Guillem Montiel está a punto de enfrentarse al mayor reto de su carrera. El triatleta catalán, vigente campeón de Europa de media distancia, debuta este sábado en la T100 de Oropesa del Mar.
Lo hace como wildcard, sin contrato ni experiencia previa en este circuito, pero con una convicción firme: esta puede ser la carrera que lo cambie todo.
Una llamada que lo cambia todo
Fue Iñaki Arenal quien le dio la noticia. «Me envió un mensaje por WhatsApp, porque era él quien me puso en la waitlist, pero no puede decidir si voy o no, es la PTO quien elige a cada persona. Me lo comunicó y la verdad es que fue más que alegría: fue como quitarse un peso de encima, como una meta más por cumplir en la lista de deseos. Fue un momento de tranquilidad más que de euforia».
A partir de ese instante, el embajador de Crown Sport Nutrition supo que tenía ante sí algo más que una carrera. Era una puerta que se abría por primera vez.
El contexto no puede ser más exigente. En la start list masculina figuran los ganadores de nueve de las diez pruebas del año: Hayden Wilde, Jelle Geens, Rico Bogen, Mathis Margirier, Vincent Luis…

Todos llegan con victorias, experiencia y un lugar ya consolidado en el circuito. Para Guillem, será su primera vez en una prueba donde todos los rivales están, literalmente, al mismo nivel. «Sinceramente, nunca he estado con otros 19 rivales del mismo nivel que yo. Siempre ha habido bastantes diferencias con mis rivales, a lo mejor había dos o tres con quien podía pelear, pero esta vez son todos».
En ese escenario, Montiel no se plantea estrategias cerradas. No tiene un plan predefinido ni una expectativa numérica. Tiene actitud.
«Habrá que tomar algún riesgo. Si hay que seguir a alguna persona se seguirá, si hay que tomar el mando de la carrera se tomará y si hay que cerrar huecos se cerrarán. No hay ningún complejo en el sentido de que el hecho de competir contra campeones del mundo, gente súper súper buena, pues me… me tiró la cabeza. Y no me iré para atrás en el momento de pasarlos o tomar la iniciativa».
De Andorra a Oropesa
Su preparación ha seguido una lógica distinta a la habitual. Tras una concentración en altura junto a Roger Manyà, ha trabajado la explosividad, la fuerza y los cambios de ritmo cortos.
«No metí tres de treinta minutos ningún día ni mucho menos. Fue más trabajo de fuerza y de cambios muy muy muy cortos, a mucha potencia». El resultado, por ahora, son buenas sensaciones… pero también cierta incertidumbre. «Me han dejado buenas piernas, buenas sensaciones, pero un poco con la incógnita de cómo se va a traducir esto en competición».
Manyà, que compartió entrenamientos en Andorra, lo confirmaba días después: «Volvimos los dos como tiros. Hemos medido todo y la mejora está ahí. En mi caso ha sido de más de un 3 % real. Y eso, en un triatlón de larga distancia, se nota muchísimo».
Para Guillem, esta semana de descarga debe ser el ajuste final. «La semana pasada iba bastante jodido de energías, y creo que esta semana, que ya es súper suave, va a haber una súper compensación muy buena. Ya verás cómo el sábado va a ser un gran día».
A nivel deportivo, llega con confianza. Su rendimiento en 2025 ha sido excelente. Ganó en Zarautz, en Pamplona y en TriXilxes. En tierras navarras, en el Campeonato de Europa, su actuación fue de manual: aguantó el ritmo de Stojanovic en el agua, rompió la carrera con más de 370 vatios en subida y se bajó a correr con seis minutos de ventaja. Pese a una molestia en el gemelo, supo gestionar el esfuerzo y cruzar la meta con autoridad.
Ahora, con todo por demostrar en la T100, se aferra a una idea: competir al nivel que ha mostrado en los entrenamientos. «Con rendir a mi nivel real y no tener ni molestias ni dolor, ya me conformo. No sé si eso se va a traducir con un top 10, un top 20, un top 6… no lo sé. Ya lo veremos. Pero el objetivo es competir como he entrenado. Si fuera así, tendría que sacar los mejores números tanto en bicicleta como en carrera. Y espero que así sea».
La oportunidad está ahí. Oropesa no es solo una carrera: es el escenario donde Guillem Montiel puede demostrar que está listo para quedarse.
