Hace justo un año, Sam Laidlow vivía uno de los momentos más desconcertantes de su carrera. Había sido descalificado en IRONMAN Vitoria tras recibir asistencia externa, lo que lo dejaba, en principio, sin la validación necesaria para competir en el Campeonato del Mundo.
A pesar de ello, IRONMAN decidió mirar hacia otro lado, aceptar su explicación de buena fe y concederle la plaza como vigente campeón. La decisión no estuvo exenta de polémica, y dejó al francés con una tarea pendiente: demostrar que no necesitaba trato de favor para estar donde le corresponde.
Doce meses después, Laidlow ha cerrado el círculo. Y lo ha hecho a lo grande, ganando IRONMAN Leeds de principio a fin y validando su plaza para Niza sin depender de nadie.
Una carrera sin fisuras
La prueba británica era la primera edición de IRONMAN Leeds y una de las últimas oportunidades para lograr el billete al Campeonato del Mundo. Aunque Laidlow ya tenía plaza por ser el campeón de 2023, necesitaba cumplir el trámite de terminar una prueba de larga distancia. Esta vez no había margen para errores: ni descalificaciones, ni abandonos, ni excusas. Solo valía cruzar la meta.
Desde el pistoletazo de salida en Waterloo Lake, Laidlow dejó claro que no estaba allí solo para cumplir. Fue el primero en salir del agua, marcando un tiempo de 45:50, y apenas cuatro segundos separaban al grupo delantero, donde también figuraban Kieran Lindars, Josh Lewis y Cenzino Lebot.
En el sector ciclista, con un recorrido exigente de tres vueltas y casi 2.600 metros de desnivel acumulado, el francés impuso su estilo habitual: atacar pronto y sostener el esfuerzo sin mirar atrás. Al final del primer bucle ya le sacaba cuatro minutos a Nathan Guerbeur, que se consolidaba como su principal perseguidor. Por detrás, Palmer, Lewis y Lindars rodaban juntos, sin opciones reales de alcanzarle.
La transición a la carrera a pie dejó clara la situación: Laidlow tenía cinco minutos de ventaja sobre Guerbeur, que a su vez mantenía una cómoda distancia respecto a sus inmediatos perseguidores. Lo que vino después fue una maratón en solitario, controlada al milímetro. Con parciales superiores a 3:30 por kilómetro en los primeros compases, Laidlow aumentó su ventaja y cerró los 42,2 kilómetros con un tiempo de 2:41:15. Cruzó la meta en 8:10:08, más de 14 minutos por delante de Guerbeur.

Sin discusión posible
Si Challenge Roth fue el regreso a los focos, Leeds ha sido la confirmación de que Laidlow está otra vez entre los mejores. En apenas cuatro semanas ha ganado dos pruebas de larga distancia con autoridad, ha superado los problemas de salud que le impedían entrenar con continuidad y, sobre todo, ha despejado cualquier duda sobre su nivel real.
La previa ya lo anticipaba como el gran favorito, con un 45 % de opciones de victoria según Trirating, por delante de Kieran Lindars, Leon Chevalier o Joe Skipper. Pero más allá de las predicciones, lo que pesaba era el contexto. El propio Laidlow había reconocido que esta era la carrera más importante del año, no por el prestigio del evento, sino por lo que había en juego: sellar el billete a Niza y borrar definitivamente el episodio de Vitoria.
Ahora lo ha conseguido. Y no por decisión de despacho, sino por méritos propios. IRONMAN ya no necesita hacer concesiones. Sam Laidlow tampoco.
