Un pulmón natural para entrenar en Barcelona

Cuando pensamos en la práctica de la actividad deportiva, los habitantes de las grandes ciudades nos encontramos ante un problema importante.

Existen factores que no podemos controlar que limitan mucho la libertad de movimiento. Si nos centramos en el caso concreto del running, vemos como las grandes capitales de nuestro país disponen de dos elementos muy negativos. El primero es el gran volumen de tráfico que presentan sus calles; semáforos, coches imprevisibles, bicicletas sin rumbo, peatones distraídos y ahora hay que añadir patinetes eléctricos.

El segundo, pasa por la alta contaminación que presenta el ambiente urbano, un factor que puede provocar incluso problemas graves de salud. La combinación de estas dos situaciones es letal, y provoca que los deportistas se tengan que fijar más en su entorno a la hora de ejercitarse, que de centrarse en sus límites o en su evolución personal. La solución inapelable a estas problemáticas genera el cierre de las personas en un gimnasio, un acto que puede generar monotonía y, en consecuencia, el abandono progresivo de la actividad física.

Por suerte, Barcelona presenta una solución drástica a este problema. La ciudad condal es una ciudad de contrastes, con una alta presencia cultural y de ocio. Encontramos conciertos, acontecimientos deportivos, una alta oferta gastronómica y una activa y apasionante vida nocturna. Y a pesar de ser una ciudad muy contaminada y con un tránsito caótico, también dispone de un oasis natural ubicado en la zona alta de su orografía. Barcelona no sólo es mar, también es montaña.

La sierra de Collserola, muy cercana a la ciudad, configura un parque natural que por momentos nos hace olvidarnos de que nos encontramos en una gran capital europea. Y es altamente accesible, es muy sencillo llegar en transporte público o a pie. Dentro de este paraje natural, encontramos una ruta perfecta para la práctica deportiva: la carretera de las Aguas. Su nombre deriva de una antigua canalización de agua, generando una ruta horizontal en la montaña que serpentea por una ladera montañosa. Dispone de una distancia total aproximada de unos 10 kilómetros, y una altitud máxima de 450 metros.

Como curiosidad, la carretera de las Aguas es un lugar al que acuden futbolistas del primer equipo del Barça. El global de partidos semanales en la Liga es intenso, y algunos jugadores también entrenan en sus días libres. Piqué ya ha compartido alguna foto en este punto barcelonés. Cruyff era otro de los enamorados de la zona ya que también tenía una residencia próxima al espacio. De la carretera de las Aguas, también cabe destacar las magníficas vistas que nos ofrece. La ciudad de Barcelona brilla con luz propia desde este espacio, y nos permite ver también buena parte del Mediterráneo catalán. Los días claros, incluso es posible visualizar la isla de Mallorca. La vista de la ciudad contrasta con el paraje natural, ya que, si miramos a un lado, veremos la orografía urbana con todo lujo de detalles, y si giramos la cabeza, solo observaremos naturaleza y vegetación.

La mejor manera para llegar es utilizando el Funicular de Vallvidrera, un medio de transporte que nos facilitará también el desplazamiento de nuestra bicicleta particular. En las tardes de invierno, es posible también correr entre la oscuridad de la noche. Esto nos permitirá ver la ciudad de Barcelona iluminada, otro espectáculo visual que puede acompañar nuestra práctica deportiva y hacerla más romántica.

La ruta goza actualmente de una popularidad bastante elevada, es mejor asistir por la mañana, ya que a las horas en las que se pone el sol es habitual ver cómo se genera una cierta masificación. Una situación que se repite los días festivos o fines de semana. Como curiosidad, si os desplazáis por la zona de Collserola, podréis finalizar vuestra etapa en el Parque de Atracciones del Tibidabo. Uno de los parques de diversiones más antiguos de Europa que aún sigue en funcionamiento. También podréis visualizar el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, una edificación religiosa construida entre los años 1902 y 1961 que está presidida por una estatua colosal diseñada por Frederic Marès en la zona superior. Por la noche queda iluminada y presenta un aspecto imponente.

Si sois de Barcelona y buscáis un buen espacio natural donde entrenar, la carretera de las Aguas es una opción ganadora. Una mezcla equitativa entre urbe y naturaleza que os ayudará a mejorar vuestro fondo físico, y por momentos os olvidaréis de que estáis en plena capital catalana.

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