Correr en libertad no tiene precio…

A veces me sorprendo a mi mismo en plena reflexión, en el momento más imprevisto en la situación más inesperada… Es como si pudiese observarme desde una perspectiva extracorpórea… Sí, hace años que el devenir de la vida me empujó a correr… Y en este período de tiempo he ido acumulando experiencias y atesorando instantes de extrema agonía luchando contra la aerodinámica de mis propios límites… Correr, es una expresión ancestral del instinto de supervivencia del ser humano…. Correr en pleno siglo XXI es también una especie de status que te convierte en alguien con un sello de identidad propio, con unas características diferenciales… Correr es mucho más que un ejercicio de adaptación a la carrera de nuestro aparato locomotor. En esa acción instintiva la mente reacciona y activa una función esencial que gobierna toda nuestra capacidad de esfuerzo y sacrificio…

Mi forma de entender esta actitud personal que hace que me sienta y me auto defina como corredor puede resumirse de forma gráfica y sencilla… Correr es sinónimo de libertad. No corro para competir, no busco superar marcas ni derrotar a nadie….. No defino mis entrenos por ritmos ni por tiempos… Si me preguntan: ¿A qué ritmo has hecho hoy tu rodaje? Entonces pienso: Al ritmo que me marca la vida… O me dicen: ¿En cuánto tiempo has recorrido los 20 km? Automáticamente visualizo una respuesta: En el tiempo suficiente para interiorizar mis pensamientos y reflexiones y definir mi propia identidad…

Mi parámetro fundamental cuando estoy corriendo  es la distancia… No necesito correr más rápido, no necesito ser más veloz, no me planteo una cruenta batalla contra el crono… Sólo pretendo ser capaz de correr más tiempo, de llegar más lejos… De ponerme en marcha y recorrer caminos que se pierden ante mis ojos… Ser capaz de alcanzar varios horizontes… De seguir corriendo cuando la noche acontece y el camino se desdibuja bajo mis pies……. De asimilar en la distancia mi propia realidad y sentirme vivo, sentir que formo parte del entorno… Experimentar la indescriptible sensación de que eres un elemento más integrado en la inmensa llanura del desierto, en la grandiosidad de las montañas o en los caminos que se bifurcan en la distancia…. Simplemente correr libre de ataduras, exprimiendo la vida en cada metro que se avanza…

Correr sabiendo que nunca alcanzarás esos lugares lejanos en la distancia y en el tiempo, enmarcados a fuego en la retina,  pero esa misma impotencia te inspira y te da fuerzas para seguir corriendo más lejos… Más allá… Seguir corriendo de forma instintiva, inducido por un impulso totalmente primario, dejándote llevar en busca de ti mismo a través de senderos sin final conocido…

Autor: Carles Aguilar

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