Swiss Side ha decidido plantar cara a la UCI. Lo ha hecho con una carta abierta que pone sobre la mesa una cuestión que va más allá de la profundidad de una llanta: el modo en que se toman las decisiones técnicas que afectan a toda la industria ciclista.
El detonante ha sido el anuncio, en junio de 2025, de un cambio en la normativa que limitará la altura máxima de llanta a 65 mm en competiciones UCI a partir del 1 de enero de 2026. Una decisión que, para la firma suiza, carece de base científica suficiente, llega con un margen de tiempo «inaceptable» y amenaza con invalidar años de inversión.
La polémica estalló apenas dos semanas antes del lanzamiento oficial de la nueva HADRON³ Ultimate 680, una rueda con 68 mm de perfil, presentada coincidiendo con la Gran Salida del Tour de Francia en Lille y que Sam Laidlow utilizó en su victoria en Challenge Roth de hace unos días.
Según la carta firmada por Jean-Paul Ballard, CEO y cofundador de Swiss Side, enterarse por la prensa de una medida que afecta directamente a su nuevo producto supuso «un golpe inesperado y extremadamente costoso». No solo por la imposibilidad de comercializar la rueda en pruebas UCI, sino por la inversión de más de dos años y medio en desarrollo, que incluye fases de investigación de mercado, simulaciones CFD, ensayos en túnel de viento, producción de prototipos, homologación y fabricación final.
Un proceso que, según la marca, supera las seis cifras y necesita al menos cuatro años para ser amortizado.
Swiss Side no discute el objetivo de mejorar la seguridad de los ciclistas, pero sí cómo se ha llevado a cabo este cambio. En su carta, expone que las pruebas realizadas durante más de una década muestran que el momento de giro —la fuerza que el ciclista siente en el manillar con viento cruzado— depende mucho más del ancho del neumático, el dibujo de su banda de rodadura o la geometría del cuadro, que de la profundidad de la llanta.
De hecho, argumentan que un diseño profundo, bien resuelto, puede ofrecer mayor estabilidad gracias a su mayor inercia rotacional y mejor afinación aerodinámica. Para demostrarlo, han incluido análisis comparativos entre ruedas de 50, 60 y 68 mm, todas con neumáticos de 28 mm, utilizadas actualmente en el World Tour.
Una petición de gobernanza técnica inclusiva
Más allá de la cuestión técnica, Swiss Side lanza un dardo directo a la gobernanza de la UCI. La carta critica que un cambio normativo con un impacto tan amplio haya sido adoptado de forma unilateral y con apenas seis meses de margen.
«Esta decisión, sin un impacto justificado, cuantificable y significativo sobre la seguridad, afecta negativamente a toda la cadena de suministro y, en última instancia, al consumidor final», aseguran. Según la firma helvética, los equipos —tanto profesionales como amateurs— se verán de pronto con material que puede no ser legal en competición. Y eso, en un sector donde cada detalle técnico cuenta, es más que una molestia: es una amenaza directa al modelo de negocio de muchas marcas.
Swiss Side subraya que la industria ciclista es una de las pocas donde conviven tantas marcas y tanta innovación constante, y que decisiones de este tipo pueden comprometer esa diversidad.
Por eso, la carta no se limita a una queja. Es una llamada a un cambio estructural. Pide que la UCI incluya a los fabricantes, ingenieros y expertos independientes en los procesos de decisión sobre regulaciones técnicas. Y solicita, de forma explícita, que se reconsidere la entrada en vigor del límite de 65 mm, o bien se retrase al menos hasta 2027.
«El ciclismo se financia con los consumidores que compran los productos», recuerda Ballard en el tramo final del texto, como aviso de que una decisión tomada desde el vértice puede tener consecuencias en toda la base de la pirámide. Para Swiss Side, lo que está en juego no es solo una rueda de 68 mm, sino el equilibrio entre seguridad, innovación y sostenibilidad industrial.
