La inflamación es un término que, para muchos, se asocia inmediatamente con dolor, hinchazón y pérdida de función. Si acudimos a la RAE (Real Academia de la Lengua) inflamación, en su segunda acepción, se define como la alteración patológica en una parte cualquiera del organismo, caracterizada por trastornos de la circulación de la sangre y, frecuentemente, por aumento de calor, enrojecimiento, hinchazón y dolor.
Sin embargo, el experto en inflamación Pedro Carrera Bastos, en una entrevista en el canal «Coronamos la cima», da luz sobre este proceso desde una nueva perspectiva, mostrando su papel crucial en la salud y el rendimiento físico.
La inflamación: un proceso natural y necesario
Desde el comienzo, el experto aclara que “la inflamación no es necesariamente algo malo, sino un proceso fisiológico normal y totalmente necesario”. Esta respuesta natural del cuerpo ante agentes externos, como virus, bacterias o lesiones físicas, activa un conjunto de células inmunes, especialmente los leucocitos, para combatir la agresión.
“Sin una respuesta inflamatoria, nuestros ancestros no habrían podido sobrevivir a infecciones y traumas. La inflamación permite que el cuerpo vuelva a su estado de equilibrio, o homeostasis”.
El límite temporal de la inflamación
Según Bastos, la inflamación se convierte en un problema cuando no se autolimita y persiste en el tiempo. “Una vez cumplidos sus objetivos, este proceso debería finalizar,” explica. Si esto no ocurre, la inflamación puede volverse crónica, comprometiendo la salud y la supervivencia.
En términos deportivos, esta inflamación crónica puede interferir con la recuperación y el rendimiento, afectando a múltiples sistemas del cuerpo.

La inflamación crónica y de bajo grado
Este tipo de inflamación es más insidiosa y menos evidente que la inflamación aguda. Bastos describe cómo “la inflamación crónica de bajo grado puede aumentar el riesgo de enfermedades infecciosas y autoinmunes.” En este caso, el sistema inmune permanece constantemente activado, lo que debilita la tolerancia del organismo frente a posibles patógenos y aumenta el riesgo de enfermedades de tipo autoinmune.
Además, este tipo de inflamación se ve exacerbado por factores de estilo de vida, como el estrés y la mala alimentación. Aquí entra en juego el rol de los profesionales de la nutrición, ya que ciertas intervenciones dietéticas pueden ayudar a controlar esta inflamación.
La obesidad: un factor clave en la inflamación
En el ámbito del rendimiento deportivo y la salud, la obesidad es un factor determinante en la inflamación crónica. Bastos detalla cómo el aumento del tamaño de las células de grasa, especialmente en la región visceral, crea un ambiente inflamatorio en el cuerpo.
“Cuando el número de adipocitos crece o su tamaño aumenta, se generan áreas de hipoxia (falta de oxígeno) que activan a los macrófagos y otras células inmunes, desencadenando una respuesta inflamatoria que puede ser sistémica,” explica. Esto, a su vez, puede llevar a complicaciones en el rendimiento físico y en la recuperación.
La nutrición: una herramienta para controlar la inflamación
Para el experto, los nutrientes tienen un rol crucial en el control de la inflamación. Uno de los componentes más estudiados son los ácidos grasos omega-3, presentes en alimentos como el pescado. “Estos ácidos grasos no solo inhiben rutas inflamatorias, sino que también inducen la resolución de la inflamación,” comenta en el vídeo.
Estudios en personas con artritis reumatoide han demostrado que el omega-3 puede reducir signos y síntomas inflamatorios. Además, Pedro Bastos recomienda una dieta rica en frutas, verduras y fibra, que también incluye prebióticos beneficiosos para la microbiota intestinal, fundamental en el equilibrio inflamatorio.

Actividad física y bienestar integral
El estilo de vida activo es otra de las claves que Bastos menciona para mantener una inflamación bajo control. El ejercicio físico regular, tanto de resistencia como de fuerza, ayuda a reducir la grasa visceral y a mejorar el estado de salud general.
Bastos también sugiere prácticas como el yoga, la meditación y el contacto con la naturaleza para manejar el estrés, otro factor que puede desencadenar inflamación. “Pasar más tiempo en espacios verdes no solo contribuye a controlar el estrés, sino que también fomenta la actividad física,” señala.
La inflamación, lejos de ser un simple enemigo, es un proceso esencial para la recuperación y el equilibrio del organismo. Sin embargo, cuando se vuelve crónica, se convierte en un factor de riesgo importante tanto para la salud como para el rendimiento físico. Según Bastos, aprender a manejar y reducir la inflamación a través de una buena nutrición, ejercicio físico y manejo del estrés es fundamental para mantener el cuerpo en óptimas condiciones.
