La historia de Marieke Vervoort es una de las más duras que hemos contado jamás. Os recordamos que esta belga de 40 años era una deportista paralímpica que en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 logró tres medallas: oro en 100 metros lisos y plata en 200 y 400. En 2015 logró además proclamarse Campeona del Mundo en Doha con récord en los 100, 200 (con una marca de 35,9 segundos que la dejó a sólo dos centésimas del récord europeo) y 400 metros. En Río 2016 volvió a vivir sus segundos Juegos Olímpicos y se alzó con una nueva medalla en los 400 metros.
Además, antes de centrarse en el atletismo, practicó el triatlón hasta que en 2008 físicamente ya no le fue posible. Fue finisher del Ironman de Hawaii, prueba que disputó en 2007, y llegó a participar en dos pruebas ITU a lo largo de 2006 y 2007: una prueba celebrada en Hamburgo correspondiente al Campeonato del Mundo, que ganó, y otra en Laussane en la que era la única participante en su categoría.
Cuando apenas tenía 14 años, los médicos le diagnosticaron una tetraplejía progresiva incurable, que la postró hace unos años en silla de ruedas y que fue empeorando su estado de salud día a día durante todo este tiempo. La tetraplejía progresiva es una parálisis que elimina la movilidad de las cuatro extremidades y el torso. La enfermedad de Vervoort empezó en su Aquiles y supuestamente se originó por una rara deformidad entre su quinta y sexta vértebra cerebral.
En agosto de 2016 Marieke Vervoort expresó su deseo de acabar con su vida tras la disputa de los Juegos Paralímpicos recurriendo para ello a la eutanasia, que en Bélgica es legal desde 2012: “Río es mi último deseo, espero acabar mi carrera con un podio. Comienzo a pensar en la eutanasia”.
En septiembre, Marieke Vervoort, apodada «Wielemie», había realizado su último deseo rodando a bordo de un Race Lamborghini Huracan Evolution en el circuito de Zolder. «Pude realizar muchos sueños. Éste es el último», declaró.
Su deterioro desde Río 2016
El deterioro físico de Marieke Vervoor fue un hecho desde que terminaran los Juegos Olímpicos de Río 2016. Su despedida de la competición fue en paralelo con un agravamiento cada vez mayor de su salud. Estaba paralizada hasta el pecho, perdiendo la vista, con espasmos terribles, no podía dormir más de cuatro horas seguidas y apenas podía comer. Tenía un corazón fuerte, pero la medicación para el dolor ya no le hacía nada en el Hospital Universitario de Bruselas, donde se encuentra ingresada.
«No quiero sufrir más, esto es muy difícil para mí, cada día estoy más deprimida. Nunca he tenido estos sentimientos, pero no puedo más».
Una eutanasia que llevaba pidiendo desde 2018
Marieke Vervoort dejó bien claro que cuando llegara su momento, cuando el dolor superara los límites humanos, pondría fin a su vida. Para ello, en 2018, la atleta belga cumplió con todos los requerimientos legales para llevarlo a cabo y dos médicos dieron el visto bueno para proceder con su petición.
Su decisión era firme ya en 2018. Solo quedaba poner fecha a ese terrible día porque nadie, que no fuera la propia Marieke Vervoort, quería que llegara ese momento: «Es muy difícil conseguir una fecha, siempre que les hablo, me dicen: ‘¿Estás segura, Marieke? ¿Realmente estás segura?’».
Pero ese día llegó. Su muerte fue anunciada este martes por el burgomaestre (alcalde) de Diest, la ciudad donde residía en Flandes. Una historia durísima de una mujer que ha hecho del deporte su válvula de escape al dolor y que esta semana ha decidido poner fin a tanto dolor.


