensaba que estaba en 370. En los entrenamientos esa potencia era controlable. En carrera, me parecía excesiva». Su media en la subida fue de 357 W, lejos de los 370 que cree que habría necesitado.

rudy von berg niza
Foto: Getty Images for IRONMAN

Esa diferencia, aunque mínima, fue creciendo. «En los tramos finales me costaba sostener 310. Sentía que estaba llegando al límite, pero sabía que ese no era mi límite real. No estaba reventado, pero no me salía más». Entró en la T2 ya fuera del top10, tras una segunda mitad de ciclismo en la que fue perdiendo terreno poco a poco.

Cuando lo correcto no es suficiente

En el maratón, la historia se repitió. No fue un mal parcial, pero estuvo lejos de lo que necesitaba. «Me puse a 3:45 por kilómetro y lo mantuve bastante constante. Pero no era un ritmo agresivo. Era… correcto. Lo suficiente para no explotar, pero no lo suficiente para remontar». Esa palabra —correcto— se repite varias veces en su análisis.

Durante los primeros 20 kilómetros, compartió paso con Bonnetto, Gerber y Hogan. Se mantuvo cerca, pero sin iniciativa. En el tramo final, sus compañeros de grupo empezaron a dejarle atrás. «No tenía malas piernas, pero tampoco tenía respuesta. No podía cambiar el ritmo». Acabó corriendo en 2:43:50, muy por debajo del sub-2:40 que se había marcado como objetivo.

A nivel nutricional, todo funcionó. Ingresó unos 140 gramos de carbohidratos por hora en bici, con buenos niveles de sodio y sin problemas digestivos. Tampoco hubo errores logísticos. Ni pinchazos. Ni confusiones con el material. Nada a lo que agarrarse para justificar un mal día. Y eso es lo que más le desconcierta.

«Cuando no puedes explicar por qué no has rendido, es lo que más frustra», dice. Durante la preparación, había cambiado ligeramente las intensidades del entrenamiento para adaptarse a Niza. Confiaba en que ese matiz técnico marcaría la diferencia. No lo hizo. «Me sentí al 90 o 95 %, pero no al cien. Y en un Mundial, eso no alcanza».

Fuente

X