Si correr es algo natural, ¿por qué produce lesiones?

Correr: un modo de trasladarse durante siglos, se convirtió en un deporte, un hobbie y, últimamente, una moda. Tuvo un aumento del 300% en los últimos cinco años (según datos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) y fue parte de 100 competencias que incluyeron a más de 500 mil participantes. ¿Por qué ocurre este fenómeno social?

Existe un redescubrir de nuestro potencial para correr. En la antigüedad no era un problema para las personas alcanzar los 40 kilómetros. Incluso, se considera que fue gracias a la capacidad de correr en manada, persiguiendo un animal, que pudimos subsistir en el pasado. Nuestro organismo parece estar genéticamente preparado para transitar largas distancias.

Por muchos años nos hemos desacostumbrado a someternos a un esfuerzo muy intenso y parecería que hoy estamos redescubriendo nuestro poder de correr. También nos reencontramos con el placer de ver y contagiar que es posible lo pensado como imposible y trasladar ese bienestar a la vida cotidiana. ”Si pude correr 21 kilómetros y lo creía imposible, ¿cuántas otras cosas que hoy creo imposibles no lo son?”, se preguntan los runners.

Si correr es algo natural, ¿por qué produce lesiones?

El doctor Osvaldo Patiño, jefe honorario del departamento de kinesiología del Hospital Italiano, responde: “según las características del grupo de corredores (competitivos o recreacionales) y de diferentes circunstancias aleatorias, la incidencia de lesión se modifica de acuerdo al nivel de competencia. Varía entre 2,5 a 12,1 lesiones por 1.000 horas de correr. La mayoría de ellas se produce en los miembros inferiores y particularmente en la rodilla (cerca del 60%). En este aspecto, el corredor debe conocer las medidas más simples de protección post actividad”.

“Es importante desmitificar la idea de que si no duele al entrenar no sirve”, agrega el doctor José Quintana, corredor y médico clínico especializado en salud y correr. “Hay que generar conciencia de que no solo se necesitan piernas fuertes y corazón y pulmones sanos, sino que además debemos aprender a escuchar cuando nuestro cuerpo nos habla. Al principio por ahí empieza con un pequeño cuchicheo (molestia leve), pero puede pasar a levantarnos la voz y hasta a gritarnos que le estamos haciendo daño”, alerta.

El doctor Quintana sigue comentando que “dentro de lo que se sabe, es indiscutible que cada movimiento por simple o automático que parezca debe ser consciente y sentido. Por ahí esto parece muy Zen, pero debemos darle una vuelta de tuerca a la actividad física para que se logre la relación cuerpo-mente para corregir la pisada”, concluye.

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