el Sam Laidlow más libre llega a Niza

Este domingo se disputa en Niza una nueva edición del Campeonato del Mundo de IRONMAN. Será la tercera consecutiva en la ciudad francesa, y última, tras el anuncio de volver a unir hombres y mujeres en Kona en 2026.

Entre los favoritos, vuelve a aparecer un nombre conocido: Sam Laidlow. Campeón en 2023, el francés llega con menos presión que nunca y un mensaje claro: «ya he ganado. No tengo nada que demostrar».

Hace dos años, Laidlow se impuso con autoridad en un circuito que parecía hecho a su medida. Lo hizo como uno de los grandes favoritos, tras haber sido segundo en Kona 2022, y con la presión añadida de correr en casa.

Pero respondió como lo hacen los campeones: liderando desde el segmento ciclista y aguantando el empuje final de Patrick Lange. Aquel día lo cambió todo. Se convirtió en el campeón más joven de la historia de IRONMAN y firmó, por fin, la victoria que llevaba tiempo persiguiendo.

Desde entonces, su carrera ha sido una montaña rusa. En 2024 vivió una temporada irregular, marcada por una descalificación en Vitoria y una polémica clasificación al Mundial.

Y 2025 comenzó todavía peor: sin apenas poder entrenar, arrastrando síntomas de fatiga crónica que más tarde se confirmarían como una reactivación del virus Epstein-Barr. Pero después llegaron Roth y Leeds. Y con ellas, la mejor versión de Laidlow. Más contenido, más inteligente, igual de ambicioso.

sam laidlow leeds
Foto: Getty Images for IRONMAN // Nigel Roddis

De la enfermedad a Roth: cómo volver cuando no sabías ni qué tenías

A principios de temporada, nada funcionaba. Sam no entendía por qué su cuerpo no respondía. Ni lesiones, ni gripe, ni sobrecarga. Hasta que, semanas después de ganar en Roth, le confirmaron lo que ya intuía: había sufrido una reactivación del virus Epstein-Barr. Lo que parecía cansancio era una fatiga real, acumulada, invisible. De esas que no te impiden salir a entrenar, pero te vacían por dentro.

«Creo que en Kona me pasé de rosca. Llegaba con los mejores números de mi vida, pero no estaba fresco». Esa fue su lectura de lo ocurrido en 2024.

Esta temporada optó por un enfoque distinto: más descanso, menos volumen y ninguna comparación con los modelos de moda. «Entrené una media de 10 horas y 40 minutos antes de Roth», reconocía. Lejos del estándar nórdico, pero suficiente para volver a ganar.

Y ganó. En la cita más mediática de Europa, ante rivales de primer nivel, con una maratón sólida y una carrera sin estridencias. Roth le devolvió la confianza. Lo sacó del agujero.

Y le enseñó que su cuerpo necesitaba menos épica y más medida. «Cuando no revientas en un IRONMAN, sueles estar delante. Y todas las veces que no he explotado, he ganado».

Desde entonces, ha vuelto a entrenar con cabeza. Ha dejado de mirar el volumen ajeno. Ha dejado de perseguir modelos que no le encajan. «No hay que compararse tanto. Nadie te conoce mejor que tú mismo». Esa frase no suena a tópico cuando viene de alguien que ha vivido la otra cara: la de sobreentrenarse, la de acumular sesiones por miedo a quedarse corto, la de entrar en un círculo que solo desgasta.

Leeds como validación y Niza como premio (aunque quiera repetir)

Después de Roth, aún quedaba un paso: sellar la clasificación para el Mundial. Tras la descalificación en Vitoria en 2024, IRONMAN no podía permitirse repetir el guion. Y Laidlow lo sabía. Esta vez no bastaba con ser campeón saliente: había que acabar una prueba de larga distancia. Y eligió hacerlo con contundencia. Victoria en IRONMAN Leeds, maratón en 2:41 y más de 14 minutos sobre el segundo clasificado.

Lo contamos entonces en Planeta Triatlón: Sam Laidlow ya no necesita favores. Fue algo más que una validación. Fue un cierre. Una manera de dejar atrás el episodio de 2024. De volver a hacerlo todo por méritos propios. Y de demostrar que su estado de forma no era circunstancial.

A nivel personal, Leeds también tuvo valor simbólico. La medalla se la entregó su abuelo, rodeado de familia, en una carrera sin contratiempos ni polémicas. La escena fue casi el reverso perfecto de Vitoria. El mismo triatleta, otro contexto. El mismo cuerpo, pero más ligero. No por kilos, sino por todo lo que ya no arrastra.

Ahora regresa a Niza con una idea muy clara: repetir victoria sería increíble, pero no le define. «Creo que este año habrá que correr en ocho horas para ganar. Hay mucho nivel. Pero si llego entero, puedo hacerlo». Lo ha dicho sin estridencias, sin forzar épica, porque este Sam Laidlow no necesita titulares. Solo necesita llegar fresco. Y si lo hace, sabe que puede volver a ganar.

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