A sus 42 años y con más de una década en el triatlón profesional, Cameron Wurf llega al Campeonato del Mundo de IRONMAN en Niza con la certeza de que pocas veces ha tenido una oportunidad tan a medida.
El australiano, que combina su carrera en la larga distancia con un contrato activo como ciclista en el Ineos Grenadiers, se ha pasado el verano encadenando volúmenes imposibles en Andorra.
Y no lo hace para llegar fino, sino para llegar preparado para sufrir. Porque en este circuito, sostiene, nadie se va a esconder: «Si quieres esperar al maratón, te vas a encontrar a 20 minutos de los primeros».
«Este circuito está hecho para mí»
Wurf lo tiene claro: el perfil de Niza es el mejor aliado para quien no quiere especular. «Aquí nadie va a tener una carrera fácil», asegura.
La razón es sencilla: los más de 2.400 metros de desnivel en los 180 kilómetros de ciclismo obligan a entrar a fondo desde el primer kilómetro. «Si reservas en bici, te vas a quedar muy lejos. Es un recorrido para sufrir, para pelear desde el principio. No es como en Kona, donde se puede jugar más al grupo y esperar al maratón. Aquí, si haces eso, ya es tarde».
El australiano lleva años afinando su carrera a pie para poder aguantar tras sus exhibiciones en bici, y se siente preparado: «He corrido maratones duros este año después de reventar el segmento ciclista, y aun así he podido mantener el ritmo. Eso es lo que me da confianza. El recorrido no te va a regalar nada. Si no sabes bajar, lo pagas. Si no sabes subir, lo pagas. Y si llegas sin piernas al puerto, no te salvan ni las bajadas».

Aunque reconoce que no es un gran nadador, ha trabajado específicamente el aspecto técnico y asegura estar más cerca que nunca de salir en los grupos que realmente cuentan: «No necesito entrenar más, necesito nadar mejor. Y eso es técnica, concentración. Este año he metido mucho trabajo ahí, y creo que se va a notar».
El factor sorpresa y la presión para los otros
Lo repite varias veces: si tuviese que diseñar un Mundial perfecto para sus características, sería este. Por eso ha mantenido su enfoque habitual: volumen, dureza, cero tapering convencional.
A siete días de la cita, seguía firmando sesiones de ocho horas con más de 4.000 metros de desnivel. «Sé que mucha gente piensa que estoy loco. Pero yo no busco picos de forma, busco estar siempre en forma. Y eso implica asumir riesgos. El verano ha sido una barbaridad de carga. Pero me siento fuerte, me siento rápido. Y me siento más corredor que nunca».
Con respecto a sus rivales, Wurf no escatima elogios, pero lanza una advertencia: «Aquí no hay grupo que te lleve en bici hasta la T2. Si no tienes motor, no llegas. Y si tienes motor pero te has escondido todo el año, puede que no te sirva. Algunos han hecho carreras muy estratégicas. Aquí hay que jugársela».

Entre los nombres que destaca está Gustav Iden: «Es el más completo. Escala, baja, corre, nada. Tiene técnica y cabeza. Es el que más miedo me da».
De Blummenfelt, sin embargo, espera algo más: «Creo que se ha reservado todo el año. Ha hecho carreras cómodas, guardando para correr fuerte. Pero en Niza no se puede guardar. Me gustaría verle sufrir, apretar, tomar riesgos. Si lo hace, claro que puede ganar. Pero si no, lo va a tener muy complicado».
Wurf sabe que no es el favorito, pero también sabe que nadie quiere verle delante a 60 km de meta: «Si estás en un Mundial y ves que tengo a tiro la cabeza, sabes que va a tocar remar. Y duro. Porque si algo tengo, es que nunca voy a dejar de tirar. Eso te lo garantizo».
