Sam Laidlow: ¿y ahora qué?

Hace apenas unos meses, el cuerpo de Sam Laidlow dijo basta en plena carrera. Fue en Kona, donde el que fuera Campeón del Mundo de IRONMAN en 2023 se apagó por completo tras un inicio demoledor.

Desde entonces, no había vuelto a competir, renunciando a una participación en Challenge Sir Bani Yas que tenía pactada. Challenge Roth 2025 era su primera aparición tras aquel colapso, y no llegaba precisamente con garantías. Venía tocado, con poco entrenamiento y muchas dudas.

Aun así, ganó.

Sam Laidlow cruzó el domingo la meta en 7:29:35 tras una carrera medida al milímetro, en la que terminó corriendo el maratón en 2:37. Fue su regreso. Pero también fue otra cosa: un experimento. Una prueba interna para decidir si seguía compitiendo esta temporada o si lo dejaba todo hasta 2026. Roth, dijo él mismo, iba a ser su punto final… o su reinicio.

De la confusión a la remontada

El de Canyon no solo ganó en Roth. Lo hizo con una carrera estratégica, donde por momentos ni siquiera sabía en qué posición estaba. «Fue una carrera muy, muy confusa, porque durante toda la bici pensaba que iba primero», explica. «Me daban referencias de Jonas y pensaba que me estaba recortando, así que empecé a aflojar para que me alcanzara. Cuanto más levantaba el pie, más lejos quedaba de él».

Esa sensación de desorientación se alargó más de lo esperado. «En un giro me lo crucé y pensé que había recortado el recorrido. No entendía nada. Estaba convencido de que era yo quien iba en cabeza».

sam laidlow
Foto: Challenge Roth

Cuando por fin comprendió la situación real, decidió centrarse en lo que tenía que hacer. «No me sentí bien al principio del maratón, pero me centré en mi rendimiento y en hacer todo lo posible. Fue justo suficiente. Pero tuve que escarbar muy, muy profundo».

La estrategia, el cuerpo y lo que viene

La preparación no había sido brillante. Venía de meses irregulares, sin apenas carga de trabajo y con la amenaza constante de dar por cerrada la temporada. «Hace cuatro semanas escribí a mi padre, a mi médico y a todo el equipo para decirles que no iba a correr», reconoce. «Ellos me convencieron para usarla como prueba. Esta carrera iba a decidir si seguía compitiendo este año o no».

En ese contexto, su victoria fue más cabeza que piernas. «No estaba en forma ni había entrenado mucho, así que puse el foco en todos los detalles pequeños: el core, la nutrición, todo. No dejé ningún cabo suelto». Y aunque el resultado acompañó, lo que más valora el último ganador en Niza es lo que aprendió sobre sí mismo y sobre cómo se compite hoy en día.

«Ahora hay dos formas claras de afrontar estas carreras», analiza. «Una es la que seguimos Magnus, Jonas y yo, donde se aprieta mucho en bici y luego se corre a unos 3:45 por kilómetro. La otra es la de Blummenfelt, los noruegos y Patrick, que esperan en el grupo y luego corren muy, muy rápido».

Él no renuncia a ninguna de las dos. Más bien parece estar buscando el equilibrio. «Sería interesante probar un día a rodar en grupo y ver cuánto puedo correr», reconoce. «No soy de esos ciclistas que luego no pueden correr, pero tengo que encontrar un equilibrio entre ambas estrategias».

El francés tiene ya la vista puesta en Leeds, donde debe validar su plaza para volver al Campeonato del Mundo de IRONMAN. Será en tres semanas.

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